Diferencia entre revisiones de «Muertes repentinas bertan beherako heriotza»

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Las muertes repentinas son motivo de preocupación ya que no se tiene la oportunidad de prepararse a bien morir, pero por otro lado se piensa que de este modo se evitan los sufrimientos que en ocasiones preceden al óbito (Agurain-A). En Gorozika (B) se dice que debido a la ausencia de sufrimiento se ha considerado la muerte de los ricos, ''aberatsen eriotza''.
  
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Algunos informantes interpretan este tipo de muertes como un castigo divino. Así en Apodaca (A) cuando una persona de mala nota moría de repente se consideraba como un aviso de Dios.
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En Abadiano (B) cuando alguien que había llevado mala vida moría de repente se decía que había sido castigo de Dios, ya que no le había dado ocasión de arrepentirse. Este acontecimiento suponía un gran disgusto para la familia porque se presumía que no le había dado tiempo a lavar su conciencia ni a recibir los últimos sacramentos.
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También en Nabarniz (B), Arrasate, Bidegoian (G) y Lekunberri (N) se interpretaba antaño la muerte repentina como un castigo de Dios.
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En Zerain (G) era motivo de apesadumbramiento porque se pensaba igualmente que era un castigo divino. Morir en la cama, rodeado de la familia, asistido por la parroquia, se consideraba una muerte digna y deseable que se traducía en frases hechas que se pronunciaban repetidas veces: “''Zer egingo da ba; oian il da, beintzat bere gauza guztik eginda''” (Qué le vamos a hacer, al menos ha muerto en la cama después de cumplir sus deberes).
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En Beasain (G) antaño se tenía la muerte repentina como señal de mala suerte y la familia se mostraba muy apesadumbrada porque el fallecimiento se hubiera producido antes de dar tiempo a cumplir con los últimos ritos de confesión y viático.
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En Lezaun (N) invocaban a Santa Bárbara para que les librara de los peligros de muerte repentina: “Santa Bárbara, líbranos de muertes repentinas, de rayos y de centellas”. Se tenía pánico a estos hechos porque en ellos no daba tiempo a efectuar la confesión; si al menos se llegaba a santiguarse o a rezar un “Señor mío Jesucristo”, esto tranquilizaba a la familia.
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En Bidegoian (G) si bien hoy día se desea una muerte rápida, las personas mayores dicen que quieren morir en su cama, rodeadas de la familia y del cura para que les administre la extremaunción.
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A pesar de lo dicho se observa una cierta resignación cuando acontece una de estas muertes, atribuyéndola a la voluntad de Dios.
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En Amézaga de Zuya (A) tras la sorpresa inicial se aceptaba con resignación: “Si ha muerto será porque Dios lo ha querido”. En Berganzo (A) se dice que Dios lo quiere así o que le ha llegado la hora al difunto. En Murchante (N) creían que era algo querido por Dios, “que estaba en los destinos”.
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En Muskiz (B) se oyen expresiones como que “le llegó la hora” o “tenía que ser así”. En Aoiz (N) se dice que “es el destino”, se tiene la creencia de que este tipo de muerte está escrita.
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Hoy en día las muertes repentinas se atribuyen a causas naturales, destacando entre ellas las originadas por accidentes vasculares y sobre todo por problemas cardiacos.
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En Beasain (G) ahora que se conocen popularmente las enfermedades cardiovasculares, las muertes repentinas se tienen como algo más natural.
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En Berganzo, Ribera Alta (A); Eugi, Goizueta (N) y Liginaga (Z) se atribuyen a problemas cardiacos. En Amorebieta-Etxano (B) a problemas de corazón o de tensión arterial. En Oñati (G) a ataques de corazón o derrames cerebrales. En Tiebas (N) a la tensión alta y a derrames cerebrales. En Murchante (N) a infartos.
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En Moreda (A) se dice del que ha fallecido repentinamente que ha muerto de un colapso, un ataque, un fallo del corazón, un cólico miserere, algo que le ha dado a la cabeza, un infarto, una embolia o una subida de tensión.
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En Mendiola y Valdegovía (A) se atribuyen a disgustos y malas noticias. En Mendiola además a subidas o bajadas de tensión y paros cardiacos y en Valdegovía a borracheras, congestiones, un empacho o un fallo del corazón. En Nabarniz (B) a fallos cardiacos, disgustos familiares y problemas domésticos.
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En Pipaón (A) se creen debidas a causas vinculadas al corazón. Si se producen de noche también pueden ser por cenas copiosas: “De grandes cenas están las sepulturas llenas”. En Astigarraga (G) se piensa que suelen estar provocadas por ataques, por perlesía o parálisis o por tensión arterial. En Muskiz (B) se dice del que fallece repentinamente que ha muerto de un soponcio y en Amézaga de Zuya (A) a veces hablan simplemente de que le ha dado un patatús.
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En Bermeo (B) cuando ocurre una muerte repentina por un ataque cardiaco o un accidente cerebro-vascular (trombosis, embolia, hemorragia), se suelen referir al mismo con la expresiva frase “''burutik berakoak emon deutso''” que en castellano se podría traducir libremente por “le ha dado un patatús”, aunque su traducción literal es “le ha dado un de la cabeza hacia abajo”. La expresión es similar a la que se utiliza para indicar el suicidio: “''beran burua bota dau''”, textualmente “ha tirado su cabeza”.
  
  
 
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Revisión actual del 06:27 27 jun 2019

Las muertes repentinas son motivo de preocupación ya que no se tiene la oportunidad de prepararse a bien morir, pero por otro lado se piensa que de este modo se evitan los sufrimientos que en ocasiones preceden al óbito (Agurain-A). En Gorozika (B) se dice que debido a la ausencia de sufrimiento se ha considerado la muerte de los ricos, aberatsen eriotza.

Algunos informantes interpretan este tipo de muertes como un castigo divino. Así en Apodaca (A) cuando una persona de mala nota moría de repente se consideraba como un aviso de Dios.

En Abadiano (B) cuando alguien que había llevado mala vida moría de repente se decía que había sido castigo de Dios, ya que no le había dado ocasión de arrepentirse. Este acontecimiento suponía un gran disgusto para la familia porque se presumía que no le había dado tiempo a lavar su conciencia ni a recibir los últimos sacramentos.

También en Nabarniz (B), Arrasate, Bidegoian (G) y Lekunberri (N) se interpretaba antaño la muerte repentina como un castigo de Dios.

En Zerain (G) era motivo de apesadumbramiento porque se pensaba igualmente que era un castigo divino. Morir en la cama, rodeado de la familia, asistido por la parroquia, se consideraba una muerte digna y deseable que se traducía en frases hechas que se pronunciaban repetidas veces: “Zer egingo da ba; oian il da, beintzat bere gauza guztik eginda” (Qué le vamos a hacer, al menos ha muerto en la cama después de cumplir sus deberes).

En Beasain (G) antaño se tenía la muerte repentina como señal de mala suerte y la familia se mostraba muy apesadumbrada porque el fallecimiento se hubiera producido antes de dar tiempo a cumplir con los últimos ritos de confesión y viático.

En Lezaun (N) invocaban a Santa Bárbara para que les librara de los peligros de muerte repentina: “Santa Bárbara, líbranos de muertes repentinas, de rayos y de centellas”. Se tenía pánico a estos hechos porque en ellos no daba tiempo a efectuar la confesión; si al menos se llegaba a santiguarse o a rezar un “Señor mío Jesucristo”, esto tranquilizaba a la familia.

En Bidegoian (G) si bien hoy día se desea una muerte rápida, las personas mayores dicen que quieren morir en su cama, rodeadas de la familia y del cura para que les administre la extremaunción.

A pesar de lo dicho se observa una cierta resignación cuando acontece una de estas muertes, atribuyéndola a la voluntad de Dios.

En Amézaga de Zuya (A) tras la sorpresa inicial se aceptaba con resignación: “Si ha muerto será porque Dios lo ha querido”. En Berganzo (A) se dice que Dios lo quiere así o que le ha llegado la hora al difunto. En Murchante (N) creían que era algo querido por Dios, “que estaba en los destinos”.

En Muskiz (B) se oyen expresiones como que “le llegó la hora” o “tenía que ser así”. En Aoiz (N) se dice que “es el destino”, se tiene la creencia de que este tipo de muerte está escrita.

Hoy en día las muertes repentinas se atribuyen a causas naturales, destacando entre ellas las originadas por accidentes vasculares y sobre todo por problemas cardiacos.

En Beasain (G) ahora que se conocen popularmente las enfermedades cardiovasculares, las muertes repentinas se tienen como algo más natural.

En Berganzo, Ribera Alta (A); Eugi, Goizueta (N) y Liginaga (Z) se atribuyen a problemas cardiacos. En Amorebieta-Etxano (B) a problemas de corazón o de tensión arterial. En Oñati (G) a ataques de corazón o derrames cerebrales. En Tiebas (N) a la tensión alta y a derrames cerebrales. En Murchante (N) a infartos.

En Moreda (A) se dice del que ha fallecido repentinamente que ha muerto de un colapso, un ataque, un fallo del corazón, un cólico miserere, algo que le ha dado a la cabeza, un infarto, una embolia o una subida de tensión.

En Mendiola y Valdegovía (A) se atribuyen a disgustos y malas noticias. En Mendiola además a subidas o bajadas de tensión y paros cardiacos y en Valdegovía a borracheras, congestiones, un empacho o un fallo del corazón. En Nabarniz (B) a fallos cardiacos, disgustos familiares y problemas domésticos.

En Pipaón (A) se creen debidas a causas vinculadas al corazón. Si se producen de noche también pueden ser por cenas copiosas: “De grandes cenas están las sepulturas llenas”. En Astigarraga (G) se piensa que suelen estar provocadas por ataques, por perlesía o parálisis o por tensión arterial. En Muskiz (B) se dice del que fallece repentinamente que ha muerto de un soponcio y en Amézaga de Zuya (A) a veces hablan simplemente de que le ha dado un patatús.

En Bermeo (B) cuando ocurre una muerte repentina por un ataque cardiaco o un accidente cerebro-vascular (trombosis, embolia, hemorragia), se suelen referir al mismo con la expresiva frase “burutik berakoak emon deutso” que en castellano se podría traducir libremente por “le ha dado un patatús”, aunque su traducción literal es “le ha dado un de la cabeza hacia abajo”. La expresión es similar a la que se utiliza para indicar el suicidio: “beran burua bota dau”, textualmente “ha tirado su cabeza”.