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Arrojar un puñado de tierra

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En Salcedo (A) los parientes más próximos y los demás allegados se acercaban al féretro, besaban al cadáver y se despedían de él con alguna que otra frase apropiada para estas situaciones. Después, tras depositarlo en la fosa, todos los presentes tomaban en sus manos un puñado de tierra y besándolo primero lo arrojaban sobre el ataúd<ref>AEF, III (1923) p. 26.</ref>.
En Olaeta, barrio de Aramaio (A) ubicado fuera del Valle, tiraban un puñado de tierra sobre la caja tras besarlo, ''mun eman; ''por el contrario en el resto de los barrios de esta localidad arrojaban primero la tierra y después besaban los dedos. No era una tradición muy extendida.  [[File:7.188 Apodaka (A) 1990.jpg|500px||frameless|border|Apodaka (A), 1990. Fuente: Isidro Sáenz de Urturi, Grupos Etniker Euskalerria.|class=nofilter]]
En Elosua (G) los presentes pasaban junto a la fosa y arrojaban un puñado de tierra, primero los familiares y luego los amigos y acompañantes. Una vez habían desfilado todos el enterrador cubría el féretro. Por último se posaban las flores y coronas encima.
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