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Conservacion con azucar

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La conservación mediante azúcar se logra empleando concentraciones de la misma que hagan imposible el ataque de los microorganismos. Esto se consigue desecando el fruto en azúcar, y más frecuentemente, cociéndolo en ella y obteniendo una mermelada. También se han conservado frutas cocidas en soluciones fuertemente azucaradas, es decir, en almíbar.
 
Los recipientes para contener los dulces de frutas han variado con el tiempo. Por ejemplo, en Sangüesa (N) se empleaban unas pequeñas tinajas de barro con el borde hacia afuera. Se tapaban con pañuelos blancos o papel de estraza que a su vez se ataba con una liza. En Hondarribia (G), los higos se cocían con azúcar en cazuelas altas que luego cubrían con unas tapas especiales, posiblemente de tela encerada. En Bermeo (B), las mermeladas se vertían en un frasco de boca ancha que se cubría con papel de hilo empapado en coñac, colocándole la tapa de forma que no entrase aire. Para el membrillo se han empleado recipientes de distintos materiales que han servido además como molde. Para que este dulce durase más tiempo, los recipientes se cubrían con papel de estraza, a veces, empapado en coñac.
 
En la actualidad, casi todos los productos azucarados se conservan en frascos de cristal con cierre hermético, que con posterioridad a su rellenado sufren un calentamiento con el fin de eliminar los microorganismos que pudieran estropear el contenido.
 
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