Apéndice: Almadías

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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El transporte de maderos de los bosques del Pirineo navarro desde tiempos antiguos se hacía por medio de almadías[1]. Eran unas balsas de maderas en varios tramos, entre tres y siete, unidos entre sí para ser conducidos por el río y dirigidos mediante remos.

Los troncos se unían mediante jarcios o antecas que consistían en vergas de avellano, mimbres, sargas o ramas de roble que a modo de lianas permitía a los tramos estirarse o encogerse durante el descenso por el río. Eran por tanto ataduras flexibles con lo que evitaban el uso de cadenas o alambres de hierro.

Los ríos navarros por los que bajaban las almadías eran el Esca, el Salazar y el Irati que afluyen en el Aragón y este a su vez en el Ebro y permitía así el transporte de la madera navarra hasta Cataluña.

Los antiguos caminos hacían difícil el acceso de carros hasta los bosques de la alta montaña por lo que resultaba más rápido y fácil el transporte de troncos por el cauce fluvial. Las aguas de los ríos en el mes de mayo, aguas mayencas, eran muy favorables a la navegación de las almadías debido al deshielo de las cumbres pirenaicas.

Los pinos corales y los abetos fueron los árboles preferidos; en raras ocasiones las hayas y los robles que por su gran densidad tenían menos flotabilidad. Después de talar los árboles, mediante el hacha, astral o segur, venía el descortezo y la labra. Casi siempre se preparaban los troncos en redondo; en menos ocasiones “se escuadraban” dejándolos en cuatro caras.

El arrastre del material hasta el mismo río se hacía mediante bueyes y mulas y a falta de caminos se aprovechaban pequeños barrancos para facilitar el deslizamiento de los troncos hasta que llegaban al atadero o playa fluvial. Esta playa era un lugar llano junto al río; allí se construían los tramos de las almadías atando los maderos según sus medidas.

En el río Esca que atraviesa el Valle de Roncal existieron ataderos en Ustárroz, Isaba, Urzainqui, Roncal y Burgi; en el río Salazar que discurre por el Valle de su nombre, en Escaroz, Oronz, Sarries y Puente de Bigüezal.

Almadías por el río Eska (N), c. 1930. Fuente: Archivo Real y General de Navarra: Marqués de Santa María del Villar.

Los troncos recibían diversos nombres según fuera su longitud; docenes: 4.80 m; catorcenes: 5.60 m; secenes: 6.40 m; dieciochenes: 7.20 m o veintenes: 8 m. Excepcionalmente había troncos más largos destinados a la construcción de puentes o a ser vigas maestras en las casas.

En todo caso cada madero recibía una marca como señal de propiedad para no ser confundido con otros y poder así ser recuperados al ser dispersados en un caso de riada. Esta marca consistía en signos o letras realizadas con hacha o con martillo provisto de relieve cortante.

Ya a finales del siglo XIX se abrieron nuevos caminos y empezaron a transportar la madera en galeras por estas vías nuevas. Mayor competencia para las almadías sobrevino en la década de los años 1920 con la construcción de carreteras y la entrada de los camiones para el transporte. Las almadías perduraron todavía unos treinta años. En la posguerra debido a la escasez de combustible para los motores continuaron bajando las almadías hasta el río Ebro. El golpe final de este transporte fluvial sobrevino el año 1952 cuando se construyó el pantano de Yesa sobre el río Aragón.

Un informante para esta encuesta, Félix Sanz, de Urzainqui, relata en estos términos este antiguo transporte:

“La madera era arrastrada barranquiándola hasta las cercanías del río para trabajar los troncos de la manera más apropiada, tras ser serrada y talada en el bosque. Todo ello era en otoño, época en la que se preparaban las almadías en el atadero junto al puente antiguo de Urzainqui hoy desaparecido. El atadero se situaba sobre un pedregal plano junto al río. La clasificación de las almadías venía según el número de tramos teniendo en cuenta el número de remos y el grosor de los maderos. Podía haber desde dos tramos hasta siete. Cuanto más corpulentos eran los troncos había menos tramos y más remos; así que la cantidad de troncos de cada tramo era inversamente proporcional a su grosor. La anchura por tramo era de entre tres y cuatro metros y medio. Los troncos más irregulares se ponían atrás.
Se recortaba el tramo inferior de un tronco (escarba) a golpe de astral para evitar que rozara el fondo del río. Se rebajaban también los costados laterales de las puntas, orejeras. Estos arreglos eran para poder maniobrar con las vergas que sujetaban los maderos. Se ligaban los troncos con varas de avellano cruzadas por agujeros abarrenados intentando evitar así el bascular de los troncos. Para ello se usaban los barreles (leños de haya rectos y limpios de 8 cm de diámetro extraídos de las zakardak o viveros de hayas), soportes donde descansaría todo el amarre y las jarcias vegetales llamadas vergas de avellano, si escaseaba de verguizo o mimbre silvestre. Estas se trabajaban con la hoceta (terminada en gancho por un lado y filo en forma de hachuela por el otro); luego se retorcían verdes (“torcer verga”) hasta que quedaban convertidas en varas dúctiles y manejables que atarían firmemente los troncos al secarse. Estar vergas se llamaban txintura. El decen era el tronco de diez y media varas es decir de 4 m de largo, el docen tenía las doce medias varas, unos 4.80 m, el secen era bastante más grande y tenía 16 medias varas, 6.40 m de longitud. Pero los más largos eran los llamados velas. Estos eran gruesos sin escuadrar y tenían entre 8 y 12 m ya que se empleaban en la construcción de barcos. Se bajaba por el río cuando estaba con caudal abundante, en primavera, es decir mayenco, debido al deshielo. En invierno se navegaba cuando no quedaba más remedio ya que era muchísimo más peligroso”.


 
  1. El mejor estudio sobre las almadías es el de nuestro investigador de “Etniker-Navarra” Juan Cruz LABEAGA. Almadías en Navarra. Merindad de Sangüesa. Pamplona: 1992.