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LA CAZA DE ALIMAÑAS/en

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Los pastores propietarios de la Sierra de Badaia (A) iban armados, pero tenían la escopeta escondida en el monte. En tiempos en que los raposos acechaban a los corderos o cabritos les acompañaba algún cazador del pueblo. A principios del siglo XX cuando merodeaba algún lobo subían de los pueblos con las escopetas.<div style="margin-left:0cm;"></div>
En ocasiones los pastores también han aprovechado las posibilidades que les ofrecía el medio en el que se desenvolvían para cazar y así obtener un complemento a su alimentación.<div style="margin-left:0cm;"></div>
En las Bardenas (N) por lo general no fueron cazadores. Capturaron conejos en un tiempo en el que al parecer hubo una plaga de estos animales, ya que según un informante «iban a morir a los corrales». Utilizaban para ello dos métodos: trampas o cepos y golpearlos con un palo cuando se encontraban «en la cama», es decir, en su guarida. Para tener éxito necesitaban acercarse con sigilo. También han cazado zorros ya que suelen atacar a los corderos recién nacidos; sin embargo, nunca han capturado perdices o pájaros, salvo en alguna ocasión en que no tenían qué comer.
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