Los cuerpos incorruptos

En los apartados anteriores se han recogido diversas señales a través de las cuales se interpreta la salvación o la condenación del alma del difunto y que se manifiestan durante el óbito o en un breve plazo de tiempo posterior. Pero se conoce una creencia que, a diferencia de lo visto hasta aquí, sería una especie de comprobación muy a posteriori de la salvación del alma. Consiste en suponer que los cuerpos que permanecen incorruptos cuando son exhumados al cabo de un periodo prudencial, a fin de dejar espacio para nuevos enterramientos, pertenecen a personas santas.

En Hondarribia (G) decían que aquellos cuerpos que se conservaban incorruptos al cabo de unos cuantos años, eran de santos[1].

En Mendiola (A) recuerdan que se acordó nombrar «santa» a una vecina de la localidad fallecida hacía tiempo y que al ser desenterrada, tras haber transcurrido cuarenta años, para guardar sus restos en el osario e introducir otro féretro en la sepultura que ocupaban, se observó que el cuerpo permanecía intacto sin señal alguna de putrefacción. La familia decidió no dar cuenta del hecho hasta morir todos sus miembros y el evento no transcendió entretanto.

En Rigoitia (B) también se conserva en la sacristía de la iglesia parroquial de Santa María un cuerpo incorrupto tenido por santo, popularmente denominado gorputz santuz[2].

Cuerpo incorrupto, gorputz santua. Parroquia de Santa María de Idoibalzaga. Errigoiti (B). Fuente: Archivo Fotográfico Labayru Fundazioa: José Ignacio García Muñoz.


 
  1. AEF, III (1923) p. 91.
  2. Ya Iturriza hace mención al mismo indicando que fue hallado durante la reedificación de la iglesia hacia el año 1550. Vide Juan Ramón de ITURRIZA. Historia General de Vizcaya y Epítome de las Encartaciones. Bilbao, 1938, p. 420.