Paisaje agrario de Álava

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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La comarca de la Llanada Alavesa ocupa una extensión de más de 700 km2 que comprende la Cuadrilla de Vitoria-Gasteiz al oeste, la Cuadrilla de Salvatierra-Agurain al este y algunas localidades adyacentes. Aunque no están dentro de la Llanada también se pueden incluir los municipios de Treviño, La Puebla de Arganzón, Armiñón y algunas zonas de la Montaña Alavesa, por su similitud paisajística y su parecida actividad agrícola. La altitud de la Llanada Alavesa oscila entre los 500 y los 600 metros, y los montes que la circundan en escasos puntos superan los 1000 metros.

La red hidrográfica está formada por varios pequeños ríos y arroyos que nacen en las sierras que limitan y cierran la Llanada Alavesa y vierten hacia ella para ser drenados por el cauce principal, el río Zadorra, que desemboca en el Ebro, por lo que la cuenca hidrográfica pertenece a la vertiente mediterránea. En la Llanada se encuentra el embalse de Ullíbarri-Gamboa o del Zadorra que es el más grande del País Vasco y cumple la función de abastecer de agua a Álava y Bizkaia y regular el caudal del río Zadorra. A pesar de ser una zona llana, la erosión superficial nos ha dejado pequeños cerros o montículos, pero el resto actualmente son llanuras aluviales sedimentarias que coinciden con los mejores terrenos agrícolas.

El clima, por su orografía, responde al de una zona de transición entre los climas atlántico y mediterráneo, lo que hace que los inviernos sean fríos y húmedos, y los veranos frescos.

Los pueblos están constituidos por pequeños núcleos de población de entre 10 y 40 casas aproximadamente, distribuidos por todo el territorio a una distancia de 2 o 3 kilómetros entre sí. Están rodeados de huertas y pequeños terrenos de cultivo en un primer cinturón concéntrico en torno al núcleo urbano, y de parcelas de mayor tamaño llamadas piezas en el resto del terreno que rodea a cada pueblo. A corta distancia existen también caseríos y ventas aisladas del pueblo, cerca del núcleo principal.

Paisaje de olivo y vid. Moreda (A), 2014. Fuente: José Ángel Chasco, Grupos Etniker Euskalerria.

La actual zona rural conserva su esencia pasada, si exceptuamos la proliferación de nuevas viviendas unifamiliares o pequeñas urbanizaciones de chalets, que poco tienen que ver con la actividad agropecuaria, debido a su dependencia de otros pueblos de mayor tamaño o, sobre todo, de la capital Vitoria-Gasteiz. La influencia de los núcleos de población más importantes sobre la agricultura es muy grande, siendo la expansión urbana e industrial de los mismos un freno a la actividad agrícola por la pérdida de las mejores tierras de cultivo.

El abandono progresivo de la ganadería extensiva y de la explotación del bosque estuvo propiciado por la roturación de terrenos para la agricultura, una de cuyas consecuencias fue la aparición de parcelas de cultivo entre masas boscosas, llamadas roturos y la conservación de pequeños espacios naturales rodeados de cultivos denominados bosques isla.

La producción es principalmente cerealista de secano, alternando con algunas plantas forrajeras, maíz, habas, alubias, patatas y remolacha, estas últimas beneficiadas por la introducción del regadío. En las últimas décadas, algunos agricultores se han iniciado en el cultivo intensivo y a gran escala de verduras. Por el contrario, han desaparecido totalmente los cultivos tradicionales como el lino, la alholva, la arveja, etc., reservando algunas parcelas para alfalfa o forrajes similares, destinadas a la alimentación del ganado, que se dan en mayor medida cuanto más nos acercamos al norte de la Llanada.

Las fincas pueden ser de titularidad privada o comunales. Estas últimas pueden pertenecer a un solo pueblo o a varios y suelen ser arrendadas a los agricultores interesados para el periodo que se acuerde en junta de vecinos.

Hasta mediados del siglo XX las parcelas estaban muy fragmentadas, eran de pequeña extensión y con una complicada red de acceso, lo que retrasaba la incorporación de la agricultura a la nueva situación. En los años 1960 se acometió la concentración parcelaria, que supuso la conversión de las pequeñas parcelas en medianas o grandes, de formas más regulares y con accesos más directos. Otra consecuencia fue la reconversión de los cultivos pues la siembra se redujo al trigo, la cebada, la avena y el maíz, entre las gramíneas, a la hierba para el forraje, a la patata y a la remolacha azucarera.

Otro aspecto de modificación del paisaje fue la aparición de balsas de riego a partir de los años 1980 donde poder acumular el agua de los arroyos. Estas balsas, algunas de gran tamaño, distribuían el agua por redes subterráneas de tubería que afloraban a la superficie en forma de toma de riego cada cierto número de parcelas, distribuidas estratégicamente.

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El Valle de Aramaio y la Cuadrilla de Aiala pertenecen a la vertiente atlántica del territorio alavés. Las tierras del Valle de Aramaio son poco propicias para el cultivo de los cereales y más aptas para toda clase de hierbas, verduras y hortalizas. Incluso en los años de mejores cosechas el valle era deficitario en trigo que había que traerlo de Navarra o de la Llanada Alavesa. Predominan los prados y la ganadería ha constituido una actividad esencial de los caseríos, si bien hoy día la dedicación a ella es pequeña y familiar. Existe especialización en vacuno de leche, pero también hay ganado ovino para la obtención del queso de Idiazabal.

Rotavateando en la Llanada Alavesa, 2003. Fuente: Juan José Galdos, Grupos Etniker Euskalerria.

La cercanía de este valle a las localidades de gran tradición industrial ubicadas en el Alto Deba (G), especialmente Arrasate, ha propiciado que gran parte de su población activa esté ocupada en el sector industrial. En los últimos años se han impulsado dos polígonos industriales con el fin de atraer empresas. Esta circunstancia ha propiciado el abandono de muchas explotaciones agrarias, reducidas a una horticultura en pequeña escala. Aun así, su huella en el paisaje rural es importante.

En la Cuadrilla de Aiala la agricultura, salvo en el municipio de Aiala, tiene escasa importancia, siendo un obstáculo la orografía del terreno, que es más propicia para el bosque. Los cultivos agrícolas más importantes son el maíz, la patata, el trigo, la alubia y la avena. También se dan productos hortícolas forrajeros y praderíos. La producción de sidra y de txakoli es una actividad que está adquiriendo cierta importancia.

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Los valles occidentales alaveses son el de Kuartango, Valderejo, Valdegovía y Salinas de Añana, que conforman la Cuadrilla de Añana. La zona norte de los valles disfruta de clima oceánico y la sur de clima mediterráneo. Todos los municipios han conocido una regresión de la población en los últimos años.

A excepción de los pueblos que ostentan la capitalidad de cada municipio el tipo de poblamiento es el de núcleos de pequeño tamaño, entre 10 y 30 casas más o menos, con sus huertas anexas y las tierras de labor entre los diferentes pueblos. Se han construido nuevas edificaciones y chalets, en su mayoría como segunda vivienda. También han surgido algunos polígonos industriales que alteran el paisaje llegando incluso a la creación de nuevas poblaciones como es el caso de la nueva localidad de Zubillaga, que integra a los obreros de la firma General Química.

En el valle de Valdegovía y en Ribera Alta se realizaron roturos destinados a la patata de siembra. Los pastizales de las laderas también se destinaron a la siembra del cereal y las zonas muy húmedas o pantanosas de Ribera Baja, se desecaron con igual fin. Antes de la concentración parcelaria, llevada a cabo a mediados del siglo XX, era habitual el cultivo de zanahoria y remolacha forrajeras, nabos y alfalfa, que a partir de entonces desaparecieron siendo sustituidos por otros cultivos más productivos: colza, veza, hierba para el ganado, etc.

Hoy día en las tierras de labor se alternan cultivos de ciclo corto y de ciclo largo: cereal, remolacha, patatas, maíz y legumbres. La superficie cultivable está distribuida aproximadamente en un 88 % de secano y un 12 % de regadío. Se cuenta con unas 590 explotaciones agrícolas, lo que viene a suponer unas 8064 parcelas, cuya superficie media por explotación es de 40 ha. Existen 24 Comunidades de Regantes que están elaborando un ambicioso proyecto de regadío.

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Rioja Alavesa cuenta con un paisaje cultural con identidad propia, debido a la particularidad que ofrece el cultivo del viñedo en los valles, planillas y barrancos junto al río Ebro y la elaboración del vino en lagares y bodegas. Es una comarca situada al sur de Álava y los límites naturales son la Sierra de Toloño al norte y el río Ebro al sur, lo que da lugar a dos paisajes, la montaña al norte y la llanura al sur. El clima es templado oceánico, entre continental y mediterráneo, con una temperatura que desciende hacia la sierra y aumenta en la zona oriental.

La población riojano-alavesa de alrededor de 11 000 habitantes, vive en 22 pueblos, que se encuentran distribuidos por todo el territorio y ocupan una pequeña superficie entre las tierras de labor de los municipios. La imagen genuina de la comarca es agrícola, pero existen pequeños polos industriales. El paisaje está salpicado de lagares rupestres de vinificación, chozasguardaviñas y modernas bodegas. Por todas partes se aprecian montones de piedras, conocidos como morcueros, que se amontonan en los lindes de fincas y en eríos, resultado de la limpieza de viñas y piezas de piedras, losas y de bancos de canteras.

La comarca está atravesada por el río Ebro. Las huertas se cultivan en torno a las recajas y terrenos próximos a los arroyos donde hay regadío. La superficie agraria cultivada es de dos terceras partes con unas 20 000 ha de terrenos cultivados. El peso de la agricultura es total, predominando las tierras cerealistas y vitícolas en régimen se secano. Destaca el viñedo, que cuenta con la mayor superficie de hectáreas cultivadas. Rioja Alavesa es un paisaje de vid, el cereal es el segundo cultivo en importancia y a cierta distancia, el olivar. La vid prácticamente se ha convertido en monocultivo y el vino es el producto más identificativo de la comarca.

El paisaje se ha transformado debido a la rotura de arbolado de los montes para destinar los terrenos al cultivo, la concentración parcelaria de algunos pueblos, el monocultivo de la vid y el empleo de maquinaria pesada. Hoy día los viñedos mayoritariamente, los campos de cereal y los olivares configuran un paisaje agrícola típicamente mediterráneo.