Conducción del cónyuge adventicio al domicilio conyugal

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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En tiempos pasados ambos cónyuges, tanto el que permanecía en su casa como el que debía mudarse, se desplazaban desde la iglesia al hogar donde se iba a celebrar el banquete nupcial acompañados de los asistentes a la ceremonia que estuviesen invitados y a veces del músico. Conviene tener en cuenta que no siempre coincidía aquél con el domicilio conyugal, a veces iban en primer lugar a la casa de la novia, que normalmente era la que cambiaba de domicilio, y allí comían; después les acompañaban a su residencia definitiva.

En Abadiano (B) al finalizar la ceremonia religiosa los invitados se dirigían con los novios a la casa del cónyuge que iba a cambiar de residencia y allí comían. Al terminar el ágape partían todos tras el carro que llevaba el arreo hacia la casa en la que vivirían. En primer lugar marchaba el carretero con los bueyes y después el acordeonista y los demás. En el carro colgaban una bota de vino. La cena solía tener lugar en esta casa y estaban invitadas las personas mayores de todas las viviendas vecinas. Tras ella había música y baile para los más jóvenes. Tiempo después, cuando se dejó de llevar el arreo, la cena con los vecinos se celebraba cuando los novios regresaban del viaje de luna de miel.

En Apodaca (A) antaño, cuando la boda era en el pueblo se dirigían al hogar de la novia acompañados de mozos y mozas y con disparo de cohetes. Al llegar a la casa salían las cocineras y familiares para darles la enhorabuena y al novio se le presentaba como a un nuevo hijo. Se ofrecía vino a todos los presentes y el músico tocaba alguna canción bailable hasta la hora de la comida; también se tiraban los últimos cohetes. Los invitados entraban a comer y los demás se marchaban a sus casas. Más tarde volvían a tomar el café y a seguir bailando.

En Izurdiaga (N) después de entregar el ramo de flores en la tumba familiar, novios e invitados marchaban a la casa del cónyuge que cambiaba de domicilio y ayudaban a trasladar el equipo de ropa de una casa a la otra. En Bidegoian (G) hasta los años cuarenta aproximadamente tras la ceremonia en la iglesia, que se celebraba por la mañana, se dirigían todos los invitados junto con los novios al domicilio en que vivirían estos últimos acompañando al carro de boda.

En Lezama (B) tras la ceremonia los novios y sus respectivas familias iban a la casa en que vivirían a partir de entonces y celebraban una comida. Generalmente los acompañaban músicos, amigos y vecinos.

En Telleriarte (G) en los tiempos en que el banquete se celebraba en casa, los recién casados solían hacer juntos su entrada en la misma, seguidos de los padrinos, los familiares y a continuación los demás convidados. Esto ocurría con frecuencia antes de la guerra; después, sobre todo a partir de 1945, se pasó a hacer la comida en algún bar.

En Amézaga de Zuya (A) no se formaba ningún cortejo especial. El nuevo matrimonio se dirigía a su hogar junto con familiares y amigos. En Artziniega (A) acompañaba al cónyuge adventicio toda la familia, sobre todo los padres y hermanos, pero no se recuerda que existiese ningún tipo de orden en la comitiva. En Berastegi (G) se iba al nuevo domicilio con absoluta normalidad en compañía de los padres y sin guardar ningún orden.

En Bernedo (A) no se hacía nada especial. La boda siempre se celebraba en el pueblo de la novia. Si tenían pensado vivir en el pueblo del novio, se desplazaban hasta el mismo a caballo colocándose ella delante y el novio detrás gobernando la caballería. Si venían a Bernedo los mozos salían a recibirlos y a darles la enhorabuena.

La encuesta del Ateneo, realizada a principios de siglo, recogió información acerca de cuándo y cómo llevaba el novio a la novia a su lugar de procedencia en el caso de que el primero fuera forastero. En Aoiz (N) lo hacía a la grupa de un caballo o mula bien enjaezados siendo acompañados por los invitados hasta la salida del pueblo mientras disparaban tiros de escopeta y pistola. En Estella (N) después de terminado el banquete de mediodía en compañía de una o dos personas de la familia, preferentemente las hermanas si las tenía. En Pamplona (N) también después de celebrada la comida, se designaba a cuatro mozos para acompañarles que marchaban delante a alguna distancia como heraldos. Al llegar a la casa del novio la chica era recibida a las puertas de la calle por algunas mujeres del pueblo y por varios concurrentes a la boda que al efecto se habían trasladado del pueblo para recibirlos, al menos cuando ambas localidades se hallaban próximas. En Castejón (N) marchaban al día siguiente de la boda siendo acompañados por casi todos los invitados; al llegar al pueblo del muchacho hacían el pasacalle hasta su casa, donde bailaban y eran obsequiados. En Falces (N) en las casas acomodadas partían el mismo día de la boda mientras que en las modestas lo hacían a los tres días junto con los padrinos y los padres del novio, que aquel día obsequiaban en su casa con una comida o cena, según la hora de llegada, a sus hijos y acompañantes. En Monteagudo (N) si el novio era forastero y no tenía pensado quedarse a vivir en el pueblo se llevaba a la chica a los tres o cuatro días; acompañaban a ésta su madre y alguna otra persona de la familia[1].


 
  1. EAM, 1901 (Arch. CSIC. Barcelona) IIDh8.