Bizkaia

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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La dote, dotea

En Bizkaia aunque la dote no era obligatoria, puesto que tampoco hay legítimas forzosas en territorio aforado, había costumbre de dotar a las hijas con un bien mueble o algún otro bien, en proporción a lo que los medios de la familia permitieran.

En Abadiano generalmente, no siempre, el hijo mayor era el que se quedaba en la casa familiar. El consorte adventicio aportaba la dote. Esta consistía generalmente en cierta cantidad en metálico y algunos muebles y enseres para el hogar. El dinero se entregaba a los padres de la casa a la que iban a vivir, quedándose ellos sin nada o con poco y a veces con deudas. Llevaban además una habitación completa, sábanas, ropa y otros enseres parecidos que solían ser para los recién casados. El importe para la dote se obtenía de la venta de algunas cabezas de ganado o era dinero que se tenía ahorrado, pero no se vendían fincas o inmuebles con esta finalidad.

La dote de los hijos que se iban casando era pagada por los padres o por el hijo que se quedaba en la casa familiar. Tampoco para estas ocasiones se vendían bienes raíces, se formaba con el dinero ahorrado o con lo obtenido con la venta de un ternero o una vaca. También se conocen casos en que los padres se las arreglaban para no aportar la dote casando a uno o varios de sus hijos a casas de muchachas propietarias.

A lo largo de los años ha variado el montante del dinero que se daba como dote: así durante el primer cuarto de siglo a una persona de extracción humilde podía corresponderle una dote de cien ducados[1], eun duketako dotea, mientras que una de doscientos ducados se consideraba normal. En la década de los cincuenta, cinco mil duros se estimaba una dote aceptable.

En Amorebieta-Etxano la dote, en metálico, era aportada por el padre de la novia según las posibilidades económicas de la familia y la propiedad a la que se casara. Además la joven llevaba consigo el arreo. El dinero era muy tenido en cuenta por los padres cuando convenían la boda de sus hijos. Si se daba acusada desigualdad económica entre ambas partes podía peligrar el proyecto de matrimonio.

En Bermeo la dote de la mujer, dotie, se componía de una cierta cantidad de dinero y el arreo. La ropa, muebles, cacharros de cocina, etc. pasaban a formar parte del nuevo caserío. El dinero era aportado por los padres de la novia si ésta se casaba al caserío del novio. Luego este numerario se destinaba a dotar a las hijas que habían de casarse fuera del mismo ya que la hacienda con todas sus pertenencias pasaba a manos del heredero.

Las jóvenes, incluso hoy día en el casco urbano, preparan el propio arreo consistente en ropa blanca para la casa. Las que van a la costura, bordan el suyo propio. Si la muchacha no lo ha preparado con la debida anticipación, sus familiares se encargan de comprárselo.

Ezkonbarriak emaztearen arreoarekin. Arratia (B), primeros de siglo XX. Fuente: Abaitua, Eulalia. Senitartea. La familia. Bilbao, Museo arqueológico, etnográfico e histórico vasco, 1994.

En algunas familias de cierta posición, los padres de una de las partes compran el piso y los de la otra lo amueblan agregando las aportaciones de los regalos que les van haciendo tras anunciar la boda.

En Busturia al heredero, que era quien se quedaba con el caserío y los pertenecidos que no se dividían, le correspondía dotar a los hermanos solteros cuando tomaban estado. Estos ayudaban en las tareas domésticas hasta casarse. En el siglo pasado y a comienzos del actual la dote se pagaba en ducados, duketak. Después se empezó a pagar en reales y se estimaba corriente una dote de mil reales. En los años setenta, si el propietario de un caserío moría intestado o ningún hijo se dedicaba a las labores agropecuarias, se repartía la propiedad entre los sucesores a partes iguales. A partir de la década citada se acepta sin más problemas el dividir la propiedad.

En el Valle de Carranza los informantes distinguen entre la dote que es en metálico y el arreo que consiste en la ropa confeccionada por la novia para sí y para la casa. Si el cónyuge adventicio era el muchacho llevaba igualmente arreo consistente en ropa y, si sus padres tenían cierta disponibilidad económica, aportaba algún animal. El dinero de la dote se le restaba a su beneficiario en el testamento y si los padres nombraban heredero único le apartaban con la cantidad recibida.

En Gorozika la dote era aportada por el cónyuge adventicio, fuera hombre o mujer, y pagada por sus padres. Se entregaba a la firma de las capitulaciones matrimoniales o el día del casamiento.

En Lemoiz, si se trataba de un varón que heredaba la casa familiar, aportaba la vivienda con todo lo adscrito a ella y si era una mujer, agregaba además el arreo que consistía principalmente en ropa blanca. Si era cónyuge adventicio, el hombre aportaba una dote en metálico y algún ganado; la mujer, el arreo y algo de dinero. Si alguna hermana ingresaba religiosa era dotada por el heredero. El padre del o de la joven entregaba el ganado el día de la boda y ocho días más tarde el dinero.

En Lezama la dote consistía en una cantidad de dinero previamente estipulada o en alguna parcela de tierra que la familia del cónyuge adventicio aportaba al matrimonio. Además éste llevaba el arreo, es decir, el ajuar necesario para iniciar la nueva vida. Se componía de ropa de uso personal y para la casa, sábanas, manteles, toallas, muebles y utensilios de cocina.

En Markina la dote era el conjunto de enseres o dinero aportados por el cónyuge adventicio al caserío al que se trasladaba a vivir. También podía consistir en bienes provenientes de la herencia.

En Muskiz la dote era una donación hecha por los padres de los novios. Si se trataba de un terreno o una casa se transmitía mediante escritura otorgada después de la boda. A la dote se le llama también ajuar.

En Nabarniz la dote, dotie, solía ser una cantidad en metálico. Además existía el arreo de la novia, también el novio podía llevarlo, que se componía de una cama, sábanas, enseres domésticos y aperos de labranza, arriue: oie, izerak, tresenak, burdiñek, arteko gauzak. Una informante que se casó en 1927 con veinte años de edad, siendo todavía una moza, "neskapuntie nintzen" recuerda que además del arreo recibió de sus padres una dote en dinero de diez mil pesetas, arriue eta dirue, amarmille pezeta.

En el Valle de Orozko la dote, dotea, consistía en dinero principalmente. Cabezas de ganado y aperos de labranza podían también constituir parte de la misma. Era común aportar el vuelo de un monte, basoren bat emoten jakien, ganekoa. Podía dársele a un hijo una propiedad que no fuera pertenecido del caserío por haberse adquirido independientemente o algún monte un poco alejado, o que no formara unidad con el resto de las propiedades. Las tierras de labrantío no se desgajaban, soloak eta... etxean paretan ziren.

Cuando una familia contaba entre sus propiedades con más de un caserío, se solían repartir entre los hijos pero por lotes completos, un caserío con sus pertenecidos para cada uno.

Se dotaba a los hijos que fueran a casarse y a establecerse en diferente casa que la paterna así como a los solteros que abandonaran el caserío, y a los hijos que ingresaran en religión. A los solteros y a los religiosos se les reservaba el derecho a una habitación en la casa paterna. Había veces en que los viudos sin descendencia se veían obligados a retornar al caserío natal por tener que salir de la casa del cónyuge fallecido.

En Urduliz la novia aportaba el arreo. Se ha recogido como caso excepcional la obligación de aportar alguna cabeza de ganado como dote.

En Zeanuri a todos los hijos o hijas no constituidos herederos de la casa se les daba o se les señalaba una dote, dotea. Su cuantía dependía tanto de la categoría de la casa originaria como de la casa destinataria. En los años veinte, mil ducados, mille duket, se consideraba una dote para una gran casa, etzaguntze aundire. Una década más tarde, una dote media era de mil duros, mille ogerleko, esto es de cinco mil pesetas. La carga de dotar a los hermanos recaía sobre el constituido en heredero de la casa. Por ello éste se veía obligado a encontrar una esposa que aportara a su vez una buena dote al matrimonio puesto que ella se destinaría principalmente para ir creando las dotes de los demás hijos. A esta carga de dotar que recaía sobre el heredero se le denominaba petxue.

Los bienes aportados tanto en dinero, dotea, como los enseres, arreoa, eran consignados uno por uno en el contrato matrimonial. Se resalta que lo aportado por el cónyuge consorte en concepto de arreo, dote o bienes, en tanto la pareja no tenga hijos, no pertenece a los bienes troncales. Pero una vez que haya sucesión directa, y si ésta se mantiene, dichos bienes se hacen troncales.

Actualmente (años noventa) la práctica de dotar a los hijos ha sufrido una profunda transformación. Se considera que la mejor dote es darles un oficio o una carrera para que puedan encontrar un puesto de trabajo en la industria o en los servicios.

Consecuencias de la ruptura

Con carácter general se ha recogido que en tiempos pasados apenas se conocieron casos de ruptura de noviazgos una vez que se había llegado al acuerdo o a la firma del contrato matrimonial (Abadiano, Amorebieta-Etxano, Lezama, Markina, Muskiz, Nabarniz, Orozko, Urduliz).

En Gorozika en caso de desavenencia no se exigía nada, cada cual recuperaba lo que había aportado. Los gastos ocasionados eran satisfechos por la parte culpable de la ruptura.

En Muskiz no se recuerdan casos, pero los informantes señalan que si ocurría, cada familia retiraba lo que había aportado. Igual costumbre se ha recogido en Nabarniz: "bakotxak berenak artunde, fuera" -entzunde nau-, señala una informante.

En Lemoiz en caso de no llevarse a cabo el matrimonio el acuerdo quedaba invalidado. Algunas informantes de Nabarniz advierten también que se rompía el compromiso sin más, apurtu eta kittu.


 
  1. Un ducado equivalía a once reales.