Otras manifestaciones de luto

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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El luto se manifestaba también en los pliegos y sobres que se utilizaban para escribir cartas. Consistía bien en una franja oblicua negra en un costado del pliego y del sobre, en un ribete negro en los bordes en forma de recuadro o en un ribete negro y una cruz.

En Eugi (N), otro signo de luto consistía en colgar trapos de cocina negros en el hogar tradicional, allí donde lo normal era tener paños de idéntica función pero con diferentes colores.

En Bidarte (L), cuando moría un marino y sobre todo si moría en el mar, los barcos ponían su bandera a media asta y permanecían amarrados en puerto durante veinticuatro horas.

En Ondarroa (B), a la muerte del patrón o del dueño del barco se pintaba una franja negra en la chimenea de la embarcación.

En los últimos años se va generalizando la costumbre de colocar en la cocina o sala de estar alguna foto del fallecido, sobre todo si ha sido un joven, una veces de forma temporal y otras permanentemente.

En tiempos pasados también se observaron costumbres particulares como las siguientes procedentes de Gatzaga (G): Algunas personas guardaban las ropas que los mayores habían llevado en vida (especialmente los esposos) como signo de luto y fidelidad. «Parece ser que antiguamente se colocaba un cubierto y una silla en el lugar que el fallecido había ocupado en la mesa familiar (...). Igualmente hay quienes dicen que nadie, durante un largo periodo de tiempo, se acostaba en la cama que el fallecido había ocupado en vida y, si era posible, se respetaba durante un año su habitación, de manera especial si ésta había pertenecido a los padres, dejándose la ventana de la misma entreabierta, día y noche, en señal de duelo... »[1].

El respeto por las ropas del difunto parece muy arraigado en la mentalidad popular del país. Hasta tal punto que uno de los poetas repentizadores más recordados, el bajonavarro Fernando Aire «Xalbador», cuando en el Concurso de Bertsolaris de 1965 recibió el encargo de improvisar un par de poemas «al vestido de su esposa muerta», cantó estos versos que ya han pasado a las antologías de la poesía popular vasca:

Pentsa zazute alargundu bat
ez daike izan urusa,
dolamen hunek, oi!, ez dezala
ainitz gehiago luza,
orai urtea ziloan sartu
andereñoaren gorputza,
haren arropa hantxet dilindan
penaz ikusten dut hutsa.
Geroztik nihaur ere nabila
guzia beltzez jantzirik,
ez dut pentsatzen nigar eiteko
ene begiak hesterik,
ez pentsa gero, andre gaxoa,
baden munduan besterik
zure arropa berriz soinean
har dezaken emazterik[2].
(Pensad que el que haya enviudado / no puede ser feliz. / ¡Que este dolor no se alargue / durante mucho tiempo! / Ya hace un año que sepulté / el cuerpo de mi mujer. / Su ropa, allí colgada, / con dolor la veo vacía.
Desde entonces yo mismo ando / vestido entero de negro. / No pienso cerrar / mis ojos para llorar. / No consideres sin embargo, pobre esposa, / que hay alguna otra mujer en el mundo / que pueda volver a vestir / sobre su cuerpo tu ropa.)

Según Azkue, la persona de luto reciente no se levantaba en la iglesia al Evangelio; los que tenían luto riguroso no se ponían de pie hasta pasado el año y los que tenían duelo ligero, a los tres meses»[3].

En algunas poblaciones del País Vasco continental las viudas no debían casarse hasta que el cirio que se encendía en la iglesia por la muerte de su marido, quedase consumido. Este cirio se mantenía durante trece meses[4].

Por último, suele ser habitual que a la muerte de uno de los cónyuges el otro lleve el anillo de boda del difunto junto al suyo.


 
  1. Pedro Mª ARANEGUI. Gatzaga: una aproximación a la vida de Salinas de Léniz a comienzos del siglo XX. San Sebastián, 1986, pp. 424-426.
  2. BERTSOLARIAK. Bertsolari-Txapelketa (1965-1-1). San Sebastián, 1964, pp. 93-94.
  3. Resurrección Mª de AZKUE. Euskalerriaren Yakintza. Tomo I. Madrid, 1935, pp. 231-232.
  4. Juan THALAMAS LABANDIBAR. “Contribución al estudio etnográfico del País Vasco Continental” in AEF, XI (1931) p. 20.