A los palillos

De Atlas Etnográfico de Vasconia
Saltar a: navegación, buscar

Es un juego similar al anterior de alfileres «Al monto». La diferencia fundamental está en el elemento de juego que en este caso son los palillos. El número de jugadores es variable y lo practican tanto niños como niñas. En algunas localidades han señalado que anteriormente se llamó «A los palillos chinos» y con este nombre se le conoce en Amézaga de Zuya y Valdegovía (A).

Se utilizan unos palillos delgados, cilíndricos, de una longitud aproximada de unos 20 cros cuyos extremos estén afilados. En Portugalete (B) se fabricaban con trocitos longitudinales de caña. En Lezaun (N) era un juego de niñas que de ordinario compraban los palillos y en su defecto los hacían con ramitas. En Garde (N), los construían los propios niños con mimbre y en Obanos y en San Martín de Unx (N) pelando pequeñas ramas de árboles o sarmientos hacían 20 palos de grosor y tamaños parecidos, de 20 a 25 cm de longitud que llamaban peones y a los que se adjudicaba un valor de 1 punto. Tallaban uno más grueso con dos puntas, rey, que valía 10 puntos y otro con una punta, reina que tenía un valor de 5 puntos.

En Narvaja (A) se usaban los palitos de las piruletas, en Monreal (N) los de los caramelos con mango, chupa-chus, y en San Martín de Unx también recurrían a los palos de los polos (helados).

Había veces en que los palillos se pintaban y se les adjudicaba un valor diferente dependiendo del color como se ha constatado en Narvaja (A); Amorebieta-Etxano, Durango y Portugalete (B). En Valdegovía (A) se juega con 41 palillos de distintos colores y valores: El palillo negro que es único vale 20 puntos, los 5 verdes 10 puntos cada uno, los 5 azules 5 puntos cada uno, los 15 rojos 3 puntos cada uno, y los restantes 15 amarillos tienen un valor de 2 puntos cada uno. Según los informantes el número de participantes apropiado es de dos o tres.

El juego consiste en coger el mazo de palillos en una mano y colocándolos verticalmente sobre la mesa o sobre el suelo abrirla, dejándolos caer sobre la superficie de juego. Cada participante debe ir levantando palillos sin mover los que toquen o estén próximos al que recoge. Si al retirarlo moviera algún otro perdería su turno. Se proclamará ganador el que consiga el mayor número de palillos o de puntos, según se haya convenido.

En Obanos (N) estaba permitido tirar con cierta fuerza para que se desparramasen al caer y ayudarse de uno de los palillos conseguidos. Era un juego mixto, que se ejecutaba en primavera-verano.

En Portugalete (B) se practicaba además del juego común una variante en la que cada jugador debía coger solamente los palillos que correspondieran al color que previamente le hubiera sido adjudicado.

En Sangüesa jugaban tanto niños como niñas con doce palillos cortos. En esta localidad navarra como en las de Allo, Garde, Lezaun, Monreal y Viana fue un juego popular en los años sesenta.