Instrumentos musicales

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Instrumentos de tiempos pasados

Los animadores del baile dominical eran gente del pueblo o residente en el entorno próximo que supiera tocar algún instrumento sencillo y a quienes se recurría también para amenizar bodas u otras celebraciones festivas familiares. Para el baile de las fiestas patronales de la localidad ocasionalmente se recurría a ellos pues por lo común se procuraba traer algún conjunto musical foráneo.

En muchos pueblos existió también un txistulari o dulzainero "oficial" que cobraba un salario del ayuntamiento y era el encargado de tocar la música de los bailes sueltos, los pasacalles y amenizar otras fiestas populares que se le encomendaban.

Pandero y acordeón. Deba (G), 1921. Fuente: Aguirre, Rafael. Trikitixa. Billabona, Martin Musika Etxea, 1992.

Trikitrixa y acordeón

En tiempos pasados el instrumento más extendido en todo el territorio encuestado para acompañar al baile fue el acordeón diatónico pequeño o trikitrixa y tiempo después éste y el acordeón ordinario. Se han recogido varias denominaciones euskéricas de ambos instrumentos cuyos nombres a veces confunden los informantes. Así para el acordeón pequeño: soinua o soinu txikia (Lezama, Urduliz-B; Bidegoian, Elosua, Ezkio-G), inpernuko hauspoa (fuelle del infierno, irónicamente, en Abadiano-B; Beasain-G).

Se conoce también como trikitixa al conjunto de acordeón diatónico con acompañamiento de pandero. Así en Ezkio (G) se organizaban las fiestas con ambos instrumentos, bertako festa soinu txikiarekin eta panderoarekin antolatuaz, au da trikitixa. Otro tanto ocurría en Busturia (B) donde se tocaba el acordeón, farrea, con el pandero.

Para el acordeón se han registrado las siguientes denominaciones euskéricas: farra y akordeoia (Gorozika, Nabarniz-B), farra (Nabarniz-B), y eskuetako soinu handia (gran acordeón manual, en Bidegoian-G).

En algunas localidades fue costumbre que si la persona contratada para alegrar la fiesta no era de la localidad, se alojara en una taberna por cuenta del municipio o fuera huésped de algún vecino. Así en las fiestas patronales de Lekunberri (N) el acordeonista, ttunttuneroa, acudía de víspera, hospedándose en la posada del pueblo, si bien comía y cenaba en casa del alcalde según costumbre.

En la comarca de Gamboa (A) el instrumento musical por antonomasia de los bailes era el acordeón y los intérpretes más asiduos, guipuzcoanos. Algunos mostraban tal destreza que se acompañaban al tiempo de armónica y platillos.

En Artziniega (A) los acordeones se utilizaban para amenizar las romerías de San Mateo o de La Cruz principalmente, acompañados por dulzainas y atabal y en pueblos más pequeños de los alrededores se organizaba el baile a los sones del acordeón y la pandereta.

En barriadas de las localidades citadas y en los propios núcleos compatibilizaban o alternaban el acordeón o la trikitrixa con otros instrumentos. Así para amenizar las fiestas se ha utilizado abundantemente la armónica, sola o como acompañamiento. En localidades de habla vasca se le conoce como ezpainetako soinua (Bidegoian, Elosua, Ezkio-G), mosca-gitarra (Gorozika, Nabarniz, Orozko-B) y filarmonika (Ezkio-G).

Txistu y tamboril, gaita y dulzaina

Mientras que en el territorio de Bizkaia se ha recogido que para amenizar las fiestas, además del acordeón, tuvieron una presencia significativa el chistu y el tamboril, en los restantes territorios, sin excluir ni mucho menos estos instrumentos, se ha constatado la utilización de la dulzaina, a la que en algunas zonas de Alava y Navarra se denomina también gaita. En Alava antiguamente también se hizo uso de la guitarra, la bandurria y el laúd. Tampoco se puede desdeñar en todo el país la importancia que ha tenido el pandero como elemento animador de las fiestas.

En Gorozika (B) se tocaban pandero, chistu y tamboril, (pandero, txistu eta tanboliñe); en Lemoiz (B) chistu, tamboril, pandereta y alboka; en Markina (B) chistu y tamboril (txistu ta danboliñe), además de acordeón y pandero; en Carranza (B) también se ha conocido el chistu, el silbo; y en el Valle de Orozko (B) señalan los informantes que en los años cuarenta donde sonara el tamboril, allí se congregaba la gente (non tanboliñe ara jentea).

En Nabarniz (B) los bailes dominicales de las barriadas se amenizaban al son de la dulzaina, el pandero, el acordeón y el tambor (auzuetako erromerien dultzaiñe, panderuu, farrie erabiltten ziren, tanborra be bai...). En Orozko (B) se contaba con el pandero y más modernamente con el acordeón; también se tocaban la armónica y el chistu.

En Donoztiri (BN) en los años treinta los instrumentos que se tocaban eran la flauta o silbo, xirula, y el tamboril de caja alargada provisto de cuerdas tensas, ttunttun. Después se introdujeron el clarinete, la corneta, el timbal y el atabal[1]. Otro tanto sucedía en Iholdi (BN) donde se servían del clarinete o del atabal, y anteriormente de xirula, silbo y ttunttun, tamboril[2]. En Liginaga (Z) se usaron el silbo y el atabal, txirula ta atabala, el pistón y el clarinete[3].

En Amézaga de Zuya, Apodaca y Murgia (A), en los años treinta, los días festivos bailaban a lo suelto al son de la pandereta y el tamboril, en Apodaca intercalaban algunas piezas de acordeón. En Salvatierra (A) antaño danzaban al ritmo del chistu y tamboril con atabal. En Amézaga de Zuya fue tiempo después cuando se introdujeron el acordeón y el chistu, y en Artziniega (A) con este último instrumento se tocaban pasacalles en cualquier acontecimiento festivo.

Los informantes de más edad de Gamboa (A) recuerdan que antaño acudían guitarristas de Vitoria. En tiempos pasados en Bernedo (A) los propios jóvenes hacían de músicos tocando guitarra, bandurria y laúd y en Berganzo (A) hasta mediados de siglo se ha bailado al son de guitarra, bandurria, filarmónica, acordeón y saxofón.

En Obecuri-Bernedo (A) antiguamente el gaitero tocaba además de la gaita, el clarinete y la guitarra. En épocas posteriores se contrataba un acordeonista. El último día de las fiestas se bailaba al corro cantando:

Ya se acabó la fiesta,
ya se ha marchao el gaitero,
las mozas se quedan tristes
y los mozos sin dinero.

En Pipaón (A) se tocaban el tambor, la gaita y el chiflo.

En Telleriarte (G) a comienzos de siglo amenizaban el baile tres dulzaineros. Existió también un pequeño grupo de txistularis que acudían a las fiestas de los barrios y tocaban delante de cada caserío. En Ezkio (G) se tocaban la dulzaina y el tambor (dultzaina eta danborra).

En Viana (N) en los bailes promovidos por las cofradías de San Isidro, Santa Lucía y San Antonio intervenía un gaitero local con su acompañante de tambor. En Goizueta (N), para las fiestas se contrataban dulzainero, acordeonista y chistularis, (dultzainero, akordionista eta txistulariak), la mayoría de ellos de la propia localidad. En Lezaun (N) hasta los años 30, para las fiestas se contrataba un "chún-chún", gaita y tambor.

Algunos pueblos de Alava y de Navarra han contado con dulzaineros o gaiteros de renombre a quienes contrataban de otros lugares para animar las fiestas. Así se ha recogido que los dulzaineros de Estella acudían a las fiestas de Durango y de Zeanuri (B).

Orquestinas y bandas municipales

A partir de la década de los cuarenta, paulatinamente, se fueron introduciendo para la música del baile el organillo y la gramola (Murgia-A; Telleriarte-G; San Martín de Unx-N). En el Valle de Carranza (B) se bailaba al son del "pianillo" tocado por un vecino de la localidad o un ciego del entorno.

En numerosas localidades, pasadas las penalidades de los primeros duros años de la postguerra, empezaron a surgir orquestinas compuestas de tres o cuatro miembros, que actuaban no sólo en las fiestas patronales o en días señalados sino en los bailes dominicales.

Orquestina juvenil. Beasain (G), 1944. Fuente: José Zufiaurre, Grupos Etniker Euskalerria.

En Amézaga de Zuya (A) hacen su aparición el saxofón y el "jazz band" además del clarinete; el saxofón también en Obecuri-Bernedo (A), y la presencia del jazban se constata en la comarca de Gamboa, Valdegovía (A); Markina (B) y Telleriarte (G).

En Lemoiz (B) la orquestina se componía de acordeón, clarinete, saxofón y tambor con platillos, albergada en un rudimentario quiosco; en el Valle de Carranza (B) cuando desapareció la banda municipal empezaron a aparecer pequeñas orquestas de dos o tres miembros que tocaban el saxofón, la trompeta y el acordeón; y en Markina y en Urduliz (B) la orquesta estaba formada por tres o cuatro instrumentos (iru edo lau instrumentu egoten ziren beti orkestan), saxofón, batería y trompeta que se introdujeron en los años cincuenta.

En Lezaun (N) fue concluida la guerra civil de 1936 cuando hicieron su aparición las orquestinas procedentes de Puente la Reina, Oyón o Estella. En Viana (N) a partir de los años cincuenta tocaba en la plaza una orquestina, compuesta por músicos locales: batería, violines, piano, clarinete y saxofón. Existieron locales cerrados que gozaron de gran popularidad hasta los años sesenta en que desaparecieron debido al alto precio de las entradas, que para las fiestas contrataban orquestas de gran renombre con un vocalista que interpretaba las últimas novedades musicales.

En algunas localidades, sobre todo aquéllas que contaban con un núcleo poblacional importante, la animación de los bailes dominicales y festivos era por cuenta de la banda municipal que actuaba sola o en alternancia con otros grupos musicales. Monreal (N) tuvo banda de música hasta la guerra civil del 36, Viana (N) desde el siglo pasado hasta los años cincuenta, en Artziniega (A) desapareció en esa misma década y en el Valle de Carranza (B) en los sesenta. En la plaza de Sangüesa (N) actuaban la banda municipal y los gaiteros, y en Salvatierra (A); Durango (B) y Elgoibar (G) alternaban banda municipal y txistularis.

Instrumentos de tiempos modernos

En las décadas de los ochenta y noventa es usual que a las fiestas de los pueblos acudan conjuntos musicales compuestos por cinco o seis integrantes que tocan instrumentos tales como trompeta, batería, bajo, órgano y guitarras, actuando uno de ellos de vocalista. Disponen de aparatos eléctricos o electrónicos, así como sintetizador de sonidos, potentes altavoces y vistosas luces.

En Lezama (B) en los bailes organizados en fiestas se baila al son que tocan conjuntos musicales que utilizan instrumentos de reciente introducción como los que acabamos de citar en Ezkio, unas veces solos y otras combinados con tradicionales como el acordeón o el acordeón diatónico, trikitrixa. Se emplean amplificadores de sonido, potentes altavoces emitiendo a gran volumen y grandes focos para iluminar el escenario. Ejecutan ritmos de moda tanto antiguos como modernos del área vasca y foránea. Por otra parte el público juvenil acude asimismo en gran número a divertirse a discotecas de localidades cercanas donde la música que se emite proviene generalmente de discos de moda de autores y cantantes extranjeros, sobre todo anglófonos.

En Amézaga de Zuya (A) y Urduliz (B) son frecuentes las orquestas compuestas de guitarras eléctricas, baterías, bajos, órganos e instrumentos de viento. En ocasiones también se recurre al acordeón y al chistu para amenizar la fiesta. En Apodaca (A) en los últimos años traen modernas orquestas formadas por ocho o diez músicos y cantantes de moda.

Está bastante generalizada entre los informantes la opinión de que la música actual es ruidosa por la potencia de los altavoces o amplificadores (Apodaca-A y Berastegi-G).


 
  1. José Miguel de BARANDIARAN. “Rasgos de la vida popular de Dohozti” in OO. CC. Tomo IV. Bilbao, 1974, p. 58.
  2. José Miguel de BARANDIARAN. “Para un estudio de Iholdy. Notas preliminares” in Cuadernos de Sección Antropologia-Etnologia. Nº 5 (1987) p. 101.
  3. José Miguel de BARANDIARAN. “Materiales para un estudio del pueblo vasco: En Liginaga (Laguinge)” in Ikuska. Nº 8-9 (1948) p. 82.