Ubicación del cementerio

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Junto al templo

En todo el país coincide el inicio del siglo XIX con la fecha de instalación de nuevos cementerios, casi siempre municipales. Hasta entonces los pueblos vascos, incluidas las ciudades, tenían cementerios junto a las iglesias.

En Obécuri, Navarrete, Bajauri y Urturi (A) sustituyeron el cementerio de la nave parroquial por otro adosado al muro de la iglesia. En Mendiola (A) el cementerio que se situaba en la parte trasera de la iglesia lindando con la pared del altar, actualmente presenta un aspecto desolado. En Lezama (B) también ocupa un terreno contiguo a la fábrica parroquial y su estado de conservación es bueno. En Elosua (G) el cementerio viejo estaba situado contra la pared de la iglesia que da a la plaza.

En Ataun (G) comenzaron a efectuarse enterramientos en el pórtico y en los terrenos inmediatos a la iglesia cuando el aumento de población fue tan importante que escaseó el espacio disponible en su interior. Este recinto recibía el nombre de cementerio o claustro. Precisamente, kalostrea, derivada de la palabra claustro, es el nombre que en esta localidad se emplea para denominar el pórtico[1].

El cementerio de Elosua (G) se encontraba adosado a la iglesia hasta que en el año 1872 se construyó el actual en la falda del monte Iriaun.

En Garde (N) hasta 1953 el camposanto estaba detrás de la iglesia. En Obanos (N) el anterior al actual se hallaba situado en el casco urbano junto a la vieja parroquia.

En Aoiz y Aria (N) tras la prohibición de enterrar en el interior de la iglesia se hizo un cementerio anexo al templo, dedicado fundamentalmente a las personas que morían «dentro de la religión».

Parrilla de protección. Cementerio de Lekunberri (BN), 1986. Fuente: Ministère de la Culture. Commission Régionale d’Inventarie “Aquitaine”.
Capilla del cementerio. Nanclares de Gamboa (A), 1990. Fuente: Juan José Galdos, Grupos Etniker Euskalerria.

La mayoría de las localidades del País Vasco continental, al menos las que no han crecido excesivamente, siguen manteniendo los cementerios en torno a las iglesias. También en Vasconia peninsular, en las poblaciones pequeñas, se encuentran cerca de ellas.

La presencia mayoritaria de cementerios rodeando la iglesia en Vasconia continental se ha traducido en comportamientos muy diferentes a los manifestados en la zona peninsular en lo referente a las visitas a estos recintos, como ha quedado reflejado en capítulos anteriores.

Cementerios en torno a ermitas

Ha sido tradicional que terrenos anteriormente ocupados por iglesias, capillas o ermitas y en los que había tradición de efectuar enterramientos[2], hayan pasado a cumplir funciones de cementerio una vez derribados los edificios o como en el caso de las ermitas, crear camposantos junto a los edificios de las mismas.

En Bizkaia son frecuentes los casos de cementerios ubicados junto a ermitas. Los pertenecientes a las villas de Otxandiano y Elorrio se localizan junto a sendas ermitas erigidas bajo la advocación de San Roque; el de la villa de Ondarroa se halla junto al santuario de Ntra. Sra. de la Antigua y el de la villa de Larrabezua rodea la ermita del Santo Angel. En Arrigorriaga encontramos el cementerio en los aledaños de la ermita del Santo Cristo de Landaederraga y en Izurza junto a la de Ntra. Sra. de Erdoiza[3]. En la anteiglesia de Castillo-Elejabeitia se destinó a cementerio, a finales del siglo pasado, el solar que anteriormente ocupaba la vieja iglesia de Santa María de Castillo que fue demolida.

En Elgoibar (G), hasta el año 1716, aparte de en la iglesia de San Juan Bautista de Alzola, se practicaron enterramientos en la de San Francisco y San Bartolomé de Olaso. A partir de este año se comenzó a enterrar en la nueva iglesia de San Bartolomé de Kalengoen. En el año 1776 se decidió derribar el templo de San Bartolomé de Olaso y se procedió a hacerlo respetando únicamente los pórticos de acceso. Los terrenos donde estaba ubicada la iglesia se destinaron a cementerio y hoy en día siguen cumpliendo la misma función.

En Olaberria (G) en 1842 decidieron destinar para cementerio parroquial los terrenos de la ermita de Santa Lucía. Allí se trasladaron los restos que se hallaban en el interior y alrededores de la parroquia[4].

En Zerain (G) el cementerio actual ocupa una loma en las inmediaciones de la ermita de San Blas. Se cuenta que al hacerse necesario el traslado del antiguo cementerio se tantearon varios emplazamientos, hasta que se recordó que el terreno del actual era propiedad de la iglesia, lo que determinó su elección. Se da la coincidencia de que la ermita de San Blas fue el primer emplazamiento de la iglesia de Zerain.

En Apodaca (A) hasta hace pocos años el cementerio se encontraba a la entrada del pueblo, en el barrio de San Andrés, situado sobre una antigua ermita. Hoy en día ha quedado circundado por edificaciones al crecer el pueblo, lo que ha motivado su traslado a las afueras, en el término de Arana.

En Quintana, San Román de Campezo y Villaverde (A) al sacar los cementerios de las iglesias se adosaron a los muros de las ermitas, como las de San Andrés, San Miguel y la del Cristo respectivamente.

En Mélida (N) también se ha enterrado en el exterior de la ermita de la Santa Cruz, adosada al actual cementerio.

Cementerios en extrarradios

La creación de los cementerios en campo abierto alejados de las poblaciones es consecuencia, como ya se ha indicado, de la Real Cédula de Carlos III en la que se prohibían los enterramientos en el interior de las iglesias. Esta disposición se oponía a una costumbre secular fuertemente arraigada por lo que su aplicación sólo se pudo llevar a efecto de manera paulatina y en más de un caso con una importante demora. El traslado de los cementerios a las afueras de los pueblos obligó a muchos ayuntamientos del País Vasco peninsular a destinar un terreno para enterramientos en zona despoblada.


 
  1. Juan de ARIN DORRONSORO. “Ataun. Toponimia de carácter religioso” in AEF, IX (1929) p. 50.
  2. Numerosas ermitas de Bizkaia con tradición de antiguas parroquias contienen materiales funerarios de época alto medieval, lo cual viene a indicar la práctica de enterramientos junto a ellas. En este orden de cosas cabe destacar la Necrópolis cristiana de Argiñeta en Elorrio, con sepulcros y estelas datados en el siglo IX, ubicada junto a la ermita de San Adrián. Vide Gurutzi ARREGI. “Monumentos funerarios en las Ermitas de Bizkaia” V Congreso Internacional sobre la estela funeraria in Cuadernos de Sección Antropología-Etnografia, X (1994) pp. 157-172.
  3. Gurutzi ARREGI. Ermitas de Bizkaia. Bilbao, 1987.
  4. Ignacio ALUSTIZA. Olaberria. San Sebastian, 1976, p. 91.