Otros juegos de balanceo

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Los tres juegos descritos con anterioridad se sirven de un objeto para producir el movimiento de balanceo. Pero se conocen unos pocos entretenimientos en los que no se emplea artilugio alguno, eso sí, es necesaria la colaboración de al menos dos niños. Estos jueguecillos suelen acompañarse de diálogos y recitados.

En Carranza (B) jugaban a una modalidad conocida como «A en tabletas». Dos niños o niñas se apoyaban sobre sus espaldas y entrelazando los brazos se balanceaban de forma alterna de modo que cada vez que uno de ellos se inclinaba hacia adelante, el otro quedaba subido sobre su espalda y suspendido en el aire. En esta posición mantenían un diálogo que iniciaba el de abajo:

— ¿En qué estás?
— En tabletas.
— ¿Qué has comido?
— Sardinetas.
— ¿Qué has bebido?
— Agua de mayo.
— ¡Ay!, tente tú que yo me caigo.

Al decir lo último, el niño agachado se incorporaba y era el otro el que inclinándose pasaba a soportar el peso de éste, iniciando nuevamente el diálogo.

Cualquier objeto sirve para balancearse. Bilbao (B), 1970. Fuente: Archivo particular Rafael Agirre.

En Pipaón (A) conocen un juego idéntico. El que levanta al otro le pregunta mientras le sostiene sobre su espalda:

— ¿Dónde estás?
— En tu espalda.
— ¿Qué comiste?
— Mermelada.
— ¿Qué bebiste?
— Agua de mayo.
— Tente sobre ti,
porque yo me caigo.

En Lezaun (N), donde se llamaba «A campanas» y en Aramaio (A), donde se conocía como «Ipur topeka», se jugaba igual: Dos chicos se apoyaban por sus espaldas y entrelazando los brazos se iban elevando uno a otro alternativamente.

En Pipaón (A), además de a la anterior modalidad, también juegan a esta otra: Dos niños o niñas se colocan de espaldas y unen sus brazos adoptando la misma postura que se describió para los anteriores entretenimientos, sólo que esta vez en lugar de mantener un diálogo, entonan una canción a la vez que simulan el volteo de una campana:

A las campanas de San Miguel
que todas vienen cargadas de miel
a lo duro a lo maduro
que se ponga la señorita «Mari Carmen»
de culo, tilín, tilán, tilín, tilán.

En Baja Navarra (Ip), al tiempo que se balanceaba el uno al otro con movimiento pendular, se cantaba:

Din dan balendan
elizako atetan
gizon bat dilindan
zer egin du?
— Bekatu, emaztea urkatu.
— Hori ez da bekatu!
— Xakurra zanpatu.
— Hori da hori, bekatu!
Din dan balendan / en la puerta de la iglesia / hay un hombre colgado / ¿qué ha hecho? / – Pecado, ha ahorcado a su mujer. / – ¡Eso no es pecado! / – Ha golpeado al perro. / – ¡Eso sí que es pecado![1].

En Portugalete (B) se conoce como «A campanas» este otro juego: Dos niños se agarran de las manos, puestos de frente y con las puntas de sus pies tocándose. Una vez bien asidos, inclinan sus cuerpos hacia atrás de manera que los brazos queden estirados. Entonces proceden a realizar un movimiento de vaivén hacia adelante y hacia atrás, teniendo cuidado de no perder el equilibrio.

En Carranza (B) dos chiquillos se sentaban en el suelo uno frente al otro. Estiraban las piernas y apoyaban sus respectivos pies por las plantas, a la vez que se agarraban de las manos. Iniciaban un diálogo de modo que cada vez que hablaba uno de los niños tiraba del otro. Cuando concluían el diálogo lo reanudaban de nuevo, pero esta vez haciendo las preguntas quien antes respondía.

— ¿Quién se ha muerto?
— Juan el tuerto.
— ¿Quién le llora?
— Su señora.
— ¿Quién le toca?
— El sacristán.
— ¿Cómo le toca?
— Tilín tilán.

Los chicos de Arraioz (N) jugaban en invierno a una modalidad conocida como «Doble gixon» en la que participaban dos parejas. Los componentes de una de ellas se arrodillaban en el suelo apoyando también las manos y colocados uno junto al otro pero orientados en sentido opuesto.

Los de la segunda pareja se disponían uno de pie y el otro cabeza abajo agarrado a su amigo, que a su vez le sujetaba. Quedaban entonces con sus respectivas caras a la altura de las rodillas del compañero.

Tras adoptar estas posturas iniciaban el juego. El que permanecía de pie se tiraba de espalda sobre los agachados con el suficiente impulso como para que su compañero quedase de pie al otro lado. A pesar de dar la sensación de que iba a golpearse la cabeza contra el suelo, siempre estaban los pies de su amigo para protegerle. Una vez se mecían un cierto número de veces, establecido con antelación, intercambiaban sus posiciones.

En Obécuri (A) llamaban a este juego «A las alforjas camineras». Lo practicaban igualmente cuatro niños dispuestos como en el grabado. Los que permanecían incorporados se sentaban sobre los agachados volteándose de un lado a otro, de forma que el que estaba de pie a un costado de los arrodillados quedaba cabeza abajo en el otro. A cada oscilación recitaban la siguiente letrilla:

¿Cuánto vales?
Mil reales.
¿Cuánto pesas?
Mil artesas.
Tente burriquito
que no los vales.

Si al efectuar el ejercicio se caían, invertían los papeles; si por el contrario los agachados cedían al peso, volvían a repetir su posición.


 
  1. A. APAT-ECHEBARNE. Noticias y viejos textos de la “Lingua Navarrorum”. San Sebastián, 1971, p. 238.