Piedritas recogidas en Pascua

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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En Carcastillo (N), introducían doce piedras pequeñas en un puchero lleno de agua bendecida en sábado santo. Luego las piedras se conservaban en una caja y se guardaban como si fuera un talismán. Cuando sobrevenía una tormenta peligrosa las iban arrojando por la ventana para conjurar las malas nubes.

En Markiniz (A) para defender los campos de las tormentas, se cogían piedras del arroyo el día de sábado santo, mientras las campanas tocaban a gloria; cuando se aproximaba alguna tormenta, estas piedras se arrojaban a la calle[1]. En Apodaka (A) este mismo día a las doce del mediodía se recogían los guijarros que se lanzaban contra las tormentas.

En la Montaña Alavesa existió la costumbre de recoger unas piedritas durante el toque de campanas del domingo de resurrección. En los días de tormenta se arrojaba una de estas piedritas por la ventana para espantarla. En Bajauri (A) las piedritas las colocaban en la ventana formando una cruz, mientras repetían:

“Santa Barbara bendita / que en el cielo estás escrita / con papel y agua bendita”.

En Berganzo (A) mientras las campanas tocaban a gloria el sábado santo se recogían piedras que cuando había tormenta se tiraban en cruz por la ventana y a la vez ponían en la ventana una vela que el día de Jueves Santo había estado colocada en el monumento. El agua bendecida se llevaba a las fincas o piezas y se esparcía por las mismas recitando: “Agua bendita del cirio pascual / mata al sapo para que no haga mal”.

En Treviño y La Puebla de Arganzón (A) el día de sábado santo, después de la misa de Gloria, se recogían unas piedras pequeñas. En otros pueblos las recogían el domingo de Pascua. Estas piedras se guardaban para proteger los campos de los malos nublaus. En los pueblos se sabía por qué lado iba a venir la tormenta y si los vientos soplaban podían traer piedra. Pocas veces se equivocaban. Cuando presagiaban tormenta o veían y oían cantidad de relámpagos y truenos, cogían cuatro piedras de las que habían guardado y desde una ventana lanzaban una en cada dirección, norte, sur, este y oeste, al mismo tiempo que rezaban un padrenuestro o avemaría por piedra. Así lo hacían en Taravero, Villanueva de Tobera, Aguillo, San Martín Zar y Albaina.

Otra práctica protectora consistía en encender la vela que cada familia llevaba al monumento del día de Jueves Santo y que terminada la celebración se la llevaban a casa para encenderla cuando amenazaba la tormenta. Así ocurría en Pariza, Samiano, Pangua, Torre y Treviño. En otros lugares utilizaban la candela bendecida el día de Candelas, 2 de febrero (Añastro, Lapuebla). También los había que ponían una imagen santa en una ventana de la casa.

En los pueblos del Condado de Treviño y La Puebla de Arganzón, como en tantos otros sitios, tenían que proteger las cosechas contra las plagas de ratones, gardamas, pájaros, etc. Por ello mandaban conjurar los campos. La mayoría de los encuestados actuales no han practicado este rito pero sí lo han oído de sus padres y abuelos y recuerdan el lugar desde donde se hacían los mismos como Alto del conjuro, Peña de los conjuros, etc., coincidiendo en la mayoría de los casos delante de la iglesia.


 
  1. Juan de ESNAOLA. “Pueblo de Markiniz (Marquinez). Los establecimientos humanos y las condiciones naturales” in AEF, VI (1926) p. 116.