El varal del carro de bueyes. Kirrin-karranka burkaman

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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El carro de bueyes, burdi o gurdi, fue empleado a modo de balancín en un juego en el que participaban simultáneamente un grupo de niños. Uno de ellos se sentaba a horcajadas en la lanza asido a las clavijas y los restantes se montaban en la caja y se encargaban de subir y bajar al anterior. Durante el juego se mantenían diálogos o se entonaban algunas canciones.

Este entretenimiento a diferencia de los anteriores, ha ido desapareciendo a medida que el carro de bueyes era sustituido por la nueva maquinaria agrícola.

En Aramaio (A) recibía el nombre de «Txutxurrutxuke», y «Txutxurrutxuka» en Elosua (G); en Durango (B) «Txintxin ala burduntxi»; en Zeberio y Gorozika (B) «Zezina ala urdaia»; en Bernedo (A) «El quiquiriquí», en Pipaón (A) «A María subiré» y en.Carranza (B) «A San Severino».

En Durango (B) tomaban parte en el juego chicos y chicas. Un niño se sentaba en el extremo del varal del carro y sus demás compañeros, colocados en la parte posterior del mismo, venciendo el peso del niño, lo elevaban en el aire. Teniéndole en esta posición le preguntaban: «Txintxin ala burduntxi?» El protagonista debía responder «Txintxin» si quería que le siguiesen preguntando y le bajasen. Al oír sus compañeros esta respuesta le volvían a interrogar: «Nogaz ezkondu?», esto es, ¿con quién te casarás? Entonces debía dar el nombre de uno de los dispuestos en la parte trasera del carro; le bajaban y el nombrado ocupaba su puesto.

En el varal del carro. Álava, 1949. Fuente: Iñigo Irigoyen, José. Folklore Alavés. Vitoria, Diputación Foral de Alava, 1949.

En la década de los veinte se dio a conocer otra versión denominada «Kirrin-karranka», según la cual se preguntaba al que estaba en el varal: «¿Urdaie ala zezine?», esto es, ¿tocino o cecina? Si el niño respondía urdaie, no le bajaban, para ello debía responder zezine[1]. Esta versión ha sido constatada también en Gorozika (B).

En Carranza (B) los chiquillos se valían del carro de bueyes cuando en el verano, para recoger la hierba seca, se le quitaban las cartolas y en su lugar se ponían los rejos. Un niño se sentaba a horcajadas sobre el extremo del tirón, de espaldas al resto de sus compañeros y agarrado a las cabillas. Los niños más pequeños se subían a la cama y asiéndose a los rejos permanecían allí. Los mayores se disponían en la trasera para subir y bajar con más facilidad.

Cuando el primero se había acomodado en el tirón, los mayores inclinaban el carro subiéndose por detrás. Al llegar la lanza a lo más alto, el niño se elevaba en el aire a causa de la inercia, por lo que debía agarrarse bien a las cabillas. Mientras le mantenían en lo alto, establecían el siguiente diálogo:

— ¿Qué pides?
— Vino.
— Para San Severino.
— ¿Qué pides?
— Pan.
— Para San Juan.
— ¿Qué pides?

El que estaba en la punta del varal podía contestar o no a esta última pregunta. Si lo hacía debía decir: «Tierra»; los demás le respondían: «Allá va», y bajándose del carro le dejaban caer.

Si no contestaba, los otros volvían a insistir: «¿Qué pides?». Si continuaba guardando silencio preguntaban por tercera vez y si se negaba a pedir tierra, en un momento de descuido dejaban que cayese. Cuando el niño que se montaba en el tirón era pequeño se le bajaba con suavidad para que no se lastimase.

A los chiquillos de Zeberio (B) no les dejaban acercarse a los carros y menos para jugar. Sin embargo, a la hora de la siesta aprovechaban para divertirse. Se reunía una buena cuadrilla que se colocaba en la parte trasera del carro, petoa, mientras que a uno de los pequeños se le sentaba en el varal, burkamea, agarrado a la clavija fija, larakoa. Después izaban la vara con el niño en la punta y cuando el peto tocaba el suelo le decían todos: «Zezine ala urdaie?». El elevado en el aire tenía que acertar lo que habían pensado los de atrás.

Si el de la punta decía «zezine», los demás le contestaban «sikitu» y le mantenían aún algo más de tiempo en la misma posición. Aun cuando dijera «urdaie» se le solía tener en lo alto para que rabiase.

Si los de atrás saltaban al suelo descendía bruscamente, pero no se solía hacer para que no se rompiese el varal y para que el niño sentado no se hiciese daño.

Cuando en Pipaón (A) los chiquillos divisaban en la era algún carro sin cartolas, aprovechaban la ocasión para jugar un rato, hasta que veían acercarse a su dueño con intención de reprenderles. Y es que no era para menos, pues siempre se corría el riesgo de romper el varal.

Una vez sentado el niño «a parranquetas» en la lanza y agarrado a la clavija, los demás, encargados de hacer contrapeso, le decían: «¿A María subiré?», a lo que contestaba el subido en el varal: «¡Súbame usted!». Una vez en el aire, lo mantenían en esa posición el tiempo que deseasen.

En Artziniega (A), el chiquillo, tras ser izado, debía resistir lo más posible mientras sus compañeros le gritaban: «Quiquiriquí, quiquiriquí...».

En Aramaio (A) se jugaba principalmente en primavera. Una cuadrilla de chavales se sentaba en la parte de atrás del carro, entre los palos (ezpata eta taketaren artean). A diferencia de las anteriores localidades, en el varal, agan, se sentaban a horcajadas, ankalatraban, varios niños: los más fuertes. Tras elevar el carro, mantenían izados a los chiquillos mientras duraba la siguiente canción:

— Txutxurrutxu mañe.
— Nun da atte jaune?
— Zeruetan jaune.
— Zetan zeruetan?
— Artuen karraiketan (o «Arta karaunek batzen») .
— Zetako artue?
— Olluendako.
— Zetako ollue?
— Arraultzie eitteko.
— Zetako arraultzie?
— Olatie eitteko.
— Zetako olatie?
— Abadiendako.
— Zetako abadie?
— Mezie emoteko.
— Zetako mezie?
— Aingerutxo bixen erdien ipiñi ta zerure juateko.
Txutxurrutxu mañe. / – ¿Dónde está padre? / –En los cielos, señor. / – ¿Qué hace en los cielos? / – Acarreando maíz (desgranando el maíz) / – ¿Para qué el maíz? / – Para las gallinas. / – ¿Para qué la gallina? / – Para poner el huevo. / – ¿Para qué el huevo? / – Para hacer la oblada. / – ¿Para qué la oblada? / Para dársela al cura. / ¿Para qué el cura? / – Para dar misa.– / ¿Para qué la misa? / – Para entre dos angelitos ir al cielo.

Iñigo Irigoyen[2] recogió, también en Aramajo, una versión prácticamente idéntica a la anterior. Tras elevar al niño sentado en la vara, los que hacían contrapeso daban leves golpecitos con la parte zaguera del carro en el suelo, lo que mantenía al elevado en el aire en un continuo movimiento y zozobra.

De la zona de Aranzazu-Oñati (G) conocemos otra versión de este juego:

— Txutxurrutxu.
— Zer dakotzu?
— Buruan miñ.
— Nok ein ddotzu?
— Aixarkuak.
— Aixarkua nun da?
— Bendipeian.
— Zetan?
— Zotza batzen.
— Zotza zetako?
— Sua eitteko.
— Sua zetako?
— Ura berokettako.
— Ura zetako?
— Olateitteko.
— Olatia zetako?
— Abariai emoteko.
— Abaria zetako?
— Mezia emoteko.
— Mezia zetako?
— Aingerutxo bixen erdixan zerura juateko.[3]
Txutxurrutxu. / – ¿Qué tienes? / – Dolor de cabeza. / – ¿Quién te lo ha hecho? / – El raposo. / – El raposo, ¿dónde está? / – En la falda del monte. / – ¿Qué hace? / – Recoge leña. / – Leña, ¿para qué?/ – Para hacer fuego. / – Fuego, ¿para qué? / – Para calentar el agua. / – Agua, ¿para qué? / – Para hacer oblada. / – La oblada, ¿para qué? / – Para darle al cura. / – El cura, ¿para qué? / – Para dar misa. / – La misa, ¿para qué? / – Para ir al cielo en medio de dos angelitos.

En Alkoz (Ulzama-N) inicia el diálogo cantado el que está sentado en la punta del varal:

— Kukurruku
Klariñe
non duzu nere txardiñe?
— Suek erre.
— Non da sue?
— Urak itzali.
— Non da ure?
— Idiak edan.
— Non da idie?
— Alorrean.
— Zertan?
— Garie ereiten.
— Garia zertako?
— Olloai emateko.
— Olloa zetako?
— Arroltzia iteko.
— Arroltzia zertako?
— Apezai emateko.
— Apeza zertako?
— Meza emateko.
— Meza zertako?
— Gu eta mundu guzia salbatzeko.[4]
–Quiquiriquí / el clarín / ¿dónde tienes mi sardinita? / – La quemó el fuego. / – ¿Dónde está el fuego? / – Lo apagó el agua. / – ¿Dónde está el agua? / – La bebió el buey. / – ¿Dónde está el buey? / – En el campo. / – ¿Qué está haciendo? / – Sembrando el trigo. / – ¿El trigo para qué? / – Para darlo a las gallinas. / – ¿La gallina para qué? / – Para hacer huevos. / – ¿El huevo para qué? / – Para darlo al cura. / – ¿El cura para qué? / – Para que dé misa. / – ¿La misa para qué? / – Para salvarnos nosotros y todo el mundo.

En Bernedo y Urturi (A) jugaban chicos y chicas. En cuanto se descuidaba algún vecino, un niño se sentaba en la punta del varal del carro y los demás se disponían en el extremo opuesto levantándole de golpe. A continuación se desplazaban hacia la lanza con rapidez y lo hacían descender bruscamente. Durante estas subidas y bajadas sucesivas, el sentado en el extremo debía permanecer asido firmemente a las clavijas, tratando de evitar caerse mientras duraba el recitado siguiente:

— Quiquirriquí, palos en ti.
— ¿Qué le pasa al gallo?
— El papo malo.
— ¿Quién se lo ha hecho?
— Ardacho.
— ¿Dónde está el ardacho?
— Debajo la piedra.
— ¿Dónde está la piedra?
— Debajo la hierba.
— ¿Dónde está la hierba?
— Los bueyes se la han comido.
— ¿Dónde están los bueyes?
— A arar han ido.
— ¿Dónde está lo que han arado?
— Las gallinas lo han escarbado.
— ¿Dónde están las gallinas?
— A poner huevos han ido.
— ¿Dónde están los huevos que han puesto?
— Los frailes se los han comido.
— ¿Dónde están los frailes?
— A decir misa han ido.
— ¿Dónde están las misas que han dicho?
— Allá'ribita, allá'ribita.

En ese momento, si había resistido las sucesivas subidas y bajadas sin caerse, le hacían cosquillas. A veces eran tan fuertes las sacudidas del varal contra el suelo que se partía. Por esta razón y porque además se corría el peligro de hacerse daño, a los chicos se les prohibía este juego.

En Allo (N), durante la época de la trilla, los carros que se dedicaban al acarreo de la mies desde el campo hasta la era llevaban lo que se llamaba la bolsa. Se trataba de un tablero colgado con seis cadenas del fondo del carro, que servía para aumentar su capacidad de carga y así aprovechar mejor el viaje. Todos los chicos disfrutaban subiéndose a esta tabla cuando estaba vacía y agarrados al carro, se daban impulso para mecerse.

El simple hecho de columpiarse así no entrañaba riesgo, pero como la práctica de este entretenimiento coincidía a menudo con la hora de la siesta, muchas veces los chavales tenían que salir por pies ante la presencia de adultos encolerizados a quienes no dejaban dormir.


 
  1. Alejandro URIGOITIA. “Folklore. Juegos infantiles” in Euskalerriaren Alde, XIX (1929) pp. 247-248.
  2. José IÑIGO IRIGOYEN. Folklore alavés. Vitoria, 1949, pp. 139-140.
  3. Cándido IZAGUIRRE. El vocabulario vasco de Aránzazu-Oñate y zonas colindantes. San Sebastián, 1970, p. 235.
  4. APD. Cuad. 5, ficha 542.