El baile

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Se considera que el baile ha sido uno de los puntos de encuentro más importante entre los jóvenes por haber facilitado la relación entre sexos y haber constituido el lugar más apropiado para el galanteo, por lo que chicos y chicas han procurado siempre acudir al mismo vestidos con elegancia. De su importancia hacen mención la casi totalidad de las encuestas realizadas.

En Orozko (B) los bailes eran uno de los recursos utilizados para captarse la voluntad de un hombre o mujer. Los jóvenes acudían a ellos vestidos con sus mejores galas. Era común que salieran del caserío con albarcas y en las proximidades de la plaza se cambiasen de calzado llegando al baile con zapatos.

En Markina (B) las relaciones nacían generalmente en el baile que se hacía en la plaza, plazabarripea. Acudían a él además de los jóvenes del pueblo, otros de Berriatua y Ondarroa y en menor número de Lekeitio o Amoroto.

En Ajuria (Muxika-B) los jóvenes entablaban relaciones tanto en las romerías de las fiestas patronales de la propia localidad como acudiendo a las fiestas de los pueblos del contorno, jaietik jaietara. A finales de la década de los cuarenta comenzaron a desplazarse al baile de la cercana localidad de Zugastieta.

En Nabarniz (B) se encontraban en las romerías dominicales. Acudían, además de a las de la propia localidad, a las de los pueblos próximos de Gabika y Ereño. Unas tres veces al año se desplazaban a Gernika: el lunes de carnaval, el lunes de San Antonio y el primer o último lunes de octubre.

En Gatzaga (G) la fiesta dominical era sin duda alguna la ocasión más propicia para el acercamiento de los jóvenes de ambos sexos[1].

En Arrasate (G) los primeros encuentros entre jóvenes tenían lugar en las romerías que se celebraban a lo largo del año, entre las que destacaban Gesalibar, San Prudencio de Bergara, Patroxinio Eguna y San Josepe, y fuera de la comarca la de San Antonio de Urkiola.

En Valdegovía (A) los bailes dominicales organizados en las plazas públicas así como las romerías celebradas los días de las fiestas patronales fueron lugar de reunión para que los jóvenes se conocieran y establecieran relaciones. En Gamboa, Berganzo y Ribera Alta (A) los bailes también eran el momento en que mozos y mozas se relacionaban más íntimamente. En Urduliz (B) los contactos solían surgir en el baile. El chico invitaba a bailar a la muchacha y mientras estaban bailando hablaban sobre ello. En Aoiz (N) el chico aguardaba al momento de "el agarrao" para bailar con la chica y mostrarse simpático con ella. En Lekunberri (N) comenzaban la relación de noviazgo a partir de bailar juntos en las fiestas.

En Gamboa (A) mientras sonaba la música las mozas salían a bailar de dos en dos, momento que aprovechaban los mozos para fijarse en la que más les gustaba e intentar bailar con ella. Chicos y chicas se tenían que poner de acuerdo para pedir baile; normalmente uno de cada dos, un mozo y una moza, se tenían que sacrificar por sus respectivos amigos para que éstos pudieran bailar, si bien podía darse la coincidencia de que a ambos mozos les gustasen las dos chicas que bailaban juntas. Los chicos eran los que solicitaban permiso siguiendo la fórmula: "Por favor, ¿bailáis?", de ahí que pedir baile se llamase pedir favor.

En Salvatierra (A) las chicas solían formar pareja en el baile público. Era frecuente que un chico acompañara a su amigo para pedirles baile a la chica que les gustara y a su amiga. La amistad entre novios influía para que las novias respectivas también intimaran, y lo mismo sucedía cuando las amigas eran ellas.

En Bermeo (B) las chicas salían a bailar de dos en dos y los chicos acudían a ellas también en parejas. Se daban muchas "calabazas", ya que antes de la guerra las muchachas estaban muy solicitadas y, según cuentan, tenían muchas exigencias.

En Carranza (B) cuando comenzaba a sonar la música las chicas formaban parejas entre ellas. Si a un muchacho le interesaba bailar con una de las jóvenes deba acercarse a pedirle baile en compañía de otro, para que no quedara sola una de las chicas, de no proceder así no rompían la pareja.

En Elgoibar (G) las relaciones de pareja hasta mediados de siglo se iniciaban igualmente en el baile. Las chicas bailaban formando parejas entre sí hasta que dos chicos se les acercaban para pedirles baile. Cuando se encontraban a gusto seguían bailando pieza tras pieza, lo que llevaba a una mayor intimidad.

En Lezama (B) muchas veces el primer contacto era pidiendo baile. Siempre era el chico el que lo hacía; la muchacha, en corro con sus amigas o viendo cómo bailaban los demás, esperaba a que un chico, sobre todo el que a ella le interesaba, se fijase y le pidiese baile. Después entablaban conversación en la misma plaza a la vista de todos.

En Bermeo (B) en los años sesenta, en el área de baile existían zonas determinadas ocupadas por jóvenes de edades similares, de forma que las distintas cuadrillas de chicas ocupaban siempre el mismo lugar de baile. De esta manera, los muchachos sabían a ciencia cierta qué lugares frecuentar según su interés por determinadas chicas.

En Mendiola (A) el aprecio que un hombre sentía por una mujer se manifestaba sobre todo bailando, "sacar a bailar" se decía. Si ella rechazaba la invitación no podía aceptar bailar a continuación con ningún otro mozo, por respeto a quien negó el baile. Es más, cuando un hombre recibía una negativa advertía a la moza que tuviera mucho cuidado con ceder el baile a otro. En Izal (N) si la chica no quería corresponderle sólo bailaba una o dos piezas musicales por cumplir. Posteriormente no hacía caso al chico, pero nunca le despreciaba.

En Gamboa (A) regía la costumbre por la cual las mozas estaban casi obligadas a bailar con el muchacho que se lo pidiese o de lo contrario podían quedar en mal lugar. Por otro lado si un mozo se acercaba a una pareja que estaba bailando y pedía bailar con ella, el primero de los chicos debía retirarse y dejar su puesto al nuevo peticionario; la moza tampoco podía negarse. Esta norma no regía en el caso de que quienes bailasen fueran novios. En alguna ocasión si el novio no quería bailar o estaba ausente, permitía que otro mozo bailara con su novia.

En San Martín de Unx (N) dicen que el enamoramiento o "encaprichamiento" surgía la mayoría de las veces de modo espontáneo y directo y que se lo hacía ver el hombre a la mujer en el baile, mediante arrimo o mediante piropos. También dicen que "en el baile te encaprichabas de una moza y le cucabas el ojo". Cucar el ojo era asimismo la señal secreta usada por las mozas para hacerle ver al mozo de su gusto que no querían seguir bailando con su pareja y que pidiera el cambio.

Desde la introducción de las salas de baile, a finales de los sesenta, chicas y chicos acuden con sus respectivas cuadrillas o más raramente en cuadrillas mixtas. Una vez dentro, las tomas de contacto se realizan pidiendo baile a las muchachas sentadas o simplemente entrando en los grupos de chicas que bailaban suelto, ya que la costumbre de bailar las chicas de dos en dos se ha perdido.


 
  1. Pedro Mª ARANEGUI. Gatzaga: una aproximación a la vida de Salinas de Léniz a comienzos del siglo XX. San Sebastián, 1986, p. 108.