Diferencia entre revisiones de «Setas2»

De Atlas Etnográfico de Vasconia
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Incluimos aquí un apartado dedicado a los champiñones y otras setas cultivadas, ya que aunque no son propiamente vegetales su producción se ha considerado una actividad agrícola.
  
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En Viana (N) hacia mediados del siglo XX algunas familias comenzaron a cultivar el champiñón en cantidades industriales para su venta. Al principio era un "artículo de lujo" y se empezó a poner en las antiguas y numerosas bodegas de la localidad en las que ya no se elaboraba el vino. Los dos primeros años proporcionaba una gran producción pero al cabo de ese tiempo bajaba mucho y por ello había que utilizar otras bodegas.
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La semilla se compraba en Pamplona, pero al parecer procedía de Francia. Se utilizó como abono compost, lo mejor el ''fiemo ''de caballo y el carbonato que se traía de Pamplona. Se daba vuelta a la ''basura ''con una ''arpilla ''u ''horquillo ''de hierro. Cada cosecha requería tierra nueva; ahora la misma tierra bien abonada produce durante dos o tres temporadas.
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Al principio, al disponer la tierra en el suelo, la recogida del producto resultaba incómoda, por lo que después se pasó a colocarla sobre caballetes y estanterías metálicas en pisos; el riego se hacía con ''jarriadera ''y después a motor con aspersores con manguera. La cosecha se recogía entre septiembre y julio.
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Hacia la década de los años sesenta se fue abandonando el cultivo del champiñón en las bodegas del casco urbano por los problemas de baja producción, humedades y la dificultad de desinfectarlas con cal adecuadamente. Comenzaron a edificarse bodegas bajo tierra fuera de la población mucho mejor preparadas y más amplias y cómodas.
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En estas fábricas se ha logrado un alto grado de mecanización con bandejas móviles y se utiliza, en parte, mano de obra inmigrante. Se alcanzó una producción aproximada de unos 150 000 kilogramos, que se vendía a la conservera local de Landaluce y a otras situadas en Logroño, Autol, Pradejón, Sartaguda, etc.
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Desde finales del año 2001 ha perdido mucho este cultivo por los bajos precios y altas retribuciones de la mano de obra. Esta crisis se debe, asimismo, a la importación de champiñón polaco, ya que los Estados Unidos de América han dado vía libre a la entrada de champiñón chino. Como consecuencia se han cerrado algunas fábricas. En 2003 se dedicaron al cultivo del champiñón 10 000 metros cuadrados.
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Además del champiñón, a partir de la década de los ochenta se comenzaron a cultivar por particulares setas tipo ''anguilera. ''Se compraban sacos de unos veinte kilogramos de compost (paja de trigo y ''gallinaza ''o excremento de gallina) preparados ya con las esporas. Además de estos pequeños cultivos para autoabastecimiento se producen setas destinadas a la venta en las nuevas bodegas industriales.
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En San Martín de Unx (N) el cultivo del champiñón se extendió en el pueblo durante los setenta, dado que requería mínimas instalaciones para su cultivo y su rendimiento económico era bastante aceptable. Uno de los cultivadores comenzó a producirlo con varios sacos de compost que le regaló un fabricante de este producto en Huarte-Pamplona, a partir de paja fermentada mezclada con abonos y esporas de champiñón. Más adelante, en vista de los resultados obtenidos, le adquirió algunos sacos más hasta conseguir una pequeña explotación destinada al consumo familiar, si bien los excedentes se vendían.
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En una pequeña bajera de una casa local se instalaron dos cuerpos de estantes metálicos sobre los que descansaban no más de cuarenta sacos de compost en plena producción. La bajera, muy sombría y húmeda, debía mantenerse a una temperatura de 16 a 18 °C, lo que se considera ideal para el desarrollo de los hongos. Debía cuidarse especialmente que no existiese madera, dado que el champiñón enseguida "se corre" a ella y enferma. Para obviar esta limitación las vigas del techo se recubrían con una lámina de polietileno.
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Adquirido el compost, se depositaba el saco sobre un estante y se iba enrollando dejando la mezcla al descubierto, sobre la que se extendía una capa de unos dos dedos de grueso, de arena de sílice mezclada con turba, que se pulverizaba todos los días con agua mediante una sulfatadora. Transcurridos unos veinte días afloraban los primeros champiñones, que se recogían una vez alcanzado el calibre deseado. Cuando había varios sacos en producción podía llegar a recolectarse todos los días ese sabroso hongo.
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Como cuidados especiales se requería desinfectar la bajera encalando las paredes, así como eliminar los mosquitos con un insecticida. Se decía que las mujeres con menstruación no debían penetrar en la bajera pues de hacerlo se secarían los champiñones.
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El compost tenía una vida limitada, decreciendo su fertilidad con el transcurso del tiempo, por lo que en las explotaciones comerciales recomendaban sustituirlo cada dos meses.
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En Obanos (N) en los años sesenta se generalizó la producción de champiñón. Muchas familias destinaron las bodegas a producirlo y dos familias se han dedicado a ello de forma industrial. Proporcionaban el compost o semilla a quienes lo cultivaban en sus casas y compraban y distribuían la producción de otros agricultores. Hoy solo se dedican a esta actividad quienes lo hacen de forma industrial.
  
  
 
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Revisión actual del 14:14 15 mar 2018

Incluimos aquí un apartado dedicado a los champiñones y otras setas cultivadas, ya que aunque no son propiamente vegetales su producción se ha considerado una actividad agrícola.

En Viana (N) hacia mediados del siglo XX algunas familias comenzaron a cultivar el champiñón en cantidades industriales para su venta. Al principio era un "artículo de lujo" y se empezó a poner en las antiguas y numerosas bodegas de la localidad en las que ya no se elaboraba el vino. Los dos primeros años proporcionaba una gran producción pero al cabo de ese tiempo bajaba mucho y por ello había que utilizar otras bodegas.

La semilla se compraba en Pamplona, pero al parecer procedía de Francia. Se utilizó como abono compost, lo mejor el fiemo de caballo y el carbonato que se traía de Pamplona. Se daba vuelta a la basura con una arpilla u horquillo de hierro. Cada cosecha requería tierra nueva; ahora la misma tierra bien abonada produce durante dos o tres temporadas.

Al principio, al disponer la tierra en el suelo, la recogida del producto resultaba incómoda, por lo que después se pasó a colocarla sobre caballetes y estanterías metálicas en pisos; el riego se hacía con jarriadera y después a motor con aspersores con manguera. La cosecha se recogía entre septiembre y julio.

Hacia la década de los años sesenta se fue abandonando el cultivo del champiñón en las bodegas del casco urbano por los problemas de baja producción, humedades y la dificultad de desinfectarlas con cal adecuadamente. Comenzaron a edificarse bodegas bajo tierra fuera de la población mucho mejor preparadas y más amplias y cómodas.

En estas fábricas se ha logrado un alto grado de mecanización con bandejas móviles y se utiliza, en parte, mano de obra inmigrante. Se alcanzó una producción aproximada de unos 150 000 kilogramos, que se vendía a la conservera local de Landaluce y a otras situadas en Logroño, Autol, Pradejón, Sartaguda, etc.

Desde finales del año 2001 ha perdido mucho este cultivo por los bajos precios y altas retribuciones de la mano de obra. Esta crisis se debe, asimismo, a la importación de champiñón polaco, ya que los Estados Unidos de América han dado vía libre a la entrada de champiñón chino. Como consecuencia se han cerrado algunas fábricas. En 2003 se dedicaron al cultivo del champiñón 10 000 metros cuadrados.

Además del champiñón, a partir de la década de los ochenta se comenzaron a cultivar por particulares setas tipo anguilera. Se compraban sacos de unos veinte kilogramos de compost (paja de trigo y gallinaza o excremento de gallina) preparados ya con las esporas. Además de estos pequeños cultivos para autoabastecimiento se producen setas destinadas a la venta en las nuevas bodegas industriales.

En San Martín de Unx (N) el cultivo del champiñón se extendió en el pueblo durante los setenta, dado que requería mínimas instalaciones para su cultivo y su rendimiento económico era bastante aceptable. Uno de los cultivadores comenzó a producirlo con varios sacos de compost que le regaló un fabricante de este producto en Huarte-Pamplona, a partir de paja fermentada mezclada con abonos y esporas de champiñón. Más adelante, en vista de los resultados obtenidos, le adquirió algunos sacos más hasta conseguir una pequeña explotación destinada al consumo familiar, si bien los excedentes se vendían.

En una pequeña bajera de una casa local se instalaron dos cuerpos de estantes metálicos sobre los que descansaban no más de cuarenta sacos de compost en plena producción. La bajera, muy sombría y húmeda, debía mantenerse a una temperatura de 16 a 18 °C, lo que se considera ideal para el desarrollo de los hongos. Debía cuidarse especialmente que no existiese madera, dado que el champiñón enseguida "se corre" a ella y enferma. Para obviar esta limitación las vigas del techo se recubrían con una lámina de polietileno.

Adquirido el compost, se depositaba el saco sobre un estante y se iba enrollando dejando la mezcla al descubierto, sobre la que se extendía una capa de unos dos dedos de grueso, de arena de sílice mezclada con turba, que se pulverizaba todos los días con agua mediante una sulfatadora. Transcurridos unos veinte días afloraban los primeros champiñones, que se recogían una vez alcanzado el calibre deseado. Cuando había varios sacos en producción podía llegar a recolectarse todos los días ese sabroso hongo.

Como cuidados especiales se requería desinfectar la bajera encalando las paredes, así como eliminar los mosquitos con un insecticida. Se decía que las mujeres con menstruación no debían penetrar en la bajera pues de hacerlo se secarían los champiñones.

El compost tenía una vida limitada, decreciendo su fertilidad con el transcurso del tiempo, por lo que en las explotaciones comerciales recomendaban sustituirlo cada dos meses.

En Obanos (N) en los años sesenta se generalizó la producción de champiñón. Muchas familias destinaron las bodegas a producirlo y dos familias se han dedicado a ello de forma industrial. Proporcionaban el compost o semilla a quienes lo cultivaban en sus casas y compraban y distribuían la producción de otros agricultores. Hoy solo se dedican a esta actividad quienes lo hacen de forma industrial.