Remedios para el lumbago

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Los remedios que tradicionalmente se han utilizado para curar el lumbago son muy parecidos a los que se han descrito antes para calmar los dolores causados por el reuma. Se mencionan seguidamente.

Hoy en día muchos de ellos han perdido vigencia y algún otro como la aplicación de calor sigue siendo recomendada incluso por el personal sanitario. En la actualidad han cobrado importancia los médicos, a los que se acude cada vez que se manifiesta este problema. En Murchante (N) aseguran que al menos desde la década de los setenta se va al médico y se siguen sus recomendaciones. Hoy es frecuente el uso de linimentos y otros productos farmacéuticos (Amézaga de Zuya, Bajauri-A; Telleriarte-G; Lezaun, Obanos-N).

Al contrario de lo que ocurría con el reuma las infusiones han tenido poca importancia en esta enfermedad. En Elgoibar (G) bebían en ayunas caldo de cebollas. En Garagarza (G) asimismo tomaban cebolla, kipula; la comían cruda o cocida y también el caldo. En Arraioz (N) se tomaba infusión de hoja de fresno. En Ribera Alta (A) de hojas de sauce o de fresno. En Goizueta (N) se considera muy beneficioso el brezo, añarra.

Sahatsa, sauce. Fuente: Archivo particular Familia de Iñaki Zorrakin Altube.

Aplicación de calor

El remedio más extendido ha consistido en aplicar calor sobre la zona lumbar. En unas cuantas localidades los informantes han insistido en que la aplicación de calor seco tiene la virtud de aliviar los dolores lumbálgicos. Así se ha constatado en Amézaga de Zuya, Berganzo (A); Abadiano, Bedarona, Carranza, Muskiz, Zeanuri (B); Astigarraga, Beasain (G); Eugi e Izal (N). En Pipaón (A), Oñati (G) y Obanos (N) además de calor se recomendaba reposo. En Lekunberri (N) el tratamiento consistía en guardar cama bien arropado. En el Valle de Erro (N) se curaba permaneciendo en la cama, sin realizar ningún esfuerzo, y con calor local sobre la parte baja de la espalda. En Ribera Alta (A) y Bidegoian (G) se aplicaba calor local seco mediante paños calientes.

En Telleriarte (G) y Lezaun (N) colocaban la suela de una alpargata bien caliente en el lugar donde dolía. En Murchante (N) antaño calentaban un ladrillo macizo y lo envolvían en una toalla tras lo cual lo aplicaban sobre la zona dolorida. En Durango (B) y Sara (L) colocaban un ladrillo o una suela de alpargata bien caliente. En Viana (N) también un ladrillo caliente.

En Bermeo (B) el dolor de espalda, lepoko miña, el de costado, alboko miña, o el de cintura, garriko miña, este último identificado con la lumbalgia, se han tratado aplicando calor en la zona. Para ello, cuando se acostaban colocaban una alpargata o un ladrillo calientes sobre la región dolorida. Posteriormente se han usado bolsas de agua y últimamente mantas eléctricas.

En Apodaca (A), Allo y San Martín de Unx (N) trataban este dolor aplicando cataplasmas calientes. En Sangüesa (N) con una cataplasma de linaza y mostaza.

En Izurdiaga (N) se consideraba que lo mejor era poner en el costado compresas de salvado caliente.

En Hondarribia (G) se llena una bolsa con arena de playa muy seca, se introduce en el horno para calentarla y se coloca en la zona dolorida. Se dice que es un buen remedio porque la arena mantiene mucho el calor.

En Moreda (A) se recomienda reposo en cama y calor y aplicar en el lado que duele bolsas de agua caliente y antiguamente de arena calentada en una sartén vieja.

En Valdegovía (A) se recomienda reposo y aplicación de calor en la zona dolorida. Hoy en día el calor lo puede proporcionar una manta eléctrica o una bolsa de agua caliente pero antiguamente se calentaba un ladrillo que se aplicaba sobre la zona que dolía. También se metía tierra o arcilla en una bolsa de paño y se calentaba para proceder del mismo modo. Asimismo se cocían patatas y se envolvían en un trapo previamente a su aplicación. En Amézaga de Zuya (A) introducían en una bolsa patatas cocidas con la piel, las aplastaban y colocaban encima una prenda de lana. Se aplicaba a modo de cataplasma sobre los riñones durante una hora.

En Mendiola (A) consideran que lo mejor es guardar reposo en la cama con calor seco sobre la zona afectada. Para conseguir esto se ha recurrido a varios procedimientos como patatas cocidas envueltas en un paño, un ladrillo previamente calentado en el fuego de la cocina y también envuelto en un paño, mediante botellas o bolsas con agua caliente o con un método más moderno, las mantas eléctricas.

En Bedarona (B) se calentaban hojas de berza en el fuego y se colocaban en el lugar del dolor, bien apretadas, durante toda la noche.

En Sangüesa (N) se utilizaba ceniza bien caliente introducida en un zacutico o en una media. También menudillo de trigo tostado en una sartén y bien caliente metido en un zacutico.

En Apodaca (A), al igual que para tratar el reuma, se metían hojas de hiedra calientes en un saco y luego el afectado se introducía dentro de él. Se considera que el calor es el mejor remedio por lo que algunos también aplican un ladrillo caliente.

En Aoiz (N) se sirven igualmente de remedios de tipo tradicional basados principalmente en la aplicación de calor tanto mediante fajas, baños de sol o baños termales, como recurriendo a mantas eléctricas.

En Goizueta (N) la mejor solución suele ser el calor: el de la ropa, el de los ungüentos o el de las fajas, gerrikoak.

En Durango (B) actualmente se emplea mucho la arcilla que se adquiere en herboristerías. Antaño se valían de la arcilla que se utilizaba para hacer los ladrillos. Se vierte en un recipiente que no sea de metal ni de plástico, se añade agua, mejor que sea agua mineral, y se remueve hasta conseguir una pasta homogénea.

Hoy en día se rocía la zona con medicamentos que se presentan bajo la forma de aerosoles (Reflex) y el afectado se coloca ante un foco de calor tratando de resistir lo más posible (Hondarribia-G).

Fricciones, masajes y baños

Las fricciones han sido otra de las prácticas habituales para conseguir que la zona afectada entre en calor. Como ya se observó en el caso del reuma, la forma más frecuente de dar friegas ha sido con alcohol. Así se ha recogido en Agurain (A), Beasain (G), Sangüesa (N), Sara (L) y Donoztiri (BN).

En Mendiola (A) con alcohol de romero. En Ribera Alta (A) con alcohol normal o de romero. En Lekunberri (N) con alcohol alcanforado, producto habitual en los botiquines familiares. En Bidegoian (G) con un preparado de romero y alcohol.

En Pipaón (A) las friegas han sido de aguarrás, de alcohol y de aguardiente en el que se haya macerado hierba árnica. En Apodaca (A) se disuelven en medio litro de alcohol veinte aspirinas y con este preparado es con el que dan las friegas en el costado. En Murchante (N) se recurría al vinagre caliente. En Sangüesa (N) a vinagre y sal.

En Busturia (B) cuando se siente lumbago y dolor de piernas consideran que hay que darse unas friegas con ortigas. En Carranza (B) y Elgoibar (G) también se ha recurrido a las ortigas.

En Carranza las bolas rojas de las uvas de zorra (Tamus communis), esto es, los frutos maduros, se empleaban para tratar el reuma y también los dolores de riñones o lumbalgias. Se machacaban y con la masa obtenida se frotaba la zona dolorida. Producían mucho calor y picor.

Uvas de zorra. Fuente: Archivo particular Familia de Iñaki Zorrakin Altube.

Al igual que ha ocurrido con el reuma, para tratar el lumbago también se ha recurrido al aceite de lirón. En Lekunberri (N) se daban masajes con el mismo, muxar-urina, y en Lezaun (N) aseguran que curaba esta enfermedad.

La práctica de acudir a masajistas se ha recogido en alguna localidad y es reciente (Moreda-A, Durango-B, Bidegoian-G, Tiebas-N). Pero antaño también se asistía a determinados curanderos que desempeñaban labores similares.

En Lemoiz (B) acudían a una persona de la vecindad que atravesaba un palo en el umbral de la puerta de la cocina al que se asía el enfermo, tumbado y desnudo, a fin de irle pisando la columna vertebral a partir de la región cervical. En esta localidad consideraban que lo mejor era ser pisado por una mujer que hubiese parido gemelas. En Elgoibar (G) algunos acudían directamente al petrikillo.

Hoy en día los masajistas están en auge dada la frecuencia de esta dolencia (Oñati-G).

En cuanto a los baños en aguas termales o las tomas de vahos no han sido tan frecuentes en el tratamiento de esta enfermedad en comparación con el reuma.

Aún así, en Ribera Alta (A) se recurría con el lumbago a los mismos remedios que para el reuma y entre ellos a los baños termales en Arnedillo. En Liginaga (Z) se curaba tomando los mismos baños que se han descrito para el reuma.

En Zerain (G) se recomendaban vahos de cuerpo entero con cocción de cola de caballo, azari-buztana, también tomar durante nueve días vahos de saúco, anduerea, e igualmente con el agua en que se había cocido erizo de castaña, kaztaña-morkotsa, durante tres o nueve días seguidos.

Cepeñas (cola de caballo) de la procesión del Corpus Christi para el mal de riñones o lumbago. Marquínez (A), 1993. Fuente: Isidro Sáenz de Urturi, Grupos Etniker Euskalerria.

Fajado de la cintura y aplicación de parches

La faja, que hasta hace pocas décadas ha constituido una prenda habitual de la indumentaria de los hombres, ha resultado útil para paliar los dolores causados por el lumbago (Bedarona, Muskiz, Nabarniz-B; Beasain, Bidegoian, Elgoibar-G) e incluso para prevenirlos cuando se debían realizar trabajos penosos en los que se resentían las vértebras lumbares (Amézaga de Zuya, Bajauri-A).

En Carranza (B) antaño, cuando se utilizaban fajas o ceñidores, los hombres se fajaban a la altura de la zona dolorida para poder seguir trabajando. En Zerain (G) se decía que el lumbago se podía aliviar llevando la cintura bien sujeta. El gerriko se consideraba una prenda muy adecuada para la realización de ciertos trabajos que requerían un esfuerzo mayor de cintura. En Agurain (A) ha sido costumbre abrigar la zona con bayetas y enrollar la cintura con la faja. En Tiebas (N) antes se ponían una faja para dar calor.

Otra práctica ampliamente conocida ha consistido en aplicar sobre la zona lumbar unos parches porosos que se compraban en la farmacia (Ribera Alta-A, Lezaun-N). Popularmente se les llamaba pegaos (Agurain, Bajauri-A; Carranza-B). En Apodaca (A) se conocían como sellos o pegados.

En Mendiola (A) recuerdan los llamados “parches Sor Virginia”, denominados así por su nombre comercial. Se adquirían en la farmacia y debían llevarse durante aproximadamente quince días. El uso de estos mismos parches ha sido mencionado en varias localidades (Pipaón-A; Lekunberri, Obanos, San Martín de Unx, Tiebas, Viana-N).

En Pipaón se aplicaban pegados de brea.

En Bedarona (B) se hacían unos emplastos de perejil-bedarra, una hierba que despide un olor muy fuerte, de flores pequeñas y blancas agrupadas, y se aplicaban sobre la zona dolorida.

Prácticas creenciales

En Moreda (A) antaño envolvían la cintura con un trenzado hecho con los juncos bendecidos en la festividad del Corpus Christi. Este día se echaban por las calles y plazas por donde iba a pasar el Santísimo, juncos recogidos en las orillas de los ríos. Los labradores los recogían para hacerse cinturones, que les sujetaran los riñones a la hora de segar y de realizar otras labores duras del campo.

En Bajauri (A) con las hojas de lirio que se desparramaban para la procesión del Corpus Christi se trenzaba un cinto que se llevaba durante ese día para no padecer de dolor de riñones durante todo el año. En Mendoza (A) se recogió esta misma práctica en los años cuarenta[1].

En Subiza (N) se creía que si el que padecía de mal de riñones ponía a las doce de la noche del día de San Juan un mimbre arrollado a la cintura y pegado al cuerpo debajo de la camisa, le desaparecía el dolor[2].

En Elgoibar (G) para curar el dolor de cintura, gerriko miña, o de otra parte del cuerpo, enrollaban la parte dolorida con la cerilla de las argizai-olak que se colocaban en la sepultura de la iglesia, manteniendo esta aplicación durante nueve días.


 
  1. José IÑIGO. Folklore alavés. Vitoria: 1949, pp. 56-57.
  2. APD. Cuad. 1, ficha 13.