Diferencia entre revisiones de «El duelo masculino. Luto-bankua»

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En muchas localidades del País Vasco peninsular se ha recogido que los hombres que asistían de obligación, «los de honra», se ponían en los bancos próximos al altar. Dentro de este grupo del duelo se colocaban según el grado de parentesco (primero los de la casa mortuoria), y de vecindad. Los demás hombres, que iban «de caridad», se situaban junto a la puerta de la iglesia, debajo o en el propio coro. En algunos lugares tal y como se ha constatado en Sangüesa (N), hasta los años 50, los «asistentes de duelo» entraban en la iglesia al funeral y a la misa y por el contrario los «asistentes de fila», que era el público en general, de ordinario ni tan siquiera accedía al interior del templo.  
 
En muchas localidades del País Vasco peninsular se ha recogido que los hombres que asistían de obligación, «los de honra», se ponían en los bancos próximos al altar. Dentro de este grupo del duelo se colocaban según el grado de parentesco (primero los de la casa mortuoria), y de vecindad. Los demás hombres, que iban «de caridad», se situaban junto a la puerta de la iglesia, debajo o en el propio coro. En algunos lugares tal y como se ha constatado en Sangüesa (N), hasta los años 50, los «asistentes de duelo» entraban en la iglesia al funeral y a la misa y por el contrario los «asistentes de fila», que era el público en general, de ordinario ni tan siquiera accedía al interior del templo.  
  
Esta disposición del duelo se ha recogido con pequeñas variantes en la mayoría de los lugares. El duelo masculino ocupaba los bancos más próximos al altar (Aramaio, Mendiola-A, Abadiano, Busturia, Durango, Lezama, Trapagaran, Zeanuri-B, Amezketa G, Murchante, Romanzado y Urraul Bajo<ref>José de CRUCHAGA. “Un estudio etnográfico de Romanzado y Urraul Bajo” in CEEN, II (1970) p. 217.</ref>, Viana-N), los bancos laterales (Ota'u-A), el banco dispuesto de antemano (Salcedo-A), los bancos situados a ambos lados del féretro mirando hacia él (Amézaga de ZuyaA), los primeros bancos del lado del Evangelio (los del ''Goierri ''en Santa María de Getxo-B y los de San Nicolás de Bari en Algorta-B, Ataun-G a partir del segundo banco), los bancos delanteros del lado de la Epístola (los del ''Bearri ''en Santa María de Getxo-B).
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Esta disposición del duelo se ha recogido con pequeñas variantes en la mayoría de los lugares. El duelo masculino ocupaba los bancos más próximos al altar (Aramaio, Mendiola-A, Abadiano, Busturia, Durango, Lezama, Trapagaran, Zeanuri-B, Amezketa G, Murchante, Romanzado y Urraul Bajo<ref>José de CRUCHAGA. “Un estudio etnográfico de Romanzado y Urraul Bajo” in CEEN, II (1970) p. 217.</ref>, Viana-N), los bancos laterales (Ota'u-A), el banco dispuesto de antemano (Salcedo-A), los bancos situados a ambos lados del féretro mirando hacia él (Amézaga de Zuya-A), los primeros bancos del lado del Evangelio (los del ''Goierri ''en Santa María de Getxo-B y los de San Nicolás de Bari en Algorta-B, Ataun-G a partir del segundo banco), los bancos delanteros del lado de la Epístola (los del ''Bearri ''en Santa María de Getxo-B).
  
 
[[File:7.127 Seizioko bankua banco del duelo de hombres. Zerain (G).jpg|center|600px|Seizioko bankua, banco del duelo de hombres. Zerain (G). Fuente: Karmele Goñi, Grupos Etniker Euskalerria.]]
 
[[File:7.127 Seizioko bankua banco del duelo de hombres. Zerain (G).jpg|center|600px|Seizioko bankua, banco del duelo de hombres. Zerain (G). Fuente: Karmele Goñi, Grupos Etniker Euskalerria.]]

Revisión del 10:39 17 jun 2019

En muchas localidades del País Vasco peninsular se ha recogido que los hombres que asistían de obligación, «los de honra», se ponían en los bancos próximos al altar. Dentro de este grupo del duelo se colocaban según el grado de parentesco (primero los de la casa mortuoria), y de vecindad. Los demás hombres, que iban «de caridad», se situaban junto a la puerta de la iglesia, debajo o en el propio coro. En algunos lugares tal y como se ha constatado en Sangüesa (N), hasta los años 50, los «asistentes de duelo» entraban en la iglesia al funeral y a la misa y por el contrario los «asistentes de fila», que era el público en general, de ordinario ni tan siquiera accedía al interior del templo.

Esta disposición del duelo se ha recogido con pequeñas variantes en la mayoría de los lugares. El duelo masculino ocupaba los bancos más próximos al altar (Aramaio, Mendiola-A, Abadiano, Busturia, Durango, Lezama, Trapagaran, Zeanuri-B, Amezketa G, Murchante, Romanzado y Urraul Bajo[1], Viana-N), los bancos laterales (Ota'u-A), el banco dispuesto de antemano (Salcedo-A), los bancos situados a ambos lados del féretro mirando hacia él (Amézaga de Zuya-A), los primeros bancos del lado del Evangelio (los del Goierri en Santa María de Getxo-B y los de San Nicolás de Bari en Algorta-B, Ataun-G a partir del segundo banco), los bancos delanteros del lado de la Epístola (los del Bearri en Santa María de Getxo-B).

Seizioko bankua, banco del duelo de hombres. Zerain (G). Fuente: Karmele Goñi, Grupos Etniker Euskalerria.

En algunas localidades se ha pormenorizado el orden de colocación en el banco o bancos de duelo. Así en Zeanuri (B) hasta 1970, en el interior del templo los familiares varones se colocaban en los primeros bancos: el viudo, o en su caso el padre; los hijos, o en su caso los hermanos por riguroso orden de edad; los yernos o los cuñados, los tíos, los sobrinos y los primos. A continuación los vecinos próximos urrekoenak, y los parientes más lejanos, seguidos de los demás asistentes. En Murchante (N), a continuación de los familiares se colocaban los «auroros» y los cofrades.

En Busturia (B) el duelo masculino se colocaba en los primeros bancos del lado derecho. En el primero, los familiares más próximos al difunto, de derecha a izquierda, aunque hoy día lo hacen al revés, a la izquierda el más afectado y a partir de él se van poniendo a su derecha. En los siguientes bancos de ese lado, el de la Epístola, se sitúan otros familiares varones del difunto. Los informantes señalan no obstante que antiguamente los hombres del duelo se colocaban en los primeros bancos del lado del Evangelio o de la Epístola coincidiendo con el lugar en que estuviera la sepultura de la casa, pero cuando menos desde los años cincuenta se ponen siempre en la parte derecha.

En Bermeo (B), en la iglesia de Santa María, el duelo masculino se situaba en los primeros bancos del lado derecho. El primero de ellos donde se ponían los familiares más cercanos del fallecido se denominaba lutoko bankue. También en Gorozika (B) el banco de duelo se llamaba lutu-bankua. En Murelaga (B) la sección destinada a los hombres era la más próxima al altar y en ella había varias filas de bancos, de las que la primera se conocía como 13 luto-bankue o banco de luto[2].

En Portugalete (B), los hombres se sentaban separados de las mujeres, no sólo para los funerales sino en todos los actos religiosos, ocupando éstas los bancos del Evangelio y aquéllos los de la Epístola. Los primeros bancos se reservaban para los familiares.

En Durango (B), hasta los años sesenta tanto en la parroquia de Santa María como en la de Santa Ana, la parte más próxima al presbiterio estaba ocupada con bancos y la primera fila del lado del Evangelio estaba reservada en las exequias fúnebres al duelo masculino. Siempre ocupaba un lugar preferente, el primero por la derecha, el familiar más directo del fallecido: si la difunta era la mujer, el marido; a continuación los hijos de mayor a menor, hermanos, tíos y primos.

En Gamarte (BN), los hombres del duelo, doludunak, se colocaban en la parte delantera derecha, según el grado de parentesco para con el difunto. El primer vecino y los portadores del féretro subían a las galerías, mientras en las localidades próximas el primer vecino permanecía entre los hombres del duelo.

En Barkoxe (Z), los hombres del duelo se colocaban en las sillas delanteras, dispuestas al efecto, del lado derecho. Al final de la hilera iba el primer vecino, seguido de los familiares por orden de parentesco con el difunto.

En Izpura (BN) y Ezpeize-Undüreiñe (Z), los hombres del duelo, familiares y vecinos se situaban en los bancos delanteros derechos en el lugar que en otras ceremonias religiosas ocupaban los niños. Los demás hombres subían a la galería. Esta disposición de los participantes en las exequias se mantiene hoy día.

Parece ser más antigua la tradición de que el banco de luto fuera el último de la fila de bancos contados desde el altar, de forma que el duelo masculino quedara cerca de la sepultura familiar donde se colocaba el duelo femenino. Así, en Kortezubi (B) los bancos traseros donde se colocaban los parientes más próximos al difunto eran los del duelo, lutu-bankuek.

En Lemoiz (B), antiguamente, era el último banco del lado derecho el correspondiente a los hombres del duelo, lutoko bankue. Posteriormente el lugar se trasladó al primer banco del mismo lado. Presidía el cabeza de familia o el hijo mayor y, entre sus componentes, figuraba el vecino más próximo, auzorik parajekoena.

En Zerain (G), hasta los años cuarenta, los hombres del duelo ocupaban el último banco del lado izquierdo de la iglesia, denominado seizioko bankue. El primer asiento por el lado del pasillo estaba reservado al alcalde y disponía de una canilla u orificio para que alojara la vara de autoridad[3].

En Otxagabia (N) se constató asimismo en los años veinte que los parientes más próximos del difunto se situaban en el primer banco de la derecha, contando desde atrás.

En Itsasu (L), la iglesia tenía en la parte trasera, a ambos lados de la nave, tres filas de bancos, altos y macizos, denominados kalostrak. Los hombres del duelo ocupaban los del lado derecho. Sólo el primer vecino, kurutzeketaria, tenía asiento fijo, el primero comenzando por el pasillo. Los demás hombres asistentes a las exequias subían a las galerías.

En Urdiñarbe (Z), el duelo masculino, es decir los familiares y primeros vecinos, se colocaba en los últimos bancos del lado derecho. Los demás hombres se acomodaban en las tribunas sin guardar un orden establecido. En las funciones religiosas ordinarias todos los hombres subían a las galerías. Hoy día los hombres del duelo siguen poniéndose en el lado de la Epístola.

Hubo localidades en las que el duelo masculino ocupaba en la iglesia un lugar destacado como era el reservado a la corporación municipal para las grandes solemnidades. Así se recogió en Andoain (G) donde los familiares varones más cercanos al difunto tomaban asiento en el banco del Ayuntamiento. En Salvatierra (A), los componentes varones del duelo también se sentaban en los bancos reservados a la Corporación Municipal sin levantar las tablas del respaldo que únicamente se utilizaban para acomodo de los ediles. En Heleta (BN), el duelo masculino ocupaba los asientos de los concejales, kontseiluko lekia, en las galerías del primer piso. El hombre que presidía el duelo se colocaba en un extremo y los demás a continuación.

En Vasconia continental, tal y como ya hemos anticipado, fue común en otros tiempos que los hombres componentes del duelo se situaran en un lugar determinado de las galerías de la iglesia, tan características del País Vasco norpirenaico.

En Iholdi (BN), el duelo masculino se colocaba en las galerías de arriba, en la tribuna que está frente al altar. Los demás hombres se ponían también en las galerías en el mismo lugar que tenían por costumbre hacerlo en la misa dominical[4]. La misma tradición se ha constatado en Baigorri (BN) donde los hombres del duelo subían a la tribuna del primer piso, frente al altar. Obraban de igual modo en Azkaine y Beskoitze (L). También en Sara[5] (L), los hombres del duelo, que iban provistos de capa, ocupaban la parte central del primer piso de las galerías. En el banco del duelo tomaba asiento el primer vecino junto al pilar derecho y a partir de él, a su izquierda, los restantes componentes del duelo masculino. Los demás hombres se distribuían por las tribunas.


 
  1. José de CRUCHAGA. “Un estudio etnográfico de Romanzado y Urraul Bajo” in CEEN, II (1970) p. 217.
  2. William A. DOUGLASS. Muerte en Murélaga. Barcelona, 1973, pp. 67-68 y 73-74.
  3. En esta localidad el alcalde ha presidido tradicionalmente el duelo en todos los funerales.
  4. Jean HARITSCHELHAR. “Coutumes funéraires a Iholdy (Basse­Navarre)” in Bulletin du Musée Basque. Nº 37 (1967) p. 113.
  5. José Miguel de BARANDIARAN. “Bosquejo etnográfico de Sara (VI)” in AEF, XXIII (1969-1970) p. 121.