El cadáver en la estancia principal

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Cuando comenzó a ser general el introducir de inmediato el cadáver en el ataúd, éste se colocaba en la propia habitación mortuoria. Para ello se retiraban o desmontaban la cama, las mesillas, y el mobiliario que pudiera estorbar. En algunos lugares se ponían sillas para la gente que acudía a realizar la visita mortuoria.

Para su mejor prestancia se hacía reposar la cabeza del difunto en una almohadilla (Aramajo, Mendiola-A, Mélida-N, Azkaine-L, Urdiñarbe-Z). Este cojín llamado burupekoa en Irulegi (BN) y bururdia en Azkaine (L) llevaba una cruz bordada y estaba relleno de hojas de laurel bendecido (Baigorri-BN, Irulegi-BN), de hojas de boj (Itsasu-L) de hierbabuena, belarrona (Zerain-G), de lana (Izpura-BN) o viruta (Artziniega-A).

Es posterior la costumbre de poner el ataúd en una estancia preparada a tal efecto, generalmente el comedor, la sala o la entrada de la casa. En todas las localidades de Vasconia peninsular encuestadas se ha recogido con pequeñas variantes esta transición. En Aramaio (A) el ataúd se colocaba a la entrada de la casa, eskapeira; en Berastegi (G) en las dos últimas horas de permanencia en la casa a la entrada, sarrera, del caserío; en Aria (N) se exponía en el pasillo ancho de la casa, pasua, y en Garde (N) se bajaba a la entrada, ezkaratza.

Se recurría a todas las modalidades posibles para colocar el féretro. Así, en algunos lugares lo posaban en el suelo sobre una sobrecama (Apodaca, Berganzo-A), sobre una mesa (Amorebieta-Etxano-B, Ezkio-G, Lezaun y Mélida-N), sobre una mesa con un paño negro (Narvaja-A, Allo, Eugi y Murchante-N), sobre dos banquetas (Carranza-B, Hondarribia-G), sobre un par de sillas o en el suelo (Urnieta-G, Aria-N).

En Salcedo (A) la habitación donde se exponía el féretro se vestía de blanco. En Beasain (G) el carpintero disponía la habitación mortuoria colocando las luces y los caballetes donde posaba el ataúd y montaba una especie de dosel con un paño negro adornado.

En Urnieta (G) el decorar el lugar de la casa donde se exponía el cadáver fue una costumbre introducida por gente acomodada, a imitación de lo que ya se venia haciendo en las localidades próximas de Hernani y Donostia. Fue una innovación, al decir de los informantes, instalar estos altares, aldariak, en la casa mortuoria.

En Murchante (N) la habitación mortuoria se decoraba con paños negros de terciopelo con listas doradas. En algunas casas se acondicionaba la entrada de la casa o portalada, poniendo telas negras sobre las paredes y colocando el féretro sobre un catafalco.

En Ziga (Baztan-N), en la habitación del difunto o en la sala de la casa se colocaba el lienzo grande casero, olzako oiala, a modo de tapiz en la pared del fondo donde se iba a exponer el cadáver. Llevaba dos encajes paralelos a los lados, dos o tres cruces bordadas en negro. Dicho lienzo formaba parte de las prendas, ioiak, que aportaba la joven al entrar a ser dueña de una casa baztanesa[1].


 
  1. AEF, III (1923) p. 130.