Velas, kandelak

En tiempos pasados, quienes poseían abejas fabricaban velas para alumbrar la casa, además de para la sepultura de la iglesia. También se compraban en el comercio. En Abezia (A) las velas o cirios se fabricaban en casa y en la cocina había un clavo para colocarlos. La cera doméstica era más grisácea que la que se vendía en el comercio, tenía mayor duración aunque daba menos llama que las espelmas del comercio. Los cirios eran de tonalidad amarillenta. En Orexa (G) y en Améscoa (N) se ha constatado además la utilización de velas pequeñas, esperma.

En el Valle de Orozko (B) se conocía una vela de cerilla llamada tiritu, zirioa, que se enroscaba en un cilindro de unos 30 cm de longitud y 12 cm de diámetro, que llevaba en sus extremos dos maderas planas de 20 cm de lado; no disponía de patas ni de mango. En Zerain (G), en casa, con sebo de animales y mecha se hacían cerillas y velas, si bien generalmente se compraban. La cerilla, argizaie, se usaba habitualmente para ir de un sitio a otro. En Astigarraga (G) se recuerdan las velas de sebo fabricadas en casa y en Berastegi (G) para iluminar se usaba la cerilla, eskubildu. En Liginaga (Z) antiguamente había unas velas llamadas zihu que se hacían en casa con grasa o sebo, milgor, de carnero, atzarra. Para ello se utilizaba un aparato denominado zihu eitekua, consistente en un par de tubos de hierro de 0,20 m de largura, abiertos por uno de sus extremos. Colocado el aparato de suerte que los tubos estuviesen verticales y con los extremos abiertos hacia arriba, se metían en aquéllos sendas torcidas o mechas, a las que quedaba adherido el sebo cuando se vertía líquido dentro de ambos recipientes.

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La utilización de velas, kandelak común; kandra en el Valle de Roncal (N); lujire en HeletaBN); en otro tiempo de sebo o de sebo y cera, y luego de cera ha sido general. Necesitan soporte y si no había otra cosa a mano servía el cuello de una botella. Para que la vela se quemara más lentamente y durara más, se le ponían unos granos de sal junto a la mecha (Zerain-G). El instrumento de apoyo ordinario de la vela era el candelero, kandeleroa, kandelabroa; en Beasain, Elosua, Orexa-G también argimutila, o la palmatoria, y solía tenerse en cualquier dependencia: en la cocina, el comedor, sobre todo en las habitaciones y servía para andar por casa salvo en aquellos lugares en los que se consideraba que había riesgo de incendio como el desván y la cuadra. En estos casos se llevaba la vela dentro del farol (también una mecha de aceite, Gorozika-B). Así se ha constatado en Abezia, Agurain, Añana, Berganzo, Bernedo, Ribera Alta, Valle de Zuia (A); Andraka, Valle de Carranza, Bedarona, Gorozika, Lezama, Orozko, Trapagaran (B); Arrasate, Beasain, Elosua, Telleriarte, Zerain (G); Aintzioa y Orondritz, Allo, Améscoa, Aoiz, Aria, Eugi, Monreal, Murchante, Obanos, Romanzado y Urraúl Bajo, San Martín de Unx, Sangüesa y Valtierra (N).

Los candeleros o candelabros podían ser de latón, de bronce y de cobre. En Orozko (B) recuerdan que tenían la base cuadrada o redonda, siendo los primeros más antiguos. La palmatoria, argi-azpil, y eskuargia en Orozko, que podía ser de bronce, cerámica, aluminio o porcelana, tenía base circular, asa, y un dispositivo en el centro, elevado unos cuantos centímetros donde iba la vela metida en un anillo que la sujetaba. Se consideraba un sistema de alumbrado limpio porque lagrimeaba dentro del recipiente. En Aoiz (N) dicen que había candelabros de bronce de uno o más brazos; en las casas pudientes solían ser de varios brazos y más decorados. En Abadiño (B) en el dormitorio se usaba el rollo de cera o la vela, el primero resultaba peligroso y se consideraba más segura la vela colocada en un candelabro.

En algunas localidades encuestadas se señala que el uso de velas en el candelabro o en la palmatoria se prolongó en el tiempo incluso después de la introducción de la luz eléctrica porque en aquella época fallaba mucho la luz. Ofrecemos la siguiente descripción del farol, farola, aportada por la encuesta de Orozko (B): tiene forma de cubo, paredes laterales de cristal y base de hojalata. Sobre la cara superior, abierta, apoya una pirámide, de hojalata también, que lo cierra. En su vértice lleva un asa para el transporte. Las caras de la pirámide presentan unos agujeros para que entre oxígeno y no se caliente el farol con riesgo de ruptura de los cristales. La vela (en IzurdiagaN un cabo de vela llamado esperma) se encajaba en su base en un pequeño cilindro. También se han usado faroles con un pequeño depósito de petróleo o aceite y su mecha o torcida. A este último farol en Mirafuentes (N) le llaman linterna de aceite y disponía de un agarradero que facilitaba su transporte.

Es dato común que el farol se consideraba más seguro que otros métodos para llevar luz al camarote y a la cuadra, tal y como se ha recogido en Abadiño, Andraka, AmorebietaEtxano, Bedarona, Ereño, Gorozika, Lezama, Trapagaran (B); Berastegi, Elgoibar, Elosua, Oñati, Telleriarte (G); Aintzioa y Orondritz e Izurdiaga (N). También se usaba en los desplazamientos nocturnos porque el viento no apagaba la vela que iba protegida en su interior y era cómodo de transportar y así lo han consignado en Bernedo, Valle de Zuia (A); Andraka, Bedarona, Orozko (B); Beasain, Orexa, Zerain (G) y San Martín de Unx (N). En Sara (L) todavía en los años cuarenta se utilizaban los faroles de cristal con vela que llamaban lanterna. El sustituto del farol tanto en las labores del establo como para salir de noche de casa, fue la linterna.

En Amorebieta-Etxano (B) recuerdan que mientras el hombre realizaba las tareas de la cuadra con el ganado en el establo, era un niño quien sostenía el farol a la altura de la cabeza y, en su defecto, la mujer de la casa. A veces se dejaba el farol colgado de la columna central del establo. Al ir a acostarse, los padres eran quienes generalmente se llevaban el farol y los demás no disponían de luz o encendían, en su caso, una vela fina de color amarillo, enroscada, llamada argizarie.

En Ereño (B) al ir a acostarse, la luz, se ponía junto a la escalera para que alumbrara pero sin introducirla en los dormitorios, siempre se decía “argije ez sartu”, no meter la luz, por temor a que se produjera un incendio.