Ovejas

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Celo y cubrición

El celo de la oveja se denomina ardi-umeskea (literalmente la oveja que busca tener cría) en Gerena-Mallabia (B), umeske en Nabarniz (B), erkara en Garai y Bernagoitia (B), donde estar en celo se dice erkara egon, arkeraldia en el Anboto (B), arkealdia en Beasain (G), arkera en Orozko (B) y altea, además de umeske, en la comarca de Gernika (B). En Carranza (B) andar al carnero, en Roncal (N) estar amanecida.

Según los informantes este periodo le suele durar entre un día aproximadamente (Anboto, Gerena-Mallabia, Beasain) y dos (Mendata, Nabarniz). En Bernagoitia y Garai dicen que a unas les dura un día y a otras dos, sin que se sepa la razón de que ocurra así.

Si no queda cubierta, a los 15 o 17 días vuelve a presentarlo (Gerena-Mallabia). En Garai aseguran que a los 17, en Bernagoitia y Anboto entre los 16-18, en Orozko y Mendata transcurridos 21 y en Beasain, 22. Según matizan en esta última localidad la que sufría un aborto, pasados 15 días más o menos volvía a manifestar el celo.

Los pastores se han preocupado de controlar la reproducción de sus ovejas de tal modo que los partos en el rebaño se concentrasen en un periodo de tiempo determinado. Esto facilitaba sobremanera sus tareas. Además procuraban que los nacimientos de las crías tuviesen lugar con la suficiente antelación a fechas señaladas como la Navidad o San José, en que ha sido costumbre comer cordero, para que pudiesen alcanzar el peso adecuado para el sacrificio.

El principal recurso que tenían para conseguir estos fines, hasta la introducción de los modernos sistemas reproductivos, era mantener a los carneros separados del rebaño y sólo reunirlos cuando creyesen conveniente que debían comenzar a producirse los cruzamientos.

En Roncal los mardanos se dejaban con el rebaño un cierto tiempo para que cubrieran a la mayor parte de las ovejas. Cuando querían que no lo hicieran los separaban a otro hatajo pero si esto no era posible se les solía colocar una tela o saco colgando de los riñones para que no pudieran cubrirlas, a esta tela se le llamaba mandarra o mandil. En Apodaca (A) a los carneros y chivos también se les ponía un delantal en la tripa para que no pudiesen montar a las hembras.

En Carranza saben que el estro de las ovejas sigue un ciclo estacional. Casi todas inician este periodo en los meses de julio y agosto, si bien algunas lo hacen fuera de estas fechas dependiendo de varios factores, entre los cuales el más importante es la alimentación.

En Mendata el apareamiento del carnero con las ovejas tenía lugar en los primeros días de agosto y ocurría en el plazo de unos 10 días. El informante recuerda que su padre solía estar muy vigilante en esta época para saber cuándo nacerían los corderos.

En Zenarruza (Markina-B) los meses de apareamiento de las ovejas y los carneros son agosto y septiembre. Se procura que el carnero las deje preñadas a todas más o menos al tiempo.

En Ernio (G) para que no se crucen carneros y ovejas, en invierno están siempre separados y sólo en verano, cuando se suben al monte, los reúnen. Como la gestación de las ovejas es de cinco meses, el informante suele procurar que los partos se produzcan hacia noviembre, aunque siempre se dan algunos nacimientos en otras épocas del año. Nunca ha recurrido a sistemas mecánicos (fundas) en sus carneros para evitar que se crucen. Ésa es una de las razones por las que ahora suben casi siempre a la sierra a finales de mayo, para evitar que se adelanten los cruces.

En Nabarniz comenzaban a estar en celo por Santiago (25 de julio) y en el plazo de unos dos meses quedaba preñada la mayoría. Normalmente las ovejas sólo se cubrían una vez al año pero en algunos casos aislados por julio volvían a parir. Algunas casas acostumbraban a retirar el carnero del rebaño entre los meses de marzo a junio.

En Bernagoitia y Garai el encelamiento comenzaba para algunas ovejas en junio, pero la mayoría lo experimentaba en agosto. Tanto el propio periodo como el que éste se anticipe se considera debido en gran medida a la buena alimentación. A los carneros se les separaba del rebaño para dejarlos en casa coincidiendo con el esquileo, fecha que a su vez era la de la partida de las ovejas a los pastos de monte. Esto ocurría en torno a las festividades de San Pedro (29 de junio) y Santa Marina (18 de julio); también podía ser un poco más tarde, por San Ignacio de Loyola (31 de julio). Los carneros se reincorporaban al rebaño hacia la festividad de la Asunción de Nuestra Señora (15 de agosto) o San Bartolomé (24 de agosto).

En Araia (A) los carneros se separan en primavera y se vuelven a juntar con el rebaño al final del verano o según el deseo del pastor.

En Orozko cuando se aproximaba la época de encelamiento de las ovejas, se bajaban los carneros al caserío, hacia el quince de agosto, y los volvían a subir al Gorbea hacia San Miguel (29 de septiembre). De esta forma se conseguía que las ovejas parieran en la misma época y en un intervalo corto de tiempo, la mayoría en el mes de marzo.

En Gerena-Mallabia la festividad de San Bartolomé era el día señalado para retirar los carneros del rebaño. Éstos se volvían a incorporar al rebaño el día primero de octubre. Se procuraba que todas las ovejas quedaran preñadas en este mes para que los nacimientos tuvieran lugar a los cinco, en marzo, todos más o menos al tiempo.

En Berriz (B) antiguamente los carneros se retiraban del rebaño también por la festividad de San Bartolomé, y se les incorporaba de nuevo por San Miguel, para que los partos se produjeran a la vez. Hoy día el apareamiento suele ser en agosto. En la actualidad hay quienes no ejercen ningún control sobre los carneros y ello acarrea malas consecuencias a rebaños ajenos porque dejan preñadas a las ovejas en distintos momentos y es un grave inconveniente a la hora de los partos, que no se producen a un tiempo.

En Ataun (G) cuando no se podía conseguir que la oveja quedase preñada, solían bañarla introduciéndola en algún pozo y después de esta operación se conseguía en alguna ocasión el fin deseado.

En cuanto al número de carneros que se tenían en cada rebaño, en Zenarruza (Markina), Mendata, Bernagoitia y Garai lo usual era disponer de dos por cada cien ovejas. En Nabarniz se solía contar con uno por cada cuarenta hembras aproximadamente. En Carranza cada pastor suele tener un carnero por cada cuarenta o cincuenta ovejas, si bien es conveniente mantener alguno más por si uno enferma.

A la hora de efectuar los cruces se han procurado mejorar las características del rebaño por lo que se ha tenido la precaución de elegir como progenitores a los mejores ejemplares tanto de ovejas como de carneros. También se ha tratado de impedir la consanguinidad adquiriendo corderos para sementales a otros ganaderos o intercambiándolos.

En Orozko los pastores de la localidad consideran que los mejores ejemplares de ovejas lachas son los que tienen el morro blanquecino, la cabeza negra, abundante pelo en la testuz, orejas pequeñas, una buena capa de lana que las cubra hasta el suelo, hermosa ubre y que produzcan abundante leche. Ni las ovejas ni mucho menos los carneros deben presentar pintas en la cara y en las patas. También se han apreciado las ovejas con alguna particularidad como las de un solo pezón. Los pastores ponían gran empeño en conseguir ovejas de las características apuntadas para lo que seleccionaban bien los machos. Solían tener dos carneros en el rebaño, uno bueno y otro de prueba. En la época de celo los alternaban y así sabían cuál de ellos había cubierto a determinadas ovejas y comprobaban los resultados en las corderas que ellas parían.

En Carranza se cría una raza propia que se caracteriza por su perfil acarnerado. Los pastores han practicado tradicionalmente una selección artificial de este carácter. A la hora de elegir los corderos que han de criarse para sementales se prefieren los de cara corva a los que la tienen plana. Se piensa que así la longitud de la cara de sus hijas será mayor y estarán mejor capacitadas para hurgar entre la nieve en busca de hierba. Los que tienen la testuz, el testús, ancha, es decir, la separación entre los cuernos demasiado acentuada, se venden; se sabe que sus hijas, al conservar esta característica, tienen dificultades para salir durante el parto. Tampoco se conservan los corderos que presentan feos los cuartos traseros, o como se dice, que «tienen el culo en punta». En lo referente a las características heredadas de la madre, se guardan los nacidos de ovejas lecheras si son buenas, pero de bravas no se crían ya que sus hijas también serán difíciles de ordeñar.

Los carneros se cambian en esta localidad cada dos o tres años para evitar los problemas de consanguinidad con las hijas. Para conseguir nuevos sementales se intercambian corderos o carneros con otros pastores o bien se compran corderos.

En Ernio (G) los informantes cuentan que siempre tienen seis o siete carneros para cruzarlos con sus ovejas. A menudo los crían ellos mismos y algunas veces también los compran a otros pastores para introducir sangre nueva. Generalmente el mejor macho lo cruzan con la mejor oveja para intentar mejorar la raza.

En Mendata cambiaban de carnero periódicamente mediante compra a otro pastor o intercambio con él. Se traía cuando era cría. La razón era la conveniencia de renovar la sangre del rebaño y evitar la endogamia porque ya se solían ver corderillos con el morro torcido, las patas arqueadas, y trataban de evitarlo.

En Bernagoitia y Garai dicen que conviene cambiar de carnero cada dos años aproximadamente. Suelen intercambiarlos entre los mismos pastores, alguna vez también los compran. Lo que sí adquieren todos los años para mejorar la cabaña ovina son corderos. Cuando las ovejas estaban enceladas y se iba a producir el apareamiento se dejaba sólo un carnero (boladea dagonean bat). Después se cambiaba y se sustituía por otro. La razón estribaba en que cuando se producían los nacimientos interesaba conocer el padre, comparar las crías de unos y otros carneros y seleccionar así los mejores.

En Gerena-Mallabia para evitar la endogamia se cambiaba de carnero cada dos años. Se compraba uno nuevo o se intercambiaba con otro pastor.

En Nabarniz había que renovarlos cada tres o cuatro años para lo cual recurrían al intercambio con otros pastores de zonas más o menos alejadas. Capaban el carnero viejo para comerlo después. Solían contar con dos carneros que nunca se echaban juntos a las ovejas sino separadamente.

En el Valle de Zuya (A) el pastor disponía generalmente de dos carneros como padres, cambiándolos todos los años por los de otros pastores[1].

Gravidez y parto

El estado de gravidez dura en las ovejas cinco meses y en Orozko (B) se conoce como ernari egon. Vienen a parir entre los meses de noviembre y marzo, dependiendo de las diferentes regiones. En Muskildi (Z) a finales de noviembre y principios de diciembre y se prolongaba tres meses. En Mendata (B) en la época navideña o en torno a la festividad de Reyes. En Zenarruza (Markina-B) pasadas las fiestas navideñas, hacia mediados del mes de enero y febrero. En Bernagoitia y Garai (B) entre las festividades de San Antón (17 de enero) y San Blas (3 de febrero). En Nabarniz (B) desde Navidad hasta marzo.

Las ovejas de Roncal (N) solían parir hacia diciembre-enero, cuando ya estaban en la Ribera (Bardenas Reales) o en otros pastos invernales, generalmente de Aragón. En Roncal hoy en día tratan de explotar al máximo el ganado y procuran que algunas ovejas paran más de una vez al año. Los ganaderos que se quedan en el Valle (ya pocos van a la Ribera) hacen parir a las ovejas o bien durante todo el año o bien en dos épocas, por ejemplo en octubre-noviembre y luego en junio. El cordero nacido por el otoño se vende para navidades, que es cuando se paga mejor.

En Berganzo (A) las ovejas paren dos veces al año, la primera cría nace para el mes de octubre y la segunda para el de mayo.

En Ernio (G) aseguran que entre el 20 y el 30% de los partos son dobles. El pastor sabe cuándo van a parir sus ovejas y las observa constantemente por si se presentan dificultades.

En Roncal para saber cuándo iban a tener crías las ovejas hacían lo que se llamaba braguerear, que consistía en coger las ovejas una a una y mirarle y tocarle el braguero o ubre para así saber si el parto estaba próximo o no. Al periodo de partos le llaman en este valle la parición.

Según cuentan en Carranza (B) la mayoría de las ovejas paren solas. Cuando surgen dificultades la cría se saca tirando a mano de las patas delanteras. El mayor peligro es que venga en mala posición, de culo. Nada más nacer se le abre la boca y se le sopla con fuerza para que rompa a respirar. Con el mismo fin se le hace un masaje moviéndole las manos. El cordón umbilical no suele plantear ningún problema.

En el entorno del Anboto (B) reconocen que la mayoría de los partos transcurren sin problemas por lo que los pastores no tienen que intervenir. Sólo en un pequeño porcentaje se ven obligados a ayudar, bien porque el cordero es demasiado grande, porque se trata de un parto de gemelos que presenta dificultades o porque el cordero viene de nalgas. En este último caso el pastor introduce su mano y le da vuelta hasta ponerlo en la posición adecuada. Si llegado el parto ocurre algo que no puede solucionar avisa al veterinario. A veces tras parir dan a la oveja un vaso de vino para que recupere fuerzas.

Parto de una oveja. Egino (A), 1991. Fuente: Galparsoro, Ainhoa. “Artzantzaz artzain familia batekin” in I. Gerriko idazlan sariketa. Gasteiz, Goiherriko Euskal Eskola, 1991.

En Eugi (N) cuando el cordero no venía en la posición adecuada, el pastor tras limpiarse bien las manos y untarlas con aceite trataba de colocarlo bien y sacarlo mientras otra persona mantenía la oveja en pie.

Seguidamente en Carranza dejan que la oveja lama la cría. La que no lo hace es que no la quiere y no dejará que la mame durante el periodo de lactación. Estas ovejas resultan problemáticas ya que el pastor se ve obligado a sujetarlas para que las crías se alimenten. Algunas que son de mucho genio llegan incluso a secarse.

En Roncal los únicos cuidados que prodigaban a las paridas era procurarles los mejores pastos. Las que parían al atardecer o por la noche se llevaban al día siguiente a pastos limpios, sin patear, y con buena hierba; a esta actividad se le llamaba la campadera.

En otros tiempos, cuando las ovejas recién paridas no escusaban, esto es, no expulsaban las secundinas, en Carranza se les preparaba el siguiente remedio: se recolectaban cogitianes o amentos de avellano y almuérdagos, muérdago, y juntos se cocían en agua. Una vez preparada la cocción se les daba a beber templada. Después se les hacía un masaje con una mano por la parte izquierda de la tripa y con la otra por la derecha, para que reaccionasen.

En Moreda (A) para que las ovejas y cabras echasen las malas tras el parto sin ningún tipo de problema se utilizaban unas hierbas denominadas raederas. Se trata de unas plantas rastreras con forma de granos de arroz. Se cocían y se les echaba aceite y sal. Los mismos pastores elaboraban este brebaje y recuerdan que tenían que tener cuidado con la dosis porque si se les sumistraba en exceso corrían el riesgo de morir. En Ataun (G) contaban que muchas veces la causa de los partos infecciosos, umetegiko gaitzak, solía ser atribuida al carnero. Recordaban que a principios de los años cuarenta en un rebaño hubo 60 corderos muertos a consecuencia de este problema. Si a raíz del parto la oveja no podía expulsar las secundinas le daban de beber el agua de cocción de aitzeko garoa en dos tandas, alrededor de medio litro cada vez. También le administraban agua de cocción de muérdago, siendo preferido el que crecía en avellano; agua de cocción de ceniza de fogón o agua de cocción de cola de bacalao. Si después de un parto dificultoso había temor de pasmo, solían darle de beber agua de cocción de pasmabelar con mezcla de aceite. Algunos, aun en partos normales, tenían la costumbre de darle agua de cocción de pasmabelar gorria. Siempre que notaban algún malestar relacionado con esta enfermedad le daban una lavativa con agua de malvas y pasmabelar.

En Ernio cuando tenían problemas para expulsar la placenta, karena, antiguamente les daban también el líquido resultante de la cocción de pasmo-belarra. Hoy en día suelen pedir ayuda al veterinario y éste les receta un producto farmacéutico que el pastor mismo inyecta al animal.

En relación con este problema también se ha constatado una práctica de naturaleza creencial. En la Merindad de Tudela (N) cuando una oveja no podía expulsar la placenta el pastor tomaba dos palitos de tallo de esparraguera silvestre y los colocaba en la parte posterior del lomo del animal formando una cruz y con la lana que había tenido que separar para colocar los palitos, formaba otra cruz que sujetaba a la anterior[2].

En Moreda a las ovejas que se les sale la matriz tras el parto se les introduce con las manos. Unas mueren a consecuencia de ello y otras se salvan. En caso de que a una se le haya metido en dos ocasiones y se le vuelva a salir, se dice que es mejor sacrificarla. Para introducírsela se pone a la oveja con las patas hacia arriba y mientras uno la sujeta otro se la introduce con las manos.

En Orozko dicen que algunas ovejas de raza lacha siguen dando crías con 14 años, pero lo común es que se consideren viejas a los 10 o 12, momento en que son vendidas para carne.

En Mendata dicen que la oveja tiene crías desde los dos hasta los ocho años y el máximo provecho de ella se obtiene entre los tres y los siete. A partir de los ocho se hace vieja, ardi zaarra, y necesita comer más. En casa del informante se quitaban cuando tenían ocho años.

En el Valle de Zuya (A) si las ovejas eran buenas las conservaban hasta la edad de diez años, siendo lo normal que se mantuviesen hasta los ocho. En Triano (B) hasta los diez u once años, pero ya son consideradas viejas. La edad óptima es entre los cuatro y cinco años. A partir de los ocho comenzaban a cambiarlas.


 
  1. Juan OLABARRIA. «El pastoreo en el Valle de Zuya» in AEF, XVI (1956) p. 12.
  2. Pedro ARELLANO. «Folklore de la Merindad de Tudela» in AEF, XII-XIII (1932-1933) p. 200.