Custodia de los enseres

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Los elementos del ajuar de la sepultura o parte de ellos se guardaban en la iglesia o se traían de nuevo a casa. En este último caso, previamente, al ir a la iglesia, las mujeres llevaban todos los componentes (paños, soportes, cerillas y velas) en una cesta.

En algunas localidades, había en la misma iglesia un lugar destinado para la guarda. Ya a mediados del s. XVIII, según Arin Dorronsoro, en Ataun (G) se colocó un armario en la iglesia parroquial para guardar en él «las tablas en que las seroras ponen luz en las sepulturas»[1].

En Alboniga-Bermeo (B) tanto los paños como los candelabros, éstos protegidos en una bolsa negra, se depositaban en un banco con asiento abatible que hacía las veces de arcón y se encontraba en la parte zaguera de la iglesia, denominado atzeko bankue.

En Sara (L), según Arçuby, las velas junto con los libros y tapices se guardaban en unas pequeñas arcas, propiedad de la familia, que, tras los oficios religiosos, se dejaban junto a las paredes laterales de la nave de la iglesia[2].

En San Martín de Unx (N) los añales o hacheros se dejaban en la iglesia parroquial todos juntos, arrimados a la pared de la nave lateral izquierda. Sin embargo las «candelicas» (cabos del hachero) eran llevadas a la iglesia en una bolsa negra por una mujer de la familia, una vecina o una persona contratada al efecto.

Hachero de la parroquia. Salcedo (A). Fuente: Emilia Montoya, Grupos Etniker Euskalerria.

En Heleta (BN), los elementos de la sepultura se guardaban en la iglesia en los armarios reservados para tal finalidad, disponiendo cada familia de una llave de los mismos. En Gamarte (BN) y Hazparne (L) también quedaban en la iglesia bajo la custodia de la andere serora. En Ezpeize-Undüreiñe (Z) generalmente se dejaban en la iglesia, aunque en ocasiones, se llevaban a casa. En Barkoxe (Z) se guardaban en casa, en el cajón bajo del armario de la ropa, junto a los dos cirios.

En Armendaritze, Izpura, Lekunberri y Oragarre (BN), la cerilla, ezkoa, se llevaba a casa. El cirio pequeño, ezko ttipia, quedaba en la iglesia que contaba con unos pequeños armarios para guardarlos junto con los paños de la sepultura, enganchando en ellos un papel con el nombre de la familia o casa a la que pertenecían.

En Izpura (BN) y Urdiñarbe (Z) era la primera vecina la encargada de llevar y traer el cirio, ezkua, de la casa en duelo a la iglesia. En Izpura lo transportaba en un cestito, xaria, perteneciente a la casa del difunto. Esta obligación de la primera vecina, en Urdiñarbe, finalizaba al terminar el año de gran luto; en el siguiente año, correspondía a cada casa llevar su propio cirio a la iglesia. En Zunharreta (Z) sin embargo, la cerilla la llevaba a la iglesia la madre o la abuela; no las jóvenes. Finalizada la misa de difuntos la retornaban a casa.

Banco para guardar el ajuar de sepultura. Alboniga-Bermeo (B), 1976. Fuente: Anton Erkoreka, Grupos Etniker Euskalerria.

En Carranza (B) se ha constatado una doble tradición que también se conoció en otras localidades. Había mujeres que, terminada la ceremonia religiosa, se volvían a casa con la cesta conteniendo los paños, los candelabros y las velas, y otras que la dejaban en la iglesia, retirada en un rincón o en la sacristía.

En Artajona (N) portaba el cestillo con el «churro» o la cerilla y más modernamente los candeleros, la señora de la casa o la mujer más inmediatamente relacionada con el difunto. Las viudas lo llevaban personalmente tocadas con el mantón o medio mantón. Las señoras de casas ricas acudían acompañadas por una criada que era la portadora del canastillo con las ceras que serían colocadas en la sepultura de la casa mortuoria[3].

En San Román de San Millán (A), el hachero de la Cofradía del Rosario lo cuidaba la mujer encargada de ello, que a su vez hacía las labores de amortajadora y comadrona en la localidad.


 
  1. Juan de ARIN DORRONSORO. “Ataun. Toponimia de carácter religioso” in AEF, IX (1929) p. 51.
  2. A. ARÇUBY. “Usages mortuaires a Sare” in Bulletin du Musée Basque, IV 3-4 (1927) p. 23.
  3. José María JIMENO JURIO. “Estudio del grupo doméstico de Artajona” in CEEN, II (1970) p. 357.