Diferencia entre revisiones de «Materiales de construccion»

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Revisión del 08:54 19 dic 2018

Los materiales utilizados en la construcción de los muros exteriores de las casas han sido la piedra, la madera y la tierra, cocida en forma de ladrillo o sin cocer como adobe o tapial.

Como se podrá observar por las descripciones que se recogen a continuación, estos materiales son un reflejo de los disponibles en el entorno inmediato. En este sentido esta parte de la casa no es una excepción.

Sin embargo, Urabayen, ya a finales del segundo decenio del siglo XX, advertía que la facilidad de las comunicaciones iba popularizando poco a poco el uso de otros materiales como el cemento y el acero, o el de los anteriores en zonas donde no era fácil disponer de ellos[1].

Piedra. Hareharria, karehatxa

Ha sido frecuente en el territorio estudiado que las casas tengan sus muros exteriores de piedra, generalmente de mampostería y con sillarejo o sillería en los esquinales así como para delimitar puertas y ventanas, que son las partes de la construcción que más pudieran resentirse.

En euskera los muros exteriores han recibido las denominaciones de ormak en Busturia, Kortezubi (B) y Oñati (G), borma o mugaila en Valle de Roncal (N), murliak en Heleta (BN), murria en Urepele (BN) y Liginaga (Z), y paita en Gorriti (N); en Deba-Mutriku (G) todo cierre de pared recibía el nombre de ormia y las paredes de la casa etxe-paretia. En Orozko (B) las paredes maestras que soportan el peso del edificio reciben el nombre de medilena.

Según Urabayen éste es el material preferido por los habitantes de Navarra hasta el punto de que los demás pueden considerarse como complementarios, caso de los entramados, o como sustitutos forzosos: ladrillo, adobe, tapial y cuevas. Por ejemplo en las cuencas de los ríos Larraun y Leizaran, abundantes en bosques, apenas se ven entramados y hasta los pisos de los balcones son de losas. Y en los límites de la zona de la piedra y de la tierra, pueblos como Allo y Larraga (N), entre otros, pueden considerarse como de piedra. En cuanto a las cuevas, la carencia absoluta de las mismas en la zona de la piedra es otra prueba de lo mismo. Aún en la zona de pleno dominio de la tierra se recurre a la piedra siempre que sea posible, como en Villafranca (Ordizia) (G), donde se ven paredes construidas con relleno de canto rodado y mortero entre pilares de ladrillo. Es piedra que vale poco pero es la única de que pueden disponer y la aprovechan. Por lo tanto se puede afirmar que se ha tendido a dar a la vivienda la mayor solidez posible[2].

Muros exteriores construidos con piedra. Caserío Baraia, Mañaria (B), 1970. Fuente: Archivo particular Javier Perea.

En Abezia (A) las paredes exteriores o maestras solían ser de piedra caliza, que es la propia del lugar y tienen un grosor muy considerable con objeto de soportar el peso de toda la construcción. Por el contrario las que separan la cuadra y el pajar de la vivienda propiamente dicha son muchas veces de adobe. El uso de la piedra de sillería, de mayor tamaño y trabajada, se limitaba a los recercos de puertas y ventanas, y a los esquinales.

En Apodaca (A) las paredes son anchas, de piedra caliza margosa. Las exteriores se llaman maestras y las que separan la casa de las cuadras y el pajar, medianía. En Lagrán (A) también son de mampostería de caliza.

En Bernedo (A) debido a la dureza del clima los muros son gruesos. Están levantados con piedra y con una mezcla de tierra y cal, y cuentan con un grosor de 65 a 70 cm. En alguna casa a partir del primer piso reducen su anchura a 55 cm, en otras continúan hasta el tejado con su grosor inicial.

En Pipaón (A) las casas han tenido paredes levantadas con pequeñas piedras cuyas dimensiones han oscilado entre 70 cm en el caso de las más estrechas y 90 cm en las más gruesas. En Valdegovía (A) estos muros de mampostería tienen poco más o menos 70 cm de grosor.

En Apellániz (A) las paredes exteriores son de mampostería, muy gruesas, de 70 a 90 cm de espesor, con los esquinales de sillería, siendo igualmente de sillar las jambas y el dintel de la puerta, así como las cuatro losetas: dos verticales y dos horizontales que forman el recuadro de las ventanas teniendo algunas labrados los antepechos y remates.

En el Valle de Zuia (A) en relación a los muros de carga y según el material empleado, se pueden clasificar en muros de mampostería, más o menos labrados; muros de sillería o sillarejo, constituidos por la piedra natural labrada; y muros de ladrillo y de bloques de hormigón. La sillería se reserva para los esquinales, dinteles y recercos de los huecos. En las edificaciones que presentan algún alzado de sillería la piedra utilizada es de arenisca por su docilidad. Los muros de carga de los caseríos llevan en su inmensa mayoría aparejo de mampostería ordinaria.

En Berganzo (A) las paredes exteriores se levantaban con toba. La proximidad de Tobera y su valle paralelo al del Inglares por el norte, explica sin duda el empleo de este material. Otra cantera de toba próxima era “el Tobal” de Ocio, y dentro de la jurisdicción de Berganzo se explotaba antaño una pequeña cantera de este material situada en San Baules, en el término de La Rasa.

En Moreda (A) la fábrica de la fachada de las casas es muy variada: hay casas de sillería en su primer cuerpo y de mampostería con rejuntado rehundido en el segundo; mampostería concertada; sillarejo y ladrillo en la logia; mampostería con esquinales y recercos de huecos de sillería; sillería bien escuadrada; mampostería revestida con una fuerte carga de cal; sillería en esquinales; mampostería revocada y encalada; mampostería y ladrillo.

Casa de sillería. Moreda (A), 1999. Fuente: José Ángel Chasco, Grupos Etniker Euskalerria.

En Busturia (B) las paredes se levantan con errekarrijek (piedra de río, cantos rodados), arenisca y caliza. El empleo sistemático de la piedra caliza, karetxa, es reciente según un informante albañil; sin embargo, podemos observar en caseríos construidos a mediados del siglo XIX el empleo mayoritario de la piedra caliza en la construcción de los muros. Estas piedras a veces se encuentran colocadas a hueso y revocadas posteriormente con mortero.

En Trapagaran (B) las paredes de los caseríos son de mampostería, alternándose piedra caliza, cayuela, arenisca y trozos de mineral para el relleno de los muros. Los ángulos de fachadas, ventanas, entradas, etc., son de sillería, realizados con piedras calizas o arenisca.

En Orozko (B) las casas mejores tienen piedras de sillería en las esquinas y en las ventanas. Estas piedras son de color arena cuando es piedra arenisca, arearria, arañearri, o de color gris si es caliza, kareatxa o atxarria. Para los muros exteriores se empleaban piedras areniscas que eran más fáciles de labrar por los canteros. Tienen además la propiedad de absorber la humedad sin descomponerse mientras que la caliza se resquebraja por las vetas que presenta y se desprende por capas.

En Uharte-Hiri (BN) las paredes están hechas con mampostería unida con mortero de cal y arena, salvo los ángulos, que son por lo general de piedra tallada.

En Andraka (B) y Elosua (G) los muros son gruesos y de mampostería. En Liginaga (Z) las paredes exteriores se hacen con piedra caliza, abundante en la región, al igual que en Aria (N).

En el Valle de Carranza (B) la piedra más utilizada ha sido la arenisca de color grisáceo ocre (rubia). Es un tipo de piedra abundante a lo largo y ancho del Valle y que se ha extraído en multitud de canteras. Este tipo de piedra se localizaba principalmente en el mampuesto de los muros de carga, reservándose la sillería para los esquinales, los pipianos y el recerco de los huecos. El labrado de ésta se terminaba generalmente a puntero, observándose que a medida que la casa es más moderna, la terminación de la piedra es más ordinaria. El mampuesto de los muros aparece a la vista en múltiples ocasiones y en otras queda revocado con arena y cal, si bien es unánime el total revocado y encalado de la fachada principal. La caliza, de la que existen importantes afloraciones, se ha empleado asimismo en la construcción. Es de color gris y se encuentra principalmente como aparejo en esquinales y pipianos y en los muros de carga compartiendo el mampuesto con la arenisca. Otro tipo de piedra también utilizada, aunque en menor cuantía que las anteriores, es el gabarro. Es de naturaleza calcárea-silícea, de color negro, localizada en los concejos de Matienzo y Sangrices y utilizada como mampuesto en los muros, entremezclada con la arenisca.

En Gautegiz-Arteaga (B) para construir las casas se recurría a piedra extraída de canteras locales; en el barrio de Islas se obtenía karearria, caliza, en el monte Antolarra, arri zuria, literalmente piedra blanca, que era parecida al mármol, y entre Muruetagana y Ereño, arri gorria, también literalmente, piedra roja.

En Abadiño (B) todos los caseríos están construidos con piedra arenisca. Los más elegantes tienen toda la fachada de piedra labrada, pero normalmente se coloca sólo en las esquinas, en los arcos y alrededor de puertas y ventanas.

En Zeanuri (B) las paredes exteriores se levantaban con piedras areniscas, arearriak. En su base y hasta alcanzar la primera planta tienen una anchura de 80 a 90 cm. A esta altura su grosor se reduce por la parte interior en unos 10 ó 15 cm y a esta reducción se la denomina ormeari agine atera. Al llegar a la planta superior se reduce de nuevo la anchura de modo que en su parte más alta cuenta con un grosor de 50 ó 60 cm. En los ángulos de los muros se colocaban piedras de mayor tamaño, eskiñarriak, labradas por sus dos caras exteriores.

En Astigarraga (G) muchas paredes son de piedra caliza. En otras casas se observa piedra de mármol. Los muros exteriores son de mampostería y a veces cuentan con bloques de sillería en las esquinas. Eran más o menos de un metro de grosor.

En Beasain (G) tanto en los cimientos como en las paredes maestras y en las interiores, el material utilizado era el que se encontraba más cercano, en la mayoría de los casos piedra arenisca, argorrie, cantos rodados, y en ocasiones pizarra dura, arbela, e incluso las tres entremezcladas. En las cuatro esquinas se colocaba piedra de sillería, estando mejor labrada la de la fachada principal. Actualmente en casi todos los caseríos las cuatro paredes exteriores son de piedra hasta el tejado, siendo contados los que han utilizado otros materiales como el ladrillo colocado a caravista o que conservan las tablas de madera para hacer el cierre a partir de la primera planta.

En Ezkio-Itsaso (G) en las construcciones recientes cuando se realizó la encuesta a finales del segundo decenio del siglo XX, las paredes se hacían con piedra de ofita, arri belxa, de la que había una cantera grande en el monte Beotegi, y pizarra de mala calidad de la que se servían también a falta de un material mejor. En los edificios antiguos se observa que además de los anteriores componentes hay muchas piedras sillares, arlanduk, areniscas de procedencia extraña, colocadas especialmente en los marcos de las puertas y ventanas y en los ángulos de las paredes. La pared exterior tiene ordinariamente un grosor de unos 80 cm hasta el piso y algo menos de ahí hacia arriba.

En Aintzioa y Orondritz (N) son de piedra de la zona ensamblada con mortero. Se trata de piedra corriente y poco cuidada; las esquinas, ventanas y dinteles presentan sillares de mejor fábrica, de hecho las esquinas presentan hermosas piedras talladas.

En Eugi (N) las paredes maestras y los cimientos eran de grandes bloques de piedra. Los muros llegaban a alcanzar hasta un metro de grosor y se rellenaban en su interior con mortero o arena del río cercano. Para las uniones entre los bloques empleaban cal. En las esquinas y enmarcando las puertas y ventanas de las fachadas empleaban sillares labrados que sobresalían un poco y aparecían pintados de rojo para que destacaran sobre el blanco de la fachada.

En Isaba, Urzainki y Uztárroz (Valle de Roncal-N) para la construcción se empleaba la piedra de río, siendo la labra de su cantería mejor o peor dependiendo del poder adquisitivo de la familia.

Casa de piedra en el barrio de Irigoien, Uztarroz (Valle de Roncal-N), 2004. Fuente: Pablo Orduna, Grupos Etniker Euskalerria.

En Juslapeña (N) donde a mediados de los años veinte de la pasada centuria tomaron como ejemplo una casa del siglo XVIII (Juankotorena), el material empleado en los muros de la misma es de mampostería, excepto en las esquinas y encuadramientos de puertas y ventanas en que es de sillar, principalmente lo que en forma de pirámide abarca la puerta de medio punto y dos ventanas superiores, que le da un aspecto de solidez y ornamento a la fachada.

En Améscoa (N) la casa tiene gruesas paredes de mampostería hechas con piedra y argamasa de cal y tierra arenosa. Estas paredes están ensambladas con sillares en los cuatro ángulos.

En Mirafuentes (N) los muros presentan una anchura de unos 60 cm. Se cuidaba que tuvieran las dos caras con piedra buena ya que era lo que quedaba a la vista, rellenándose la zona interior con el material sobrante.

En San Martín de Unx (N) antaño tenían por lo general un grosor de 60 cm. De vez en cuando se colocaba una pasadera, que era una piedra que cruzaba el muro de lado a lado, y le confería estabilidad.

En algunas poblaciones los muros laterales se prolongan más allá de la fachada con un fin protector. Así, en Gorriti (N) había casas que tenían en uno o en ambos costados de la fachada salientes o avances de las paredes laterales, llamados fraileak, que resguardaban a la fachada de los vientos más destemplados del invierno.

En el Valle de Carranza (B) estas prolongaciones laterales, denominadas pipianos o machones, son uno de los elementos más característicos del caserío local. Consisten en la prolongación de los dos muros laterales con un acabado en el frente de piedra de sillería, que sirven de protección a los balcones corridos.

En Sara (L), en muchas casas los muros laterales, rebasando el plano de la fachada, avanzan como medio metro o algo más. Así la fachada queda protegida contra los vientos que soplan a ambos costados mediante tal saliente, que se llama arrortz.

Un caso particular lo representa el avance de la fachada pero a partir de la primera planta por lo que bajo la misma queda un espacio protegido de las inclemencias atmosféricas. Cuando son varias las casas adosadas lateralmente que se construyen así se forman soportales.

Un ejemplo típico lo constituyen determinadas calles del núcleo de algunas villas. Así encontramos en Agurain (A) casas con soportales sostenidos por columnas de madera con poyal de piedra o íntegramente de piedra que además de aligerar la construcción proporcionan protección frente al sol y la lluvia.

Casas con soportales. Agurain (A), principios del siglo XX. Fuente: Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz: Foto Guinea.

En Markinez (A) había en la plaza del pueblo tres casas unidas por paredes de medianería de las que avanzaba al frente un cuerpo, que se sostenía sobre unos pilotes de roble, originando unos soportales.

En Sangüesa (N) un caso especial son las casas sobre soportales, de las que únicamente se han conservado dos ejemplares en la antigua plaza del Castillo, también llamada por ello la Galería. En esta plaza, que se abrió hacia la Calle Mayor durante la segunda mitad del siglo XVI, al construirse la casa consistorial sobre arcadas, se levantaron en ambos flancos laterales casas sobre soportales para ubicar en sus bajeras los talleres de los oficios artesanales y diversas tiendas.

Otro elemento de protección, pero en este caso del propio muro, ha consistido en la colocación de una piedra junto al mismo para evitar que fuese golpeado por los carros.

En Abadiño (B) se trataba de una piedra cilíndrica colocada en la esquina inferior de la fachada cuya finalidad era proteger ésta de los golpes causados por los vehículos o los carros.

En Aoiz (N) algunas casas aún conservan en las esquinas que dan a una calle principal, sobre todo en las que había que girar, unas piedras de unos cincuenta centímetros de altura que, al parecer, protegían la casa del golpe de los carros. Esta misma función debían de tener los rebajes que se observan en la parte exterior de las esquinas de otras casas.

Un aspecto característico de las casas de Mélida (N) es que las situadas en las esquinas entre dos calles presentan en el ángulo unas grandes piedras recostadas cuya finalidad, según los informantes, era evitar que las ruedas de los carros chocaran con las fachadas al hacer el giro.

Madera. Aizkola

En ocasiones las casas de piedra incluyen madera en la estructura de los muros exteriores formando entramados. Es un rasgo de antigüedad en la construcción que enlaza con un pasado en el que los edificios eran íntegramente de este material. Hasta nuestros días o al menos hasta décadas recientes han perdurado algunas casas en las que el cerramiento de madera era aún mayor abarcando todo el perímetro de la planta superior.

A continuación recogemos alguna descripción de cierres con tablas. También se constata la transición (sobre todo en un apartado posterior dedicado a los muros con entramado de madera) que ha venido dada por la reducción del número de lados cerrados así a la fachada o la sustitución de las tablas que cubrían el entramado por ladrillos que cierran los espacios entre los pies derechos que forman el mismo.

En Ataun (G), Arin Dorronsoro, a mediados del segundo decenio del siglo XX, recogió que las construcciones más antiguas se caracterizaban por la poca elevación de la casa juntamente con la mucha extensión de su superficie. Las gruesas paredes de la base muchas veces no pasaban más arriba del primer piso y terminaban con un simple tablado medio abierto o con una pared delgada con entramado de vigas de roble. Los recios postes de esta misma madera que partían de la pared inferior y a los que correspondían otros paralelos en el interior de la casa, sostenían todo el peso del tejado, que casi siempre era de dos vertientes. Las vigas de roble que aparecían formando entramado en las paredes de las casas de construcción antigua se elevaban a veces paralelas y otras cruzadas. Esta última forma, de época probablemente posterior, daba más consistencia y solidez a la pared.

En estas construcciones más antiguas el lienzo exterior de la fachada solía estar cubierto de tabla de roble que ordinariamente tenía un metro escaso de longitud por quince centímetros de ancho. En uno de los costados terminaba en un filo llamado miztoa y en el otro llevaba una ranura para efectuar el ensamble. Se colocaba de forma muy parecida a las tejas, esto es, el extremo inferior de la tabla cubría el extremo superior de la de más abajo. La tabla antigua solía estar labrada con hacha y se llamaba por eso aizkola.

En la clasificación de edificios que Barandiaran realizó en esta misma población guipuzcoana, las casas de tipo Zubiaurre, que eran las más antiguas, tenían las paredes de mampostería hasta el primero y único piso, con piedra sillar en las esquinas, eskiñarri, y de tablas con entramado de postes y vigas en lo restante. Las más tenían pared de tabla sólo en el lado del frente o en la zaguera y en parte en los costados. Las tablas eran de roble, hechas y labradas con hacha, aizkolak, engargoladas y clavadas verticalmente por sus extremos en sendas viguetas. Éstas se hallaban ensambladas en otras verticales e inclinadas, constituyendo el conjunto un entramado generalmente invisible por fuera. Estas tablas se hacían a hacha porque en su fabricación no intervino la sierra, por ser este instrumento de uso más reciente.

Las casas de tipo Akotain, más modernas que las anteriores, que suponen un estado intermedio entre lo antiguo y lo moderno, tenían pared de mampostería hasta el primer piso y de piedra y entramado de madera hasta el tejado. Las de tipo Perune, más modernas, contaban con todas las paredes de piedra revocadas con cal y arena.

Esta descripción aportada por Barandiaran corresponde a mediados de la segunda década del siglo XX. Sin embargo, en los años cuarenta, según el mismo autor, ya era raro el tipo de construcción con los muros de piedra hasta el primer piso y de ahí hacia arriba de entramado de madera y tablas.

En Ezkio-Itsaso (G), por la misma época, en las casas más antiguas las paredes laterales y zaguera eran de mampostería y llegaban al tejado, mientras que la fachada, apoyada sobre postes, era un entramado de vigas cubierto con tabla labrada a hacha, aizkola. Ya entonces, el entramado, oltza, iba siendo sustituido por pared de ladrillo a media asta. Por esos años, en las casas modernas o en las antiguas que habían sido renovadas recientemente, todas las paredes eran de mampostería.

En Zerain (G) existen algunos caseríos con entramado de madera; de éstos uno mantiene el cierre de la fachada con tablas de roble o castaño labradas a hacha y llamadas burtolak; otros han sustituido la tabla por tabiques revocados; y alguno ha cerrado el hueco entre los piederechos de castaño, llamados zarrakote, con ladrillo macizo que puede quedar a la vista o encalado o revocado con mortero de cal y arena o cal y tierra.

En Zeanuri (B) se recogió a mediados del segundo decenio del siglo XX que en las casas antiguas las paredes hasta el primer piso eran de piedra y lo restante de cascajo o reforzado con un entramado de postes y viguetas de roble en la fachada principal, y de tablas clavadas a las viguetas en la parte zaguera. Esta última construcción de tablas y viguetas se llama altxidurea.

En Goizueta (N) la madera ha sido una materia prima fundamental. Todavía se encuentra madera en algunas fachadas principales como cerramiento de la parte superior y en algunos casos también en las paredes laterales.

En alguna población se puede constatar que la costumbre de cubrir los huecos entre los pies derechos de madera viene de antiguo. En Goizueta (N) el ladrillo es un material utilizado desde hace mucho tiempo, así se puede ver en algunos entramados que datan del siglo XVI. En los mismos también se utilizó escoria; como hubo tantas ferrerías en esta población, no resulta raro que la misma, zepa, se aprovechase con esta finalidad.

Caserío Munekogoikoa con cerramiento de madera. Barrio Urigoiti (Orozko-B), 1994. Fuente: Edurne Romarate, Grupos Etniker Euskalerria.

Con el transcurso del tiempo el uso de la madera como cerramiento ha quedado reducido a las construcciones complementarias.

Paradójicamente, en tiempos modernos se ha puesto de moda en las nuevas edificaciones colocar entramados de madera a modo de ornamentación en un intento por que las modernas casas se asemejen a las antiguas. Y a veces ni siquiera son de este material sino del mismo hormigón con el que está levantado o revocado el muro exterior, sólo que sobresaliendo sobre el plano de la fachada y pintados de modo que simulen el entramado.

Tierra, ladrillo, adobe y tapial

Donde falta la piedra se recurre a la madera, si se dispone de ella, y si no a la tierra misma. En la comarca de Navarra desprovista de bosques y ocupada por los terrenos miocenos, que es la de los cursos inferiores de los ríos Ega, Arga y Aragón y la de las riberas del Ebro, se ha utilizado tradicionalmente la tierra como material de construcción de las paredes de las viviendas. Según la elaboración que se le dé se obtienen tres materiales distintos: el ladrillo, el adobe y el tapial. Para obtener el primero se cuece la tierra, para los segundos basta dejarla secarse al sol.

Pero el habitante de estas comarcas de Navarra utiliza también la tierra de otro modo: excavándola y habilitando un hueco dentro de ella, del cual hace su vivienda. Se trata de las cuevas o viviendas subterráneas.

Como la tierra en forma de materiales de construcción se diferencia poco en su color del suelo (el ladrillo de la ribera de Navarra es blanquecino), los pueblos parecen confundirse con él. Es el caso de Caparroso, Cárcar, Lerín, Lodosa y Sesma.

La construcción con tierra parece contradecir en cierto modo la ley de la solidez, pero sólo en parte. Lo que sí es cierto es que este material, si se exceptúa el uso del ladrillo, era empleado exclusivamente para la construcción de las viviendas más humildes[3].

Como ya ha quedado reflejado, el ladrillo es otro elemento frecuente en las paredes exteriores de las casas.

Según Urabayen la tierra cocida formando ladrillo se utiliza preferentemente al sur de Navarra[4]. Sin embargo este material no ha sido exclusivo del territorio en el que la tierra ha resultado tan importante o más que la piedra, sino también de la zona septentrional. Conviene tener en cuenta que las tejeras fueron comunes en estas zonas y que además de tejas elaboraban ladrillos. Éstos, al igual que la madera, permitían aligerar el peso de los muros exteriores.

En Berganzo (A) los muros podían ser de mampostería, de sillería y de ladrillo, en este caso localizado en las zonas más altas de la casa.

En Berastegi (G) aparte de tres o cuatro edificios construidos en piedra de sillares, el resto son casas y caseríos de construcción sencilla. Las paredes son de piedra hasta la primera planta, bien de sillarejo o mampostería, y a partir de aquí de ladrillo.

En Viana (N) es raro encontrar fachadas totalmente de piedra sillar porque normalmente se utilizaba exclusivamente en la primera planta y a partir de ella el ladrillo; el mampuesto se reservaba para las fachadas secundarias.

En Aoiz (N) en algunas casas también se levantaron paredes de ladrillo. En las más antiguas era macizo, anaranjado y se dejaba a la vista. Hay pocos ejemplares que sigan este modelo y generalmente corresponden a recrecimientos en altura o a arreglos de casas antiguas.

En Agurain (A) en una de las casas descritas de la Calle Mayor, hasta la base de la segunda altura, la fachada es de piedra de sillería, donde aparece un saliente de madera sobre el que se apoya la estructura del armazón también de madera para soportar el tejado. El relleno de media asta de ladrillo macizo completa el cierre de esta segunda planta. El último cuerpo de la fachada es también de ladrillo revocado con cal. En otra casa, de labranza, las paredes de la fachada y de la trasera son de media asta de ladrillo macizo y las de los costados de piedra de mampostería hasta el tejado.

En Markinez (A) el ladrillo, combinado con capas intermedias de yeso y arena, formaba parte de las paredes laterales de casas antiguas.

Como ya se ha visto en el apartado anterior cuando las paredes exteriores presentan entramado de madera, entre el mismo, a veces, se ha utilizado el ladrillo.

Así ocurría en Ainhoa (L) donde el relleno del entramado era de ladrillo procedente de la tejera local.

En Kortezubi (B) algunas casas, por el lado de la fachada y a la altura del piso principal contaban con paredes ligeras de ladrillo con entramado de madera. En el tramo superior de la fachada de varios edificios antiguos se veían paredes de ladrillo.

En Barañain (N) antiguamente todas las casas estaban hechas de mampuestos pero como se fueron deteriorando, las reconstruyeron con ladrillo sobre una base de mampuestos originales. Casi todos los ladrillos empleados eran del mismo tamaño, de unos 40x20x5 cm, macizos y del tipo antiguo sin agujeros.

Dice Urabayen que el ladrillo es la forma más perfecta de utilizar la tierra como material de construcción. La dureza que adquiere en la cocción le presta una solidez y duración muy grandes, aunque también cierta fragilidad. Pero una vez hecho pared es tan fuerte como la piedra. Si a esto se une la facilidad de su manejo por tratarse de piezas regulares, pequeñas y de poco peso, hace que su uso se haya extendido notablemente[5].

Con el transcurso del tiempo se ha convertido en el principal material de construcción a la hora de levantar tabiques tanto exteriores como interiores, dejándolo incluso a la vista. Hasta tal punto ha llegado su importancia que hablar de ladrillo es sinónimo de hacerlo de actividad inmobiliaria.

Un elemento más, empleado en la construcción de muros, es el adobe, al que se ha recurrido en la zona más meridional del territorio estudiado, que es la de menor pluviosidad.

En Mélida (N) respecto al alzado de las casas, se pueden observar cuatro sistemas: toda la estructura de piedra; con el zócalo de piedra hasta una altura aproximada entre medio y un metro y el resto de adobe; el mismo sistema anterior pero con las esquinas reforzadas en todo su alzado mediante piedra; y todo de adobe.

Muro de adobe. Mélida (N), 1997. Fuente: M.ª Luisa García, Grupos Etniker Euskalerria.

En Sangüesa (N) cuando la pared es de adobe, nunca arranca este material desde el suelo sino que lleva varias filas de piedra.

En Murchante (N) hasta la década de 1940 las paredes exteriores solían fabricarse con adobe o adoba, al igual que los tabiques interiores de las casas más antiguas y humildes. Los muros de adobe eran gruesos pues al construirlos colocaban dos adobes juntos, por sus lados más cortos.

En Añana (A) la mayoría de las casas de la villa tienen la misma estructura: un primer cuerpo de piedra y el resto en adobe, y también armazón de madera con piedra y yeso.

En Markinez (A) todas las casas eran de mampostería en su frente mientras que en las paredes laterales y en la zaguera eran frecuentes el adobe y el ladrillo. El adobe de las laterales ocupaba generalmente el espacio comprendido entre una línea horizontal, que iba de uno a otro extremo de los aleros, y el galluz o caballete, originando un triángulo isósceles cuya base descansaba sobre la pared; o también daba lugar a un rectángulo dependiendo de la disposición de las vertientes del tejado. Sin embargo no siempre arrancaba la pared de adobe de la línea horizontal citada sino que a veces partía de más abajo, en cuyo caso el triángulo pasaba a ser un pentágono irregular. Solamente había cuando aquello una casa en la que el adobe ocupaba el cuerpo superior de la fachada principal.

Las casas y cabañas que llevaban un cuerpo de adobe, tenían unas zapatas que descansaban sobre la mampostería en posición horizontal; sobre estas zapatas iban vertical u oblicuamente unos entrepiés, también de roble, y entre éstos se colocaban las piezas de adobe.

En Moreda (A) en las casas en las que se recurría al adobe como material de construcción, si alcanzaban mucha altura, entonces hasta el primer piso las levantaban con piedra y el resto, segundo piso y alto, se hacía de adobe.

En Aoiz (N) este material fue utilizado en alguna casa muy antigua y también en recrecimientos; hoy en día no se usa.

En Valtierra (N) el adobe, o adobas como se dice, se utilizó para las paredes durante la primera mitad del siglo XX. Después se fue imponiendo el ladrillo, sobre todo para las fachadas, y finalmente los bloques y vigas de hormigón para techos y paredes de corrales.

Fachada de ladrillo de la Calle Mayor. Valtierra (N), 2001. Fuente: Daniel Miranda, Grupos Etniker Euskalerria.

Según Urabayen los adobes representan, después de las viviendas subterráneas, el modo más simple de obtener materiales de construcción empleando la tierra. Sólo hay que reducir ésta a barro y tomar unas porciones que se dejan secar al sol. Las propiedades de este material le hacen ser mirado como imperfecto, puesto que el agua lo disgrega. Pero en Navarra si bien es cierto que la zona del adobe se extiende por la de 350 a 450 milimetros de lluvia anual, la más seca, se encuentran viviendas construidas con este material en la zona de 700 a 750 milímetros, tal es el caso de Esquiroz, cerca de Pamplona. En este pueblo, la mayor parte de las casas eran de adobe en el segundo decenio del siglo XX y se veían algunas que contaban con más de un siglo de existencia y todavía se mantenían perfectamente.

Por otra parte es un buen aislante, más aún que la piedra o el ladrillo. Esa condición debería hacerlo estimable en la construcción, pero por el contrario era mirado con desprecio. Según este autor había en esta falta de estimación una especie de esnobismo, que nacía del hecho de verlo empleado por las clases humildes.

Se dice también que tan sólo sirve para pequeñas construcciones, pero el autor insiste en que lo vio empleado en viviendas tan grandes como las construidas con otros materiales[6].

Otra forma de levantar paredes ha sido mediante tapial. Es otra forma de emplear la tierra por simple secado al sol.

En Sangüesa (N) abunda la tierra arcillosa, con ella, añadiéndole pequeñas piedras, se hacía tapial o pared, rellenando con ella un encofrado de madera.

En Mirafuentes (N) existían las llamadas paredes de terrazo, realizadas con cascajo, cal y agua, que mezclados en un encofrado de madera se pisaban y dejaban secar para ir levantándolas poco a poco.

En Murchante (N) para las paredes de los corrales o huertos se utilizaba el tapial formado por piedra y cascajo o lo que se denomina localmente tapas de tapeo, es decir, una pared de tablillas separadas a escasos milímetros y cubiertas con arcilla y paja.

Según Urabayen el área de extensión de este material viene a coincidir más con la de las cuevas que con la del adobe. La transformación es aún menor en el tapial que en el adobe, pero el primero no es tan sólido como el segundo. Por eso se emplea siempre en las paredes encuadrado entre otros materiales resistentes, ladrillos generalmente[7].


 
  1. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. De arquitectura popular. Madrid: 1929, pp. 79-80.
  2. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. De arquitectura popular. Madrid: 1929, pp. 96 y 99.
  3. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. De arquitectura popular. Madrid: 1929, pp. 109-110.
  4. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. De arquitectura popular. Madrid: 1929, p. 79.
  5. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. De arquitectura popular. Madrid: 1929, p. 117.
  6. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. De arquitectura popular. Madrid: 1929, pp. 114 y 116.
  7. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. De arquitectura popular. Madrid: 1929, pp. 116-117.