Traslación procesional de imágenes

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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En algunas circunstancias muy adversas en estas procesiones en rogativa tenían lugar ritos extraordinarios. Así el traslado procesional de imágenes de la Virgen o de los santos desde sus respectivas ermitas hasta la parroquia estaba motivado por las necesidades colectivas originadas por la sequía o más excepcionalmente por calamidades generales como la peste. Este traslado daba pie a ritos de rogativa con la participación del vecindario. En algunos pueblos la imagen quedaba en la parroquia desde la primavera hasta el verano. Más comúnmente esta permanencia se limitaba al tiempo necesario para celebrar un triduo o un novenario a cuyo término se devolvía solemnemente a la ermita cantando las letanías.

En Amoroto (B) hasta los años 1970 fue costumbre que el día de la fiesta de santa Bárbara, 4 de diciembre, tras la misa, se bajara en procesión la imagen desde su ermita situada en un promontorio hasta la parroquia; aquí permanecía hasta el día 25 de abril, festividad de san Marcos, en que se retornaba procesionalmente con ella, rezando las letanías. Actualmente la imagen queda en la ermita durante todo el año.

En Iurreta (B) se trasladaba la imagen de Andra Mari en época de sequía, salía de Goiuria donde tiene su ermita, a la parroquia de San Miguel. El traslado se hacía procesionalmente con repique de campanas y cantando las letanías de los santos, siendo los jóvenes quienes portaban en andas la imagen. En la parroquia tenía lugar un novenario y finalizado este, se volvía a subir procesionalmente la imagen de Andra Mari hasta su ermita.

Coincidiendo con épocas de gran sequía, se bajaba procesionalmente la imagen de la Virgen de Andikona a la parroquia de Berriz[1]. También en la Villa de Durango (B), por este mismo motivo, se llevaba la imagen de san Fausto desde su ermita a la parroquia de Santa María de Uribarri.

En Izurtza (B) cuando se padecía alguna necesidad colectiva, y generalmente en petición de lluvia, la imagen de Andra Mari de Erdoitza era conducida desde este su lugar a la parroquia, donde se celebraba un triduo o novenario de misas.

En Kortezubi (B), en tiempo de sequía, se llevaba en procesión la efigie de san Esteban desde su ermita hasta la parroquia, donde se le hacía un novenario.

En el Valle de Carranza (B) para implorar la lluvia era bajada la Virgen del Buen Suceso desde su santuario hasta la parroquia de San Andrés de Biáñez, donde tenía lugar una novena “de rogativas”.

En La Puebla de Arganzón (A) trasladaban la imagen de Ntra. Señora de la Antigua desde su ermita, que está a la salida del pueblo, hasta la parroquia.

En San Martín de Unx (N), en caso de gran sequía, se llevaba en procesión hasta el pueblo la imagen de santa Zita haciendo en su honor rogativas para que lloviera. Recibía la santa a diario, por la noche, una novena. Algún año fue llevado al pueblo, igualmente, el santo Cristo moreno, que actualmente está en Santa María y que antes durante muchos años estuvo en Santa Zita. Recuerdan haberlo sacado en dos ocasiones para provocar la lluvia, no consiguiendo otra cosa que granizo.

En Argandoña (A), según señalan los informantes, estas creencias y prácticas tradicionales relativas a los cultivos y a las operaciones agrícolas, permanecen en la memoria de las personas de más avanzada edad. La mayoría de los agricultores actuales no realizan ninguna práctica que tenga que ver con estos ritos e imprecaciones de carácter mágico-religioso.

Hoy día para que el temporal haga el menor daño posible se procura que las piezas estén saneadas, con las acequias, ríos, caminos y pasos en buen estado de conservación. Atrás quedaron las prácticas religiosas como la implantación de las cruces en los sembrados, las rogativas para pedir la lluvia o los conjuros contra las tormentas. Sin embargo, todavía se realizan bendiciones y rogativas aisladas que son una ocasión propicia para reunirse alguna vez al año.

Es frecuente recurrir a una compañía de seguros, en ocasiones a través de las propias cooperativas o sindicatos agrarios, para asegurar la cosecha de ciertos cultivos. El pago anual de una cantidad de dinero cubre los daños a los cultivos producidos por el granizo, inundaciones, etc.


 
  1. Archivo Santuario. Legajo II, fol. 3l, citado por Severino AGUIRREBEITIA. Nuestra Señora de Andicona en Berriz.-Vizcaya. Vitoria: 1953, p. 20.