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La particularidad más interesante que ofrecían las ventanas en tiempos pasados era su relativa escasez y su pequeño tamaño. Pero esta escasez y pequeñez no era tan sólo una consecuencia del clima sino más bien de una distinta forma de entender el papel desempeñado por la luz y el aire.

Los adelantos y la difusión de la higiene han introducido variaciones cada vez mayores en las dimensiones y número de los huecos. A este factor hay que agregar la dificultad que en otros tiempos existía para procurarse cristales. Ese cierre se hacía con una o dos hojas de madera en las cuales se abrían uno o dos ventanillos que no llevaban cristales. Este debió de ser el modo general de cubrir el hueco de las ventanas en tiempos pasados, sustituido después por cristales.

Con un sistema de cierre tan deficiente con el cual si la ventana estaba cerrada apenas entraba luz y si faltaban los ventanillos no entraba nada, y por el contrario si estaba abierta, pasaba el frío, no es de extrañar la tendencia a reducir los huecos tanto en tamaño como en número. Cuando el uso de los cristales se fue generalizando las ventanas pudieron ser mayores.

El número de ventanas y su tamaño también variaba dependiendo de en qué planta se ubicasen, así eran escasas y pequeñas en la cuadra y en el camarote mientras que eran más abundantes y de mayor tamaño en las dependencias utilizadas por los moradores. Por otro lado las ventanas suelen ser más grandes en la fachada principal y más pequeñas en las paredes laterales.

Saetera, lehiatila. Abadiño (B), 2005. Fuente: Rosa M.ª Ardanza, Grupos Etniker Euskalerria.

Parece ser general que cuanto más antigua es la casa menores son las dimensiones de todas sus ventanas. Como quiera que en las reformas que han experimentado las casas se han agrandado las ventanas de la o las plantas utilizadas como vivienda, las del camarote han quedado como testigo de las reducidas dimensiones de estos huecos en tiempos pasados, siempre y cuando esta planta no se haya habilitado también como vivienda.

Las contraventanas de madera han sido generales en el territorio estudiado y han servido para oscurecer las habitaciones o para preservar la intimidad cuando al anochecer se encendía la luz en su interior. Al parecer las que cierran por dentro han sido más antiguas que las exteriores, que presentan la ventaja de resguardar la madera de las ventanas de las inclemencias del tiempo.

Las ventanas por lo común se abren hacia dentro de la estancia y los laterales muestran un chaflán de tal modo que las dimensiones del hueco en la pared interior son superiores a las exteriores.

Pequeña ventana de camarote. Mendata (B), 2011. Fuente: Segundo Oar-Arteta, Grupos Etniker Euskalerria.

Álava

En Abezia las ventanas solían ser de tamaño muy pequeño con objeto de evitar que el frío entrara en las casas, lo que a su vez provocaba que fueran oscuras. Los marcos son de sillería y a veces moldurados en oreja, aunque en las casas de menor entidad los recercos son de madera de roble en rasante. En casos excepcionales cuentan con un alféizar saliente. Tienen contraventanas interiores; es lo que se conoce como ventanillos. En todas las casas solía haber también algunos ventanucos con un cristal; eran pequeñas rendijas que apenas dejaban entrar la luz y se ubicaban a la altura de las escaleras de acceso al camarote o en alguna habitación. En los camarotes más antiguos, dichas aberturas ni siquiera se protegían con cristal.

En el Valle de Zuia el clima es frío y lluvioso por lo que las ventanas son más bien pequeñas. El tamaño de las mismas así como su forma permiten determinar la antigüedad del edificio. Los que cuentan con más años presentan un número escaso de ventanas y su tamaño es reducido. Dos de las razones por las que ocurría esto eran la defensa contra el frío y frente a las personas. Con el transcurso del tiempo se fueron ampliando y abriendo nuevos huecos. Los ensamblajes son de madera en su totalidad, pero lo que aporta personalidad a una ventana son los recercos, normalmente de piedra de sillería con labra a veces muy buena. En las ventanas que no llevan recerco de piedra, el marco superior hace la vez de dintel y está colocado casi siempre en el exterior del muro. Los elementos que forman parte del ensamblaje de la ventana son el dintel, las peanas o marcos y los travesaños. En un principio las hojas eran de madera, cerrando el paso a la luz por la parte interior; con el transcurso del tiempo se fueron haciendo más livianas ya que la madera fue sustituida por cristal.

Ventana de recercos muy elaborados. Retes de Tudela (A), 2002. Fuente: Luis Manuel Peña, Grupos Etniker Euskalerria.

En Apodaca el marco exterior de las ventanas es de piedra, en varias con una losa grande en la parte superior; en otras es una pieza de roble. Las de la planta baja presentan una reja empotrada en la piedra o en el marco. Las antiguas carecen de contraventanas. La mayoría son de dos hojas con librillo o contraventana interior.

En Agurain las ventanas tienen predominantemente forma rectangular y son de dimensiones variadas, desde 0,35 m de anchura por 0,50 m de altura hasta 0,80x1,10 m. En general son más grandes las de la fachada principal que las de la trasera.

En Bernedo las dimensiones de las ventanas son variables predominando las de 1,20 m de altura por 60 ó 75 cm de anchura. Son de doble hoja.

En Lagrán las ventanas son frecuentes, dando la mayoría a las calles y correspondiendo todas ellas a las habitaciones mejores. En Pipaón en las ventanas había unos ventanillos de madera con un pequeño hueco que se abría y permitía mirar a través de él para saber quién llamaba o pasaba por la calle. Se conocía el cristal pero eran pocas las casas que contaban con él siendo en el siglo XX cuando se implantó definitivamente. Las ventanas de las cuadras se tapaban con helecho o paja los días de invierno que hacía frío.

En Berganzo las ventanas más antiguas se fabricaban a base de cuarterones totalmente ciegos con la apertura en alguno de los mismos; también presentaban forma rasgada y estrecha. Los cuarterones ciegos tenían la función de proteger de las inclemencias del tiempo y poco a poco se fueron sustituyendo por cristales. Con el paso del tiempo también se han ido ampliando sus dimensiones. En el tablado las ventanas aparecen a modo de huecos rectangulares apaisados o cuadrados, de reducido tamaño. Constan de dos hojas de madera con ventanillos ciegos. Las ventanas no aparecen en los cuatro costados de la casa sino en uno o dos como máximo. Para asegurarlas, aparte de sujetarlas interiormente mediante una tarabela de madera tanto en la parte superior como inferior, también se cerraban con una tranca del mismo material. En las cuadras aparecen a modo de tragaluces hechos de piedra de sillería. En cuanto a las medidas, las más grandes son de 80 cm de anchura por un metro de alto, pero normalmente tienen unas dimensiones más reducidas: 70x50 cm, con contraventanas y cristales partidos.

En Ribera Alta las ventanas estaban enmarcadas por piedra de sillería, la misma que se colocaba en los esquinales. Generalmente se disponían hacia la mitad del muro de carga y ése es el motivo de que fueran muy pequeñas. Las de dimensiones más reducidas solían medir 50x35 cm y las más grandes 76x56 cm. Al situarse en la parte central del muro y teniendo en cuenta el grosor del mismo, la ventana se podía colocar en la parte más interna y una contraventana a ras de la fachada; entre ambas quedaba por tanto un espacio considerable. La ventana interior solía llevar unos ventanos fabricados con la misma madera y cuya función era la de poder dejar la estancia sin luz del exterior. Tanto las ventanas como las contraventanas eran de dos hojas de madera que encajaban la una sobre la otra en el centro, y cada una de las hojas con dos o tres cristales. No todas las estancias de la casa contaban con estos huecos, las que carecían de ellos recibían el nombre de alcobas. Los sobraos o desvanes solían tener alguna.

En Añana las ventanas son de madera, generalmente de roble, pequeñas, de doble hoja y con ventanillos en la parte interior. Van fijadas a la pared sobre unos cargaderos de madera. Se cierran mediante cerrojillos o pestillos. En los palacios o casas importantes son más grandes, hay algunas de hasta dos metros.

En Valdegovía las casas más antiguas, las que son de piedra, suelen tener el marco de estos huecos de sillares. Las ventanas son rectangulares, de madera y en ocasiones tienen contraventanas interiores que se cierran con pestillos. Para asegurarlas mejor cuentan con trancas interiores.

En Moreda las casas antiguas poseen las ventanas o vanos de muy diversas maneras: adinteladas; adinteladas, recuadradas o recercadas en oreja con alféizares salientes, a veces con recercos de madera rasante, y una con dintel curvo; y adinteladas y acodilladas. Suelen ser de madera al igual que las contraventanas, también llamadas sobreventanos. Las de antaño llevaban cristales pequeños. Las hojas de las ventanas giran sobre bisagras.

Bizkaia

En Andraka las ventanas son pequeñas y en la primera planta se hallan enmarcadas por sillares. En las construcciones nuevas o modernizadas los vanos son más amplios. Las contraventanas se sitúan en el interior. Las ventanas de las habitaciones y de la cocina se adornan con visillos. En la fachada de algunas casas y a la altura del camarote se abren respiraderos triangulares enmarcados por ladrillos, también se observa en algún caserío una aspillera, aunque este último hueco es más frecuente en las paredes de las cuadras.

En Busturia las ventanas, ya de cristal, cuentan con contraventana o persiana. Las del camarote sólo se cierran con una tapa de madera y se abren hacia adentro.

Contraventanas al exterior. Arratzu (B), 2011. Fuente: Segundo Oar-Arteta, Grupos Etniker Euskalerria.

En Bedarona las ventanas de antaño eran más pequeñas que las actuales. En cuanto a las estancias que las presentaban o no: en la cocina había dos ventanas, una daba a la pared lateral y la otra era frontal; en las habitaciones, kuartuek, al lado de la cocina había una o dos con o sin ventana y en el primer piso dos, tres o cuatro, unas con ventana y otras sin ella; la sala no tenía; koltzie, tampoco, sólo una rendija abierta en la piedra que cumplía esta función; zestue, otra rendija en la piedra; el camarote, kamarie, una o dos ventanas en la fachada y el lucero del techo; kortie, sin ventanas; y el desván, sabaia, también carecía de ellas y sólo contaba con una rendija en la pared. Las ventanas de la cocina y de las habitaciones eran rectangulares, de madera, con dos hojas y cuatro cristales. Se abrían hacia adentro, tenían tapas de madera en la parte interior y se cerraban con txaramela. Hoy en día se han modificado y agrandado, pero las personas de más edad recuerdan que antaño eran muy pequeñas; por ejemplo la cocina era bastante oscura. Las del camarote son cuadradas o triangulares y muy pequeñas, sin cristales. Las cuadradas tienen una tapa de madera que se abre hacia dentro y se cierra con txaramela; las triangulares no tienen nada y el propio hueco deja pasar un poco de luz. Estas ventanas están una al lado de la otra en la fachada de los caseríos de una sola vivienda, en los caseríos de dos están separadas.

En Bermeo las ventanas de casi todas las viviendas suelen disponer de persianas y cortinas. En las cuadras suele haber unos pequeños respiraderos a modo de saeteras, de 30 a 40 cm de alto por menos de diez de ancho. Normalmente están enmarcadas en piedra arenisca.

En la villa de Portugalete las ventanas de las fachadas tienen forma rectangular y doble hoja, con unas medidas que varían entre 1,75 y 0,90x1,50 m aproximadamente. Se puede ver otro tipo de hueco más pequeño y de una sola hoja, cuyas dimensiones varían entre 0,50 y 0,90x1 m. En cuanto a las ventanas que dan a las fachadas posteriores y a patios interiores, son de doble bastidor con sistema de guillotina, siendo fija la parte superior. En las ventanas de las habitaciones y puertas de balcones se colocaban cortinas de Tamina (transparentes), de color blanco o crudo, y de algodón o percal. En la ventana de la cocina (además de bajo la fregadera y en la carbonera) se ponían cortinas de color a cuadros rojos y blancos, o azules y blancos. Se colocaban mediante una gusana.

En la villa de Durango debido a la disposición adosada de las casas, a lo largo del pasillo y entre ambas fachadas se sitúan varias habitaciones que en la mayoría de los casos son interiores y carecen de ventilación directa. Ésta es suplida bien por puertas que dan a las habitaciones exteriores, por ventanas situadas en altura que conectan dos habitaciones o por pequeños patios chimenea, muy estrechos y que llegan hasta la cubierta.

En Amorebieta-Etxano las ventanas eran rectangulares con unas dimensiones medias de 90x68 cm en los caseríos construidos con piedra; en los más antiguos eran más pequeñas. Cada habitación contaba con la suya y presentaban contraventanas.

En Gorozika algunas casas, muy pocas, tienen persianas. Hay visillos en todas. Algunos caseríos tienen en el camarote unos pequeños óculos o mechinales de forma triangular.

En Gautegiz-Arteaga las ventanas tenían contraventanas por dentro, tapak barrutik, y cortinas. Las pequeñas ventanas triangulares por donde transitaban las palomas, que había en el pajar, sabaia, o en el camarote, goiko kamarea, se denominan kuku-bentanak. En Nabarniz siempre ha habido cortinas. Las aberturas (aspilleras o troneras) que mostraban las paredes orientadas al norte en la cuadra, bentana zorrotzak, se tapaban para evitar la entrada de frío con manojos de hierba seca o helechos.

Kukubentanak, ventanas palomeras. Lumo (B), 2011. Fuente: Segundo Oar-Arteta, Grupos Etniker Euskalerria.

En Abadiño los caseríos tienen ventanas pequeñas con tapas, normalmente interiores, para poder oscurecer la habitación, aunque actualmente hay mucha gente que coloca las tapaderas por fuera. Suelen ser de dos hojas y se abren por la mitad. Cada hoja queda dividida en dos o tres cristales aunque a veces tienen huecos con cristal y otros ciegos. Las ventanas y saeteras, saieterak, de la cuadra y el pajar suelen dejarse sin cubrir o se emplean sólo tapas de madera.

En Orozko las ventanas, leioak, de la vivienda son pequeñas, de unos 60 cm de lado, y en algunas casas están enmarcadas por cuatro piedras de sillería, una por cada lado; en otras, por madera. Aún se recuerda que las casas más antiguas no tuvieron cristales en las ventanas y que se combatía el frío mediante contraventanas de madera gruesa que se cerraban por dentro. Las contraventanas de las casas de alcurnia llevan tallada en la madera un dibujo geométrico. Las de la cuadra han sido pequeñas y con forma de tronera. No tenían cristal y servían para ventilar este recinto sin que penetrase demasiado frío. Al ser pequeñas tampoco permitían el acceso al interior de alimañas.

En el Valle de Carranza los huecos más importantes se localizan en el primer piso, tanto en la fachada principal como en parte de los muros. Es general que exista una puerta de salida al balcón acompañada a ambos lados de sendas ventanas. También las hay en la cocina y en el resto de los cuartos, salvo en el caso de las casas adosadas donde las habitaciones situadas en las medianías no presentan hueco alguno. En la planta baja las ventanas existentes son de forma rectangular o cuadrada y por lo general de tamaño inferior a las situadas en el primer piso. En el sobrao no falta nunca la puerta de salida al balcón que, en muchos casos, se complementa con una ventana a cada lado de la misma, siendo los únicos huecos en esta planta bajo la cubierta. El recercado más común en las ventanas ha sido el de piedra. Igualmente se ha empleado la madera, de modo que se encuentran casos en los que el perímetro es totalmente de este material, si bien lo más general es que sólo lo sea el dintel mientras que agujas y batiente son de piedra. A partir de la primera década del siglo XX se comenzó a utilizar el ladrillo con esta función.

Distintos recercos en un mismo caserío. Mendata (B), 2011. Fuente: Segundo Oar-Arteta, Grupos Etniker Euskalerria.
Distintos recercos en un mismo caserío. Mendata (B), 2011. Fuente: Segundo Oar-Arteta, Grupos Etniker Euskalerria.
Distintos recercos en un mismo caserío. Mendata (B), 2011. Fuente: Segundo Oar-Arteta, Grupos Etniker Euskalerria.

En Zeanuri en la segunda década del siglo XX en las casas antiguas y modernas había indistintamente ventanas de dos piezas y de una; éstas provistas de orificios con tabletas correderas. En el desván, kamara, de las casas viejas además de varias ventanas, cuando las había, existía un gran hueco en la parte más elevada del piñón; su forma era triangular con un poste en medio. En las construcciones recientes por aquella época ese hueco era generalmente de forma cuadrada.

En Kortezubi las ventanas, bentania, solían ser de forma rectangular salvo algunas, principalmente las del desván, que eran cuadradas. Además se veían con alguna frecuencia, sobre todo en los muros de la cuadra, ventanillas estrechas que asemejaban una rendija a modo de saetera y que recibían el nombre de leioa. Las ventanas de los dormitorios eran de dos hojas provistas de cristales, o también de una sola, toda de madera según costumbre antigua, y que todavía se observaban en el segundo decenio del siglo XX en las ventanas de los desvanes y de otras piezas menos importantes.

Gipuzkoa

En Zerain los huecos son normalmente rectangulares, pequeños y distribuidos buscando una cierta simetría. Aunque hoy en día aparece el cristal, una observación somera permite apreciar que la ventana ha sido reformada de manera que éste ocupe el lugar de los paneles de madera y que con ellos se ha confeccionado la contraventana. En camarotes y locales auxiliares quedan ejemplos de la antigua disposición: una ventana con una hoja de madera ciega, que en su centro tiene un hueco de 20x10 cm que se cierra con un ventanillo, bien de bisagra o de corredera, por el que pasa un poco de luz con el mínimo de frío y que se conoce con el nombre de leiotilla. Para la ventilación de las cuadras se abren en las paredes de piedra unos huecos alargados que por su forma reciben el nombre de saeterak y que en las épocas de frío se cerraban con un manojo de hierba seca o paja.

Ventanas y cierres del caserío Jauregi. Zerain (G). Fuente: Archivo particular Nikola Madariaga.

En Astigarraga las ventanas más antiguas son las que quedan en los departamentos de trabajo, como el establo, zaguán, ganbara, leorpia, mientras que las de las zonas de habitación se han ido renovando. Suelen ser rectangulares, más altas que anchas, con marco de madera y el vano cerrado no con cristal sino con madera formada por tres tablas longitudinales atravesadas por dos travesaños que se unen al marco con bisagras. Los armazones de las ventanas de algunos caseríos están sujetos por grandes bloques de sillería. Los pestillos son del tipo maratila. Los caseríos más antiguos presentan ventanas ojivales, algunas de las cuales están situadas en los establos y otras en los pisos superiores.

En Beasain las ventanas son de forma rectangular en sentido vertical, siendo las de los huecos destinados a establos, desvanes y cobertizos las que conservan su antigua configuración. Los marcos exteriores suelen ser a menudo de piedra labrada. Las primeras ventanas en modernizarse fueron las de las viviendas con la implantación del cristal traslúcido. Antiguamente estaban compuestas por dos o tres tablas que, unidas por dos travesaños, formaban un panel rectangular unido al marco de la ventana por dos grandes bisagras de hierro forjado. En el centro del panel disponía de un pequeño hueco rectangular con arco superior, que a su vez se cerraba con una tapa corredera o practicable, por el que se permitía pasar algo de luz sin que entrara excesivo frío en invierno.

En Elosua las ventanas son en general pequeñas, alargadas, de dos hojas con cristales. Saeteria es el nombre que reciben las saeteras que aparecen en las cuadras y edificios complementarios.

En Oñati la cocina y las habitaciones tienen ventanas cuadradas o rectangulares en sentido vertical. Las de los establos son pequeñas y se llaman saterak o saeterak. En el camarote son pequeñas, de una hoja, o sencillamente no las hay.

En Orexa son de dos hojas y tienen casi todas más de un metro de alto por 0,80 m de ancho. Algunas cuentan con ventanillas, leiatillak. A las rendijas, zirritu, estrechas y largas que hay en algunas paredes se les llama saetak; existen en muchos caseríos del pueblo.

En Berastegi las ventanas son de madera, las de la fachada principal de dos hojas y adornadas con visillos. Las laterales o traseras de una sola hoja por ser más estrechas.

En Ataun en las casas de construcción anterior a la última mitad del siglo XIX, las ventanas, aun de las habitaciones, se cerraban por dentro con una compuerta de tabla que iba provista de un hueco o ventanillo, leiatilla, en el centro para permitir la entrada de luz exterior. De estos ventanillos los había de forma cuadrada, de arco de medio punto y de arco conopial, y se cerraban por dentro con tablas o portezuelas correderas. También se cerraban con un tablón o puerta corredera las ventanas que existían en las paredes de madera que todavía conservaban las casas antiguas. No había contraventanas que se cerrasen por fuera. En el desván, ganbara, existía generalmente, además de varias ventanas un gran hueco o ventanal en la parte superior del frontispicio. Su forma era triangular, con un poste o machón en medio en las casas antiguas, y cuadrada y a veces circular en las construidas cuando se realizó la encuesta en la segunda década del siglo XX. En éstas existía también a veces ese mismo ventanal en la parte zaguera del edificio. Por él se aireaban principalmente la paja, el heno y los granos que se guardaban en el desván. Su nombre era saietera.

En Ezkio-Itsaso en las casas consideradas antiguas en el segundo decenio del siglo XX las ventanas eran pequeñas en general y se cerraban con una compuerta de una sola pieza o dividida en dos partes. Esas compuertas iban provistas de un hueco que se tapaba a su vez con un ventanillo, leiatillia. Por entonces esa clase de ventanas ya estaban siendo sustituidas por otras de cristales con ventanillos por dentro. En las casas nuevas o recientemente renovadas las ventanas eran más grandes.

En Andoain el último piso no tenía a veces ninguna ventana sino un gran hueco por donde entraba la luz al desván. Este hueco daba a la parte zaguera o al frente del edificio y por los costados de la casa, por la parte de los aleros, entraba el aire que secaba los granos y los restantes productos almacenados.

Navarra

En Luzaide/Valcarlos todas las ventanas, mitrak, lo mismo que la puerta de la cocina, sukaldeko borta, tienen cristales. Las contraventanas, kanpoko leioak, se abren hacia el exterior de la fachada y no llevan ningún adorno ni orificios. Tanto unas como otras encajan en marcos de madera.

En Aria hay cuatro tipos de ventanas, leioak: rectangular con marco de madera, con o sin contraventana; rectangular con marco de piedra; de marco de piedra y dintel arqueado, sin saliente; de marco de piedra y dintel arqueado, con saliente.

En Aintzioa y Orondritz los vanos de las ventanas son en general pequeños y delimitados con sillares. Hasta la mitad de siglo XX, el clima frío determinó que fueran escasas. Las ventanas varían de tamaño según la planta. En la baja suelen ser pequeñas e incluso de tipo saetera; en la primera un poco más grandes de tal modo que se puede afirmar que cuanto mayores sean sus dimensiones, más recientes son. En el pajar, si las hay, vuelven a ser pequeñas. Todos los sabaiaos presentan una ventana grande o incluso una puerta para introducir la hierba en verano; ahora importa menos su tamaño pues la hierba se empaqueta en pacas que no son muy grandes, pero hasta hace unos años se introducía en sábanas hechas con tela de saco y necesitaban bastante hueco para meterlas en el pajar. Se sobreentiende que este recinto tiene acceso directo desde el exterior.

En Eugi las ventanas no eran muy numerosas y se disponían sobre todo en la planta dedicada a vivienda. La cuadra contaba con una pequeña y era el ventanillo de la puerta la principal fuente de ventilación de la misma. En la vivienda eran rectangulares y más pequeñas que las actuales. Cada habitación contaba con una. En el sabaiao también existía una pequeña para airear la estancia y ayudar a secar los productos allí almacenados. Al igual que las puertas, todas las ventanas se hallaban enmarcadas desde el exterior con piedras labradas en relieve de diferente color.

En Izurdiaga se hallan en la fachada y en la parte posterior. En general son de pequeñas dimensiones (0,5x0,8 m).

En Isaba, Urzainki y Uztárroz (Valle de Roncal) se abrían ventanas estrechas en las habitaciones y lumbreras, pinpaiak, en el desván.

En Izal los huecos más antiguos son reducidos, simplemente adintelados o con ménsulas sencillas. Se da un abundante uso de las ventanas “amaineladas”, con arcos apuntados o conopiales, a los que se ha suprimido el parteluz para facilitar su uso. Los alféizares son de piedra lisa o moldurados. Las ventanas se cierran con marcos y hojas de madera, en las más sencillas enrasadas con la mampostería, en otro caso tras las mochetas de piedra labrada. Disponían dentro de la hoja de otra más pequeña cuya apertura facilitaba la entrada de luz sin dar paso al frío exterior.

Huecos con recercos blanqueados en Casa García. Izal (N), 1999. Fuente: Roberto Urtasun, Grupos Etniker Euskalerria.

En Lezaun las ventanas más antiguas son más bien cuadradas y conforme se van agrandando su tendencia es a ser rectangulares en sentido vertical. La parte superior del hueco se llama cabezal, los costados mochetas y la parte inferior repisa o solarete. Esta última es a veces de piedra moldurada y más corrientemente de sillería sin más; las mochetas de sillería y también de ladrillo macizo, especialmente en la planta habitada, que es donde los huecos han sufrido más modificaciones; el cabezal de piedra de sillería y más frecuentemente de roble. Esta parte exterior es de unos veinte centímetros de grosor y aquí es donde se colocaba la ventana. Las mochetas interiores eran sesgadas para que entrase más luz. La parte inferior de la ventana no tenía el grosor de la pared sino que terminaba a ras del marco para facilitar el acceso a la misma. De esta forma se creaba un hueco respecto a la dependencia y el suelo del mismo se levantaba unos 20 cm sobre el resto del cuarto. Las ventanas más antiguas carecían de cristales; éstas se han conservado en las dependencias del pajar o en los corrales. Eran de madera de roble y se cerraban frecuentemente con andavilla, un trozo de madera unido al marco con un clavo y que giraba sobre él. En el centro de esta ventana había un hueco llamado ventanillo también de roble y con bisagras y andavilla. Normalmente estaba abierto. Las de cristales son más modernas y se cierran con falleba. Había una persona en la localidad que se ocupaba de cortar los cristales y colocarlos con clavicos y betún, masilla. En algunos pajares había una ventana o más propiamente una puerta, llamada el ventanal, por la que se introducía la paja con ayuda de una escalera; esto, claro está, antes de la generalización de las trilladoras, que la subían mediante unos tubos.

En Améscoa las ventanas son pequeñas, no muy grandes las del piso y muy pequeñas las del desván y las cuadras. El armazón de las mismas es de roble, ancho, y los huecos cerrados con cristales más bien pequeños. Las hojas de las ventanas de la cuadra y el desván son casi ciegas, un tablero de roble con un agujero rectangular en el centro que se cierra con una tablica corredera.

En Barañain las ventanas son escasas y de pequeño tamaño. Esto ocurre solamente a las ventanas originales. En las casas de Yoldi, Ibarrola y Echevarría han cambiado algunas para agrandarlas e instalar un tipo de ventana-puerta que permita el acceso a los balcones que añadieron a partir de 1936. Las ventanas normales son muy pequeñas con una armadura de madera y cristal. Llevan dos hojas y abren hacia el interior. Están colocadas en el centro de la pared por lo que quedan nichos por fuera y por dentro que sirven como repisas. No han tenido cristales hasta principios del siglo XX. Aún quedan algunos ejemplos de ventanas sin cristales que son íntegramente de madera con un hueco pequeño en el medio. Éste se puede cerrar con una puertecita de madera cuando el tiempo lo requiere. Algunas veces estos huecos están protegidos por una pantalla de tela metálica por fuera. La mayoría de las ventanas tienen dinteles de sillares. Casi todas tienen persianas de tipo sencillo que se enrollan con cuerdas y que carecen de caja dentro de la casa. Algunas tienen contraventanas de madera en el interior en vez de persianas. Otro ejemplo de hueco destinado a la iluminación y ventilación es el situado en el desván inmediatamente debajo del tejado y consiste simplemente en una apertura irregular sin madera o cristal.

En Sangüesa los huecos de las ventanas gozan por lo general de cierta regularidad en la fachada, tienen forma rectangular, se colocan verticalmente y las de la planta alta suelen ser de menor tamaño. Algunas llevan repisas de piedra con labores decorativas. Las fachadas de las casas anteriores al siglo XVI solamente disponían de ventanas, pues no se utilizaban los balcones sobresalidos o miraderos. Algunas ventanas antiguas son de pequeñas dimensiones y los ventanos de madera ocupan gran parte de la superficie para reducir el empleo de cristal. En cambio, otras ventanas de casas palaciegas son amplias y muy decoradas con arcos góticos pareados y mixtilíneos y con maineles en el centro. Eran bastante corrientes los ventanos con casetones.

En Allo las ventanas más frecuentes son cuadradas o rectangulares, más altas que anchas, y más pequeñas cuanto más antigua sea la casa. Con frecuencia, de ellas sale el alféizar moldurado. En la planta segunda, que generalmente corresponde a los graneros, tan sólo aparecen pequeñas ventanas o saeteras a escasa distancia del alero. En general todos los vanos decrecen en tamaño conforme se gana en altura, si bien en los últimos años se ha procurado hacerlos mayores para aumentar la luz natural en el interior de las casas. El armazón de las ventanas es también de madera y varía según dónde estén emplazadas: las de la planta baja y el segundo piso son generalmente de una sola hoja y las del piso primero, correspondiente a la vivienda, suelen tener dos. Por otro lado las de la planta baja son casi siempre ciegas. En el piso primero las ventanas, y los balcones cuando los hay, llevan en cada una de sus hojas un ventanillo más pequeño que gira en el interior sobre dos goznes o librillos metálicos. Al exterior suelen llevar cristales. Algunas ventanas y balcones de este tipo se protegen exteriormente con contraventanas de madera o con persianas enrollables. Por último, las ventanas de los graneros altos se cierran con puertas de una hoja que llevan en el centro un ventanillo más pequeño, generalmente deslizante en sentido horizontal.

Ventana de doble hoja con ventanillos. Allo (N). Fuente: José Ramón Macua, Grupos Etniker Euskalerria.

En Obanos las ventanas son fundamentalmente rectangulares y cuadradas. En el piso destinado a vivienda predominan las rectangulares, más altas que anchas. En la planta baja las encontramos casi cuadradas y pequeñas, y otras rectangulares. Suelen corresponder a las cuadras y a antiguos lagares o talleres. De hecho, en muchas casas, a nivel del suelo, hay una pequeña ventana que sirve para la ventilación de la bodega. Y en el último piso la mayor parte de las casas tienen vanos casi cuadrados con barrotes de hierro y en general sin cristales. Una contraventana de madera con un pequeño ventanillo cuadrado ilumina el interior de las habitaciones. En la mayoría de las casas, bien en la fachada principal o en alguna secundaria, aparece una ventana de tamaño mayor al habitual para introducir la paja en el pajar.

En Artajona las ventanas presentan parecida solución que las puertas. En las casas de cierta importancia las del primer piso tienen umbral o solera de piedra saliente decorada con molduras. En otras más sencillas, el cabezal es de madera lucido con yeso. Las ventanas del segundo piso son siempre más pequeñas que las del piso-vivienda. Quedan algunas muestras de ventanas antiguas, una con arco angrelado, al que posteriormente se añadió un parteluz, y otra con dos estrechos vanos gemelos y lobulados. Las de las habitaciones que dan a la calle suelen ser las más elegantes y cuidadas. El tipo más común es el de dos hojas giratorias, divididas cada una en tres porciones rectangulares. Los cuarterones superior e inferior de madera, con paneles moldurados rectangulares al exterior, y el cuarterón central, de mayor tamaño, provisto de cristal. Éste, a su vez, lleva por el interior una hoja de madera o bastidor giratorio de paneles moldurados, llamado ventanillo.

En los meses de verano y para evitar la entrada de moscas, sol o polvo, solían colocarse, colgadas delante del vano de las ventanas y puertas unas piezas de arpillera a modo de persianas. En las ventanas de la cocina solía tratarse de paños blancos. Hacia el año 1940 desapareció esta costumbre. Hasta entonces era también frecuente fabricar un tipo doméstico de persianas con sarmientos, unidos unos a otros con trocitos articulados de alambre pasados por el interior, formando así sartas que se colgaban del marco. Posteriormente se generalizaron distintos tipos de persianas más modernos.

En San Martín de Unx existe una gran variedad en la forma de las ventanas. En las casas más antiguas no hay balcones sino sólo ventanucos, con el espacio justo para asomar la cabeza y situados a buena altura. Otras ventanas son mayores y permiten colocar en ellas una persianilla o tiestos. En general, a cada planta de un edificio le corresponden diferentes huecos. En la primera planta ventanas algo mayores, que no exceden de los 80 cm de altura. Puede haber algún balcón, que viene a ser como una especie de ventana grande de no más de 2 m de alto, con una barandilla sencilla hasta media altura. Segunda planta con ventanas cuadrangulares o levemente rectangulares, que en sus proporciones recuerdan a las de la planta baja. La carpintería exterior de las ventanas es sencilla, pero abunda mucho el aluminio anodizado a su color sustituyendo viejas ventanas por doquier, tanto tras reformas de importancia como en casas de nueva planta. En las ventanas de las casas antiguas solían hacerse unos ventanillos en el centro, de unos 20x25 cm, que corrían de un lado a otro, cuya finalidad era la de ver y no ser vistos.

En Mélida las ventanas presentaban en general dimensiones pequeñas y se hacían de doble hoja. Las contraventanas, de madera y situadas en el interior, se atrancaban con una barra de hierro o de madera. Al exterior, solían tener unos topes de madera, simplemente unos listones de poca anchura, cuya finalidad era evitar que cayeran las macetas de flores que se colocaban en las ventanas que daban al corral, como la de la cocina o la de algunas habitaciones. En verano colgaban en las ventanas cortinas fabricadas con sacos de yute a los que se sacaban flecos. También se ponían visillos y estores confeccionados en las mismas casas, con bordados de vainica y ganchillo; se fijaban mediante unas barras de hierro que llevaban anillas.

En Murchante las ventanas, de forma rectangular o cuadrada, eran bastante pequeñas, prácticamente unos ventanucos. Las casas más humildes carecían de balcones y sólo tenían ventanas, una en cada dependencia y alguna en la cuadra. Presentaban dos hojas de madera y cristal sujetas al marco con pernios o librillos y en el interior su correspondiente ventano o contraventana. Ventanas y contraventanas se cerraban con fallebas, aunque hubo alguna de las últimas cerrada con un pestillo de madera.

En Romanzado y Urraúl Bajo es frecuente encontrar en una misma casa ventanas de desigual luz, siendo más pequeñas en aquellas piezas de mayor utilización, como la cocina, o en lugares que convenga tener abrigados. Antes de la generalización de los cristales, las ventanas se cerraban con una o con dos hojas de madera en las que se abría, para dar paso a la luz, un pequeño ventanillo con su hoja de cierre. Todavía puede encontrarse alguna. En viejas construcciones aún se conserva alguna ventana con parteluz.

En Urraúl Alto las ventanas eran pequeñas y todavía algunas lo son, aunque los huecos desde un tiempo atrás son mayores. Esta pequeñez de antaño quizá estuvo motivada por el poco conocimiento del cristal o la dificultad para conseguirlo. Ello hacía que las ventanas estuvieran cerradas por dos hojas de madera abriéndose un ventanillo en cada una de ellas o sólo en una.

En Aoiz las ventanas de las casas más antiguas son geminadas, con arcos conopiales o de medio punto. Las ventanas geminadas se sitúan siempre en el segundo nivel sobre el portalón de acceso. No presentan parteluz, que ha sido destruido.

Para la realización de los vanos se colocan los marcos de ventanas, balcones o puertas y se van poniendo las paredes alrededor, respetando el vano. En la parte superior del hueco se pone el cabezal: vigas de madera o cemento que sujetan la pared construida sobre el hueco y que después se revocan con cemento.

En esta población son muy típicos los ventanillos de “persiana”, es decir, realizados con tablillas superpuestas dejando espacio entre cada una de ellas.

En encuestas realizadas en la segunda década del siglo XX también se constataron algunas descripciones de ventanas.

En Aurizberri la ventana recibe el nombre de leoa. Era general el uso de contraventanas que se abrían hacia fuera. Constaban de dos hojas que cuando estaban abiertas se sujetaban por medio de un travesaño de madera que les impedía cerrarse; al hacerlo se sujetaban las ventanas interiores por medio de un gancho de hierro.

Detalle de ventana y contraventanas. Arraioz (Baztan-N), 1999. Fuente: Marisa Picabea, Grupos Etniker Euskalerria.

En Lesaka las ventanas, leioa, adoptaban formas muy diversas: arcos góticos, conopiales, sencillos y algunos ajimeces en casas que databan del siglo XVI. Eran frecuentes las contraventanas. En los pisos bajos había aspilleras o saeteras, zirritua, que daban a los caminos[1].

En Navarra se conoce una forma rudimentaria de hueco en las paredes. Consistía en una abertura más o menos irregular situada a la altura del desván en el muro del hastial. Esta forma se extendía al norte de la divisoria de aguas adentrándose un poco solamente en aquella parte donde la divisoria es más indecisa, como en la meseta de Larraun. Este hueco parecía la solución más inmediata y sencilla para la iluminación y ventilación del desván pues hasta se ahorraban materiales. El paso siguiente consistió en regularizar el hueco en forma de una o varias ventanas. Esta fue la solución más extendida en el resto de Navarra, donde también se daba la de agregar en el exterior del desván un balcón cuya función era la de secadero. Mas cuando el clima es extremadamente duro el desván se cerraba herméticamente como puede comprobarse en Burguete[2].

También han existido unas ventanitas abiertas en la pared del hastial y a la altura del desván en la zona que abarca La Burunda, La Barranca, la cendea de Iza y los valles de Ollo y Goñi. Aquí debió de existir en gran escala en otros tiempos la cría de palomas. Con tal fin, los desvanes se convertían en palomares y los huecos de las paredes de aquéllos quedaban reducidos a unas ventanitas por las que entraban y salían las palomas. Fuera de esta zona, aunque cerca de ella, se encontraban en Lekunberri, Gelbentzu e Ibero[3].

Vasconia continental

En Liginaga (Z) la ventana se denomina leihoa, y lukena el estrecho lucero o saetera que se veía en los rediles. Las hojas que se abren hacia fuera se llamaban kontrabentana y las que lo hacen hacia adentro, con cristal, bitria.

Huecos limitados por el entramado de la fachada. Garrüze (BN). Fuente: Michel Duvert, Grupos Etniker Euskalerria.

En Ortzaize (BN) las ventanas eran por lo general de 1,20 m de alto y 0,80 de ancho. La mayoría de las partes superiores de las ventanas eran de piedra, una piedra azul de mineral de hierro que era verdaderamente resistente. Los cierres de las ventanas giraban por el quicio, erro edo kuntzetan, ya que no se conocían las bisagras de hoy en día. Los cierres, leiho-hagak, giraban por un eje central, sobre dos puntas, y se metían en unos ganchos que estaban fijados en la parte de la ventana que era de madera.

En Uharte-Hiri (BN) se han recogido estas denominaciones: ventana, leihoa; marco, leihoetxea; y las hojas con los cristales bitria-sasisak.


 
  1. Julio CARO BAROJA. “Algunas notas sobre la casa en la villa de Lesaka. La arquitectura de la casa lesakarra” in AEF, IX (1929) pp. 86-87.
  2. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. Madrid, 1929, pp. 122, 123, 127 y 130.
  3. Leoncio URABAYEN. La casa navarra. Madrid, 1929, p. 133.