Remedios para los flemones y otras inflamaciones

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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En Aoiz (N) contra la hinchazón y el flemón se quemaba flor de saúco y se ponía la cara cerca del humo producido.

En Apellániz (A) se decía que el flemón desaparecía con vahos de humo producido al quemar flores de sabuco bendecido por San Juan. También se curaba aplicando un higo cocido en vino. En la Montaña Alavesa el dolor de muelas y los flemones se quitaban con humo de flor de sabuco[1].

En Astigarraga (G), en caso de infección, antaño se recurría a vahos que se preparaban cociendo pasmo-belarra con una cabeza de ajos. Ahora le añaden además verbena. Los vahos se toman con la boca abierta, dos veces al día, hasta que salga el pus. También se aplican por fuera, en el lado de la cara donde se encuentra la muela afectada, emplastos de verbenas. Para el flemón se ponen compresas calientes y se atan sin dejar que se enfríen.

En el Valle de Erro (N) se mantenía la zona de la mandíbula que estaba dolorida tapada con paños calientes. Se tenía la creencia de que si un flemón se enfriaba se contraía la llamada isipela, erisipela.

En Bajauri (A) y en Bidegoian (G) cuando se tenía un flemón también se aplicaban en la mejilla paños calientes. En Goizueta (N) cuando aparecía un flemón y se inflamaba la cara se colocaba un pañuelo alrededor de la misma, que se ataba en la parte más alta, para darle calor. Lo mismo se hacía en Apodaca (A), Durango (B) y Tiebas (N). En Obanos (N) era un pañuelo negro. En Durango se decía que si se enfriaba el flemón se endurecía y quedaba el bulto para siempre.

Niño con pañuelo anudado aplicando calor a un flemón. Obanos (N), 1950. Fuente: M.ª Amor Beguiristain, Grupos Etniker Euskalerria.

En Carranza (B), por el contrario, se estima que a los flemones, pese a tratarse de un tipo de inflamación, nunca se les debe aplicar calor. Éste se emplea con el fin de madurar una inflamación hasta que reviente y expulse el pus, pero no se debe obrar así con los flemones, bien al contrario es conveniente aplicarles frío para que se resuman. Se conoce el siguiente tratamiento consistente en el uso de cataplasmas frías: En un paño fino se vierte sal, se empapa con vinagre y se apoya sobre la mejilla. Periódicamente se vuelve a humedecer con vinagre para mantenerlo fresco. Se dice que estos ingredientes tienen además la propiedad de resumir el flemón pues “comen la sangre y el pus”. Una informante recuerda un remedio al que le sometió su propia madre para curarle un flemón. Machacó caracoles con cáscara incluida sobre un paño y después se lo puso en la cara de tal modo que la papilla quedase en contacto con la piel y el paño por fuera sujetando la masa.

En Hondarribia (G) para los flemones se ponía un emplasto de sal y vinagre. En dos o tres días reventaban. En Aoiz (N) se colocaba sobre el flemón un ungüento de belladona. Los pastores de Gorbea (B) colocaban la lana con grasa y sudor que rodea el escroto del carnero[2]. En Amorebieta (B) se utilizaba para los flemones la manteca derretida de la gallina.

En el Valle de Erro (N) las inflamaciones producidas por flemones se mejoraban aplicando, lo más caliente que se pudiera aguantar, un emplasto que se preparaba friendo manzanilla en aceite de oliva, agregando harina tostada y extendiéndolo entre guatas.

Nogal, intxaurra. Fuente: Archivo particular Familia de Iñaki Zorrakin Altube.

En Beasain (G) si duelen los dientes porque se tiene alguna infección, se enjuaga la boca con una infusión de pasmo-belarra. En Arraioz (N) con agua de manzanilla y en Zerain (G) con una cocción de hojas de nogal.


 
  1. Gerardo LÓPEZ DE GUEREÑU. “Folklore de la Montaña Alavesa” in AEF, XX (1963-1964) p. 27.
  2. Andoni REKAGORRI. “Medicina en la comunidad pastoril de la sierra de Gorbea” in Etniker Bizkaia. Núm. 5-6 (1992) p. 80.