Patata

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Según el tipo y el tamaño de la patata, las semillas recolectadas pueden ser destinadas a semilla de siembra (de menor tamaño) o para consumo humano. A diferencia de otras regiones del sur y este de la Península Ibérica y de las islas españolas en las cuales se dan patatas tempranas para cubrir el mercado primaveral, en Alava central y occidental se siembran en abril patatas tardías y de media estación y se recogen entre septiembre y octubre. Los agricultores almacenan las patatas a granel en sus pabellones convenientemente ventilados y con sus propios medios mecánicos (cintas transportadoras, tolvas, mesas seleccionadoras, paletización, carretillas elevadoras) y durante los meses de invierno envasan las patatas en sacos, normalmente de 25 kilos (también de 10 kilos), que van comercializando a los mayoristas que los transportan en camiones.

Las patatas son de regadío y pueden ser para consumo humano, tal y como se extraen o transformadas en patatas fritas o en platos preparados. Desde el año 2009 existe en la localidad de Trokoniz (Iruraiz-Gauna) una planta de transformación de patatas ecológicas de Álava en patatas tipo chips fritas con aceite de oliva extra virgen ecológico, sal de Salinas de Añana, y comercializadas como patatas fritas ecológicas Ecochip. Otros tipos de patatas se destinan a semillas de siembra, siendo de menor tamaño.

Los cultivos industriales, sobre todo la patata y la remolacha, han tenido una expansión en el territorio alavés de forma paralela a la implantación del regadío, sobre todo a partir de la década de los 70 y 80 del siglo XX, aunque es la primera la que poco a poco ve disminuido su cultivo y, por el contrario, la remolacha azucarera es la que está aumentando gracias a los Planes Sectoriales impulsados por las instituciones públicas, las cooperativas y los sindicatos agrarios, alentados por las fábricas azucareras, en el caso de Álava por la fábrica de Miranda de Ebro. De hecho tanto la patata de siembra como la de consumo han sufrido una disminución en el número de hectáreas por el encarecimiento del precio de las semillas y de los productos fitosanitarios, y por los desequilibrios en los precios de venta del producto final.

Tanto las labores de cultivo de la patata como de la remolacha están totalmente mecanizadas, desde su siembra con sembradoras, tratamientos con calderas pulverizadoras de echar herbicidas, abonadoras de fertilizantes, riego por aspersión con cobertura de tubos, y cosechadoras que separan la hoja de los granos y los depositan en remolques para su almacenamiento o transporte para transformación directa. Para ello, cada agricultor dispone de maquinaria propia o, lo normal, se agrupa en cooperativas para adquirir y compartir sembradoras o cosechadoras, cada vez más sofisticadas.