Hermandades y Asociaciones mutuas de carácter funerario

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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En muchas localidades de Vasconia se crearon asociaciones vecinales o municipales de ayuda mutua. Entre éstas perduran aún aquellas que atienden a los gastos que han de afrontar las familias a causa de una defunción. Estas asociaciones reciben diversos nombres; en algunas localidades de Bizkaia son conocidas como Herriko Hermandadea.

En Lezama (B), esta hermandad está regida por una comisión de cinco miembros y tiene su sede en la casa cural donde dispone de un pequeño local; allí es donde guardan el archivo, cobran a los asociados y atienden a quien va a hacer una consulta.

Cuando se produce una defunción la hermandad se encarga de avisar a la funeraria, llevar el ataúd a la casa mortuoria, organizar la función religiosa y el traslado del cuerpo, del toque de campanas, etc. Los gastos corren a cargo de la hermandad a la que pertenecen todos los vecinos del pueblo. Cada familia o casa de la anteiglesia contribuye con una cantidad de dinero estipulada en base al número de defunciones que tienen lugar durante un año.

En Abadiano (B) existió una asociación denominada Apostolaukue (del Apostolado). En ella estuvieron inscritas la mayoría de las casas del pueblo. Con las cuotas aportadas se pagaban los gastos del ataúd y funeral de cualquier miembro de la casa y se aportaba además una cantidad a la familia. Después de la festividad de San Pedro, se celebraban misas durante tres días seguidos, iru urrena, por los socios difuntos. Fundada en la década de los años cincuenta esta asociación tuvo una duración de quince años.

En Zeanuri (B), la antigua Hermandad de San Roque (1920-1936) se transformó el año 1950 en Hermandad de Difuntos Bakartasuna (La Soledad). Posteriormente, en la década de los ochenta, sus estatutos se ajustaron a los de una «Entidad de previsión social voluntaria» conforme a la ley del Parlamento Vasco de 27 de octubre de 1983 (BOPV. 7-11-83).

Estandarte y cofrades en cortejo fúnebre. Mélida (N). Fuente: Juan Sesma, Grupos Etniker Euskalerria.

En Muskiz (B), desde la década de los anos sesenta existen dos asociaciones, una en el barrio de La Rigada y otra en el de Pobeña; los vecinos pagan una cuota para atender los gastos que se producen con ocasión de un fallecimiento.

En Plentzia (B), la Asociación San Antonio de Padua posee en el cementerio un panteón y nichos de su propiedad, haciéndose cargo de los enterramientos de sus asociados.

En Alonsotegi (B), en el año 1882, se fundó una asociación funeraria con el nombre de Hermandad de la Vera-Cruz a la que pertenecían todos los vecinos de la mencionada anteiglesia integrada entonces en el municipio de Barakaldo. A pesar de su nombre no es una cofradía religiosa propiamente dicha. Tal como se deduce por su reglamento, es más equiparable a las hermandades con un carácter principalmente social. Mediante el pago de una módica cantidad por persona tenía dos objetivos: atender a los gastos del entierro sin que la casa mortuoria tuviera que ocuparse de nada concerniente al féretro, sepultura y demás; procurar la más puntual asistencia de todos los hermanos al entierro del que falleciese, de modo que resultare igual de concurrido el del pobre que el del rico.

Nicolás Vicario de la Peña señala que existieron en el Señorío de Bizkaia muchas asociaciones de este tipo que desaparecieron en el siglo pasado[1].

Estandartes de Cofradías camino del cortejo. Zerain (G), 1965. Fuente: Karmele Goñi, Grupos Etniker Euskalerria.

En Aduna (G) fue instituida a principios de siglo una cofradía, Entierroko kopadria (Cofradía de entierro). Cuando moría alguna persona inscrita en ella, los demás cofrades abonaban un real para sufragar los gastos de los funerales. El dinero (diez y ocho duros el año 1923) lo recogía el propio Ayuntamiento que luego entregaba a la familia del difunto[2].

En Bidegoian (G) se creó en el año 1945 la Hermandad cuya finalidad era contribuir a los gastos del funeral de los miembros fallecidos. Pagaban cuota completa los mayores de 16 años y los menores de esta edad, la mitad.

En Basusarri (L) existe la Mutua de San León, Sociéte Mutuelle de Saint Leon. Sus estatutos son de mediados del pasado siglo. Esta sociedad funciona todavía y tiene por objeto ayudar a cubrir los gastos de entierro. En otros tiempos, según el informante, sus miembros tenían la obligación de asistir a la misa de entierro y sobre todo a la inhumación. Los ausentes estaban obligados a pagar una multa. Actualmente agrupa una veintena de miembros. La cuota puede ser mensual (5 FF) o anual (60 FF) y la Mutua San León paga una cantidad por entierro (800 FF en 1989).

Escapulario de la Tercera Orden Franciscana. Fuente: Luis Galarraga, Grupos Etniker Euskalerria.

En Navarra las asociaciones que atienden a los gastos originados con motivo de una defunción les denominan Cofradías. Antiguamente, tal como señala Leoncio de Urabayen, en el valle navarro de Ezcarbarte, a principios de siglo se pagaba una prima anual generalmente en trigo, para que en caso de muerte la familia del difunto recibiera una cantidad suficiente para poder sufragar los gastos de entierro, funeral, etc.

«Por esto en Ezcabarte sólo encontramos debidamente organizadas las sociedades destinadas a sufragar los gastos de los funerales. Se las llama Cofradías y están muy extendidas por toda Navarra. Precisamente en Ezcarbarte, en la Trinidad de Arre, se encuentra la más importante del país. Aparte de estas Cofradías importantes, existen otras en cada pueblo, más modestas y que tienen por cofrades a los nacidos en los respectivos pueblos. La de Maquirriain cobra anualmente a cada cofrade un cuartal de trigo (7 litros) y en caso de defunción abona a la familia sesenta pesetas»[3].
Funcionan hace ya muchos años algunas Compañías de Seguros o Mutuas denominadas comúnmente «La funeraria». Cuando se produce una defunción estas asociaciones, previo pago de una cantidad mensual acorde con el número de componentes de la familia, se hacen cargo de los gastos ocasionados por el entierro y funeral. Si la cobertura es más amplia y la cuota a pagar superior corren también a su cargo el féretro, la corona, las esquelas y el traslado desde el hospital o clínica al domicilio familiar. Actualmente se incluye también el coche fúnebre para el traslado del cadáver a la iglesia y al cementerio. En los últimos años es común que sea el propio personal de la funeraria quien amortaje al cadáver y lo coloque en la habitación mortuoria.


 
  1. Nicolás VICARIO DE LA PEÑA. Derecho Consuetudinario de Vizcaya. Madrid. 1901, pp. 313-316. Vide en Apéndice de este capítulo: Reglamento de la Hermandad de la Vera-Cruz de Alonsotegi.
  2. AEF, III (1923) p. 75.
  3. Leoncio de URABAYEN. “Otro tipo particularista. El habitante del Valle de Ezcabarte” in RIEV, XIV (1923) pp. 255-256.