Apéndice 2: La covada

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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La covada es el término utilizado en antropología para reflejar la costumbre de que el padre, una vez que su mujer ha dado a luz, se acueste en el lecho con el hijo y reciba las felicitaciones de quienes le visitan mientras la recién parida prosigue con sus quehaceres habituales y atiende a las visitas y a su marido e hijo.

Esta costumbre ha sido repetidamente atribuida a los vascos, entre otros varios pueblos[1]; sin embargo tal atribución parece tener su origen en una erudición libresca más que en hechos comprobados. Ello ha motivado una polémica entre defensores y detractores en la que han tomado parte numerosos autores desde el siglo XIX, que en demasiadas ocasiones han recurrido a las informaciones escritas por sus antecesores sin probar la validez de tales aseveraciones.

La fuente original, citada profusamente, la constituye un fragmento de los textos de Estrabón. El geógrafo griego atribuyó esta práctica a los cántabros: "... éstas [las mujeres] se encargan de cultivar la tierra y, apenas han dado a luz, cuidan a sus maridos, acostándolos en sus lechos en vez de acostarse ellas mismas. Incluso, mientras están trabajando, van a ponerse en cuclillas al borde de un arroyo para dar a luz y después ellas mismas lavan al recién nacido y lo envuelven en pañales"[2].

A comienzos del siglo XIX Zamácola escribió, recordando el texto de Estrabón: "... estas mugeres apenas parian se levantaban de la cama, mientras que el marido se metia en ella con el chiquillo, como hace aun muy poco tiempo que sucedia en muchas regiones de la Cantabria, porque era un deber de la naturaleza y una costumbre entre los Bascos, que el primer sudor ó abrigo que recibiera el niño fuese el de su padre, para identificarlo con los humores y espíritu de sus genitores"[3].

Tal y como recoge Caro Baroja "este párrafo del historiador vizcaíno, que no se distinguía demasiado por su rigor, fue cogido al vuelo por otro fantaseador con talento, A. Chaho, y desde entonces ha servido de base para una considerable cantidad de afirmaciones categóricas acerca de la covada entre los vascos, aunque casi nunca se cite de primera mano". Aún así este autor consideraba que el texto de Zamácola debía tenerse en cuenta, siempre con cierta reserva, y no creía que las encuestas negativas más recientes tuviesen la categoría de "última palabra". Según el mismo la covada pudo existir hasta el siglo XVIII[4].

La última fuente a la que se recurre como apoyatura de la covada entre los vascos es la encuesta que a principios del presente siglo realizó el Ateneo de Madrid[5]. Entre los datos que aporta al tratar la cuestión de la situación del padre en el momento del parto figura el siguiente, procedente de la localidad vizcaina de Gernika: "Antiguamente existió en este país la covada, pero ya ha desaparecido en absoluto"[6]. La primera parte del enunciado de esta respuesta se limita sin más a afirmar la existencia en tiempos pasados de la covada sin explicitar los documentos o materiales en que fundamenta tal aseveración que, según se desprende, procede de fuentes escritas. Lo único cierto es que en la información recabada en la época en que se hizo la encuesta (1901) no se encontró ni rastro de la covada.

La encuesta del Ateneo sí recoge alguna información atribuida a la covada, de dudoso parentesco con ella a nuestro juicio, procedente de Asturias y de las islas Baleares y Canarias.

En el concejo asturiano de Caso se recogió de un médico que ejerció en dicha localidad una costumbre según la cual debido a que la parturienta se incorporaba pronto a sus tareas habituales no podía atender siempre a la criatura cuando ésta lloraba, y entonces el marido se metía en la cama para darle calor al recién nacido hasta que viniera la madre. Excepcionalmente algunos padres han dado el pecho (en cursiva en el original) a los niños para cortar el llanto[7].

En la encuesta de Palma de Mallorca señalan que allí no existía la covada pero que sí existió en Ibiza, "reminiscencia sin duda de vascos y celtas". Indican que en la vecina isla de Ibiza "se ve muy marcada la covada" y aportan como testimonio probatorio que tan pronto como se presenta el parto el marido se mete en la cama con la mujer, tomando tazas de caldo como ella, y colocando al recién nacido entre los dos[8].

Los datos de Santa Cruz de Tenerife relativos al "sorrocloco" son los que muestran, a nuestro parecer, cierto parentesco con la covada. Esta encuesta advierte que antaño fue bastante general en Canarias, y en Fuerteventura y Lanzarote hasta el primer tercio del s. XIX, que los maridos durante el puerperio de las mujeres se constituyeran en estado de "sorrocloco" que consistía en permanecer en cama mientras lo estuviera la parida haciéndose atender y servir como a ella. A finales del siglo pasado los maridos ya no se acostaban de esta guisa pero continuaban haciéndose agasajar al igual que sus mujeres paridas, las mismas veces y durante el mismo número de días. En Fuerteventura a principios de siglo estaba vigente la costumbre de que durante el puerperio el jefe de familia recibiera las visitas, lo que el encuestador interpreta como reminiscencia de la anterior costumbre[9].

Volviendo a la cuestión de la covada entre los vascos, de lo expuesto y de la abundante bibliografía sobre el tema no se prueba que tal costumbre haya existido en nuestro pueblo, más bien hasta la fecha la hipótesis que habría que sostener es la contraria. En el cuestionario planteado por Barandiarán que ha servido para la elaboración del presente tomo, ni siquiera se plantea la pregunta de su existencia. Teniendo en cuenta que dicho cuestionario lo redactó su autor atendiendo a las investigaciones teóricas y los datos de las informaciones de campo recopiladas por él mismo y en épocas anteriores, tal ausencia resulta sintomática del escaso valor que se les atribuía. Algunos de nuestros investigadores actuales han formulado a sus informantes la pregunta sobre la covada y las respuestas han sido negativas no sólo para su tiempo sino también para el que alcanza su memoria.

El estudio más completo que se ha realizado al respecto procede de uno de los detractores de la covada, Justo Gárate, a cuyo extenso artículo remitimos[10].


 
  1. La Enciclopedia Británica, en una edición tan reciente como la de 1993, sigue afirmando al tratar la voz couvade que: "In both ancient and recent times the full couvade has been observed on all continents and has been reported as recently as the early 20th century in the Basque country and in Brazil".
  2. Estrabón, III, 4, 17. Véase Santiago SEGURA. Mil años de historia vasca a través de la literatura greco-latina. Bilbao, 1997, p. 82 (traducción castellana del propio autor).
  3. Juan Antonio de ZAMAGOLA. Historia de las naciones bascas. Tomo III. Auch, 1818, p. 47.
  4. Julio CARO BAROJA. Los Pueblos del Norte de la Península Ibérica. 3a ed. San Sebastián, Txertoa, 1977, pp. 210, 215 y 218.
  5. La encuesta del Ateneo prestó bastante atención a este asunto, la pregunta que planteaba era: `Justificación de la personalidad: si existe la covada o costumbre de permanecer el padre durante cierto tiempo en el mismo lecho que ocupan la madre y el hijo. Otras prácticas análogas, como la presentación pública del recién nacido por el padre, etc." (ICfl).
  6. EAM, 1901 (ed. 1990) I, 2, p. 662. La persona que proporcionó esta información fue Eugenio Zamora, que en el tiempo en el que se realizó la encuesta ejercía de médico en Gernika.
  7. op. cit., p. 659.
  8. op. cit., p. 664.
  9. op. cit., p. 665.
  10. Justo GARATE. "La covada pirenaica. Patrañas y fantasías" in Cuadernos de Sección. Antropología y Etnografia. N° 2. San Sebastián, 1984, pp. 7-148.