Pesebres

De Atlas Etnográfico de Vasconia
Saltar a: navegación, buscar

Los primeros pesebres estaban fabricados con maderas y tablas, también con piedra o mediante una combinación de ambos materiales. Con el paso del tiempo comenzó a introducirse el hormigón, que en un principio aparecía junto a la madera y la piedra y que después acabó imponiéndose como el principal material para su construcción.

En Améscoa (N) a principios de siglo todos los pesebres se hacían con troncos de roble o haya que, una vez labrados para darles forma rectangular, se vaciaban con hacha y azuela. Los corrales destinados al ganado vacuno y caballar llevan pesebreras a todo lo largo de las paredes laterales. Cada una de éstas es un tronco largo, adecuadamente labrado y ahuecado. En la destinada al ganado caballar el vaciado es continuo, formando todo el tronco un solo pesebre. En la del vacuno va dividido en recipientes pequeños, un hueco para cada animal. En un corral de San Martín de Améscoa el tronco que hace de pesebrera para las vacas mide 7,50 m de largo, 0,40 m de ancho y 0,30 m de grueso. Cada uno de los huecos mide 0,75 m de largo, 0,33 m de ancho y 0,15 m de profundidad. La pesebrera va montada sobre tarugos de madera o piedras labradas a una altura de 0,45 m, con lo que el borde del pesebre viene a encontrarse a 0,75 m del suelo.

Ganbela-leioak, ventanas para echar la comida en el pesebre. Beasain (G), 1996. Fuente: José Zufiaurre, Grupos Etniker Euskalerria.

En Andoain (G) los comederos, ganbela o majadera, eran cajones de 1,13 m de largo, 0,73 de ancho y 0,38 de alto aproximadamente, en los que se daba de comer al ganado vacuno. Se hallaban montados sobre una especie de pared o poyo de medio metro de altura y cada cabeza de ganado tenía el suyo inpendiente.

En Lezaun (N) a la entrada del corral está el asca de los cochos, esto es, el pesebre donde comen. En tiempos pasados, habitualmente era un tronco vaciado, aunque también podía ser de piedra; en los últimos años es de cemento.

En Beasain (G) la pared divisoria entre el establo y el portal era de tablas. Había en ella cuatro o cinco ventanas con puerta corredera por las que se echaba la comida a los pesebres que estaban situados contra esta misma pared por el lado interior del establo. En el muro opuesto había otro comedero donde estaba el burro. Tanto éste como las vacas solían permanecer atados al suyo con una cadena sujeta al collar.

En Elosua (G) los pesebres, askak, y la ventana corredera, tresabia[1], que cerrada servía para aislar el ganado de la vivienda y abierta para darle de comer, se cerraban con tablas. En la década de los sesenta se modernizaron los establos y los pesebres pasaron a ser de cemento.

En Carranza (B) junto a una de las paredes de la cuadra se situaba el comedero, construido totalmente con madera. Éste se levantaba hincando varios postes en el suelo sobre los que se clavaban transversalmente los banzos, en los que se hacían los agujeros para pasar las cadenas con las que se ataba el ganado.

En Astigarraga (G) antiguamente los pesebres eran de acacia, pues esta madera resiste bien la orina de los animales. Normalmente los bueyes se emplazaban junto a las vacas y terneras pero en una esquina, con su correspondiente comedero y separados de las anteriores por un pequeño tabique a media altura. Hoy en día las terneras cuentan con un comedero alargado y no individualizado, que como en el caso de las vacas es de hormigón.

En Urkabustaiz (A) los pesebres del ganado mayor suelen estar junto a una pared y pueden ser corridos, pero no todos. Son de piedra y tablas gruesas.

En Moreda (A) se sitúan en el frontal de la cuadra y a su largo, y son de madera o de piedra.

En Apodaca (A) los del ganado mayor, bueyes y vacas, se encuentran en un muro lateral de la cuadra. Hasta mediados de siglo consistieron en una pared corrida de 80 cm de alto por 60 cm de fondo con una madera al borde y compartimentos de 80 cm de anchura. Las yeguas, que habitualmente estaban en una cuadra separada, tenían un pesebre de madera por toda la pared. Cuando se reformaron las cuadras en los años sesenta se hicieron de ladrillo revocado con forma de V.

En Triano (B) solían ser del mismo material que los muros de la casa, de cantos rodados o de trozos de cayuela y arenisca.

En Sangüesa (N) una pesebrera de obra recorría el establo a lo largo de un flanco y estaba compartimentada en varios espacios, uno para cada caballería.

En Allo (N) se elevaban como a metro y medio del suelo para comodidad de los animales y estaban construidos con cemento o yeso. Si eran de cemento tenían el borde superior redondeado y si lo eran de yeso llevaban una arista de madera también redondeada. Unas veces el pesebre era corrido y otras estaba dividido en compartimentos. Era usual que estuvieran pegados a una pared, excepto los de los bueyes y vacas de labor, que eran especiales ya que estaban construidos en el centro de la cuadra y en ellos se colocaban los animales de suerte que pudieran ver de frente al dueño cuando se acercaba con el pienso, pues de lo contrario podían espantarse y propinarle una coz o pernada. En algunos corrales había un comedero más bajo para el burro.

En Eugi (N) el pesebre, ganbela, era de cemento y madera. Para beber había tantos pozos como vacas. También había una cadena para atarlas.

En Urduliz (B) en el lugar correspondiente al ganado vacuno había uno corrido, estramiñea, de ladrillo y cemento.

En Valderejo (A) existían en los establos diferentes departamentos, generalmente comunicados por un pasillo central, en los que se alojaban las diversas especies de animales. Tales compartimentos disponían de pesebres que eran fijos, de madera y cemento, en el caso de los bueyes, vacas, caballos y cerdos. Los de las ovejas y cabras eran de madera y colgantes.

Establo con acceso directo a los pesebres. Ezkio (G), 1996. Fuente: José Zufiaurre, Grupos Etniker Euskalerria.

En Abadiano (B) el mayor espacio en la cuadra lo ocupan las vacas y sus pesebres de piedra u hormigón.

En Zamudio (B) hoy en día son de cemento si bien ha habido cuadras cuyos comederos, askak, eran de madera.

En Treviño (A) el comedero es corrido y adosado al muro, a una altura de un metro aproximadamente. Puede ser continuo o separado para cada res mediante una pared.

En Valdegovía (A) el pesebre para los caballos y yeguas es más alto que el utilizado para el ganado vacuno. Dispone a veces de un sistema para el agua. Los pesebres para las ovejas y cabras son de madera y van sujetos al techo.

En Ultzama (N) en el lugar destinado a las vacas, beitogia, había uno largo que tenía tantos pozos como vacas y con una cadena para cada animal.

En Roncal (N) las cuadras con sus comederas estaban en la planta baja de la casa.

En Agurain (A) hoy en día entre los pesebres y la pared del establo queda un pasillo que facilita el reparto del pienso a cada uno de los animales.

En Bernedo (A) a las ovejas y cabras se les echaba el pienso en el cazarro, un pesebre que se colgaba para evitar que lo tirasen; presentaba dos espacios, uno para el grano y otro para el forraje.

También en Moreda (A) cuelgan del techo de la cuadra las canales de madera que sirven para dar de comer a cabras y ovejas.

En Urkabustaiz (A) los comederos de las ovejas, denominados tolvas, están situados en los lados y en el centro del recinto y se cuelgan del techo. Si la cuadra es muy grande colocan uno largo y luego otro pequeño.

Sujeción de los animales a los pesebres

Es común y así se ha constatado en nuestras encuestas de campo, que en la cuadra el ganado vacuno esté sujeto mediante una cadena de hierro que va del cuello del animal a una argolla fijada al pesebre. La cadena suele ser lo suficientemente larga como para que le permita comer y permanecer de pie o tumbado (Apodaca, Berganzo, Bernedo, Ribera Alta, Urkabustaiz, Valdegovía, Valderejo-A; Abadiano, Carranza, Fruiz, Orozko, Zeanuri, Urduliz-B; Berastegi, Elgoibar, Elosua, Ezkio, Getaria, Oñati, Telleriarte-G; Arraioz, Izal, Mélida, Roncal, San Martín de Unx-N). En ocasiones la cadena estaba unida a un aro giratorio que se encontraba en la parte baja del pesebre (Elgoibar-G; San Martín de Unx-N).

También, aunque en menor medida, se ha constatado la utilización de sogas con la misma finalidad (Zeanuri-B; Getaria-G; Aoiz, Lezaun, Roncal-N). En esta última localidad, en tiempos pasados, para que no se pegaran entre ellas, la soga se ataba de los cuernos de la vaca al pesebre, dejando dos metros de distancia entre una y otra. En Urkabustaiz (A) cuando tenían un toro que embestía, «de los que tiran a amochar», se le ataba con un cordel por la testuz, debajo de la cornamenta. A veces el empleo de cadena y soga ha sido complementario, sobre todo cuando la cadena no era muy consistente (Abadiano, Zeanuri-B).

Pesebre colgante para ovejas. Codés (N), 1998. Fuente: David Mariezkurrena, Grupos Etniker Euskalerria.

En algunas localidades se ha recogido que tanto para el ganado vacuno como para el caballar se usaba un collar de cuero con una argolla por donde pasaba la cadena de hierro (Agurain, Berganzo-A; Elgoibar-G).

Para sujetar el ganado equino se han utilizado la cadena de hierro (Bernedo, Ribera Alta-A; Ezkio, Getaria, Telleriarte-G; San Martín de Unx-N) y la soga (ronzal o ramal) (Bernedo, Treviño-A; Carranza, Urduliz-B; Ezkio, Getaria-G; Roncal, donde las yeguas se ataban separadas ya que se mordían unas a otras cuando iban a comer pienso, y San Martín de Unx-N). En esta última localidad, ya fuera con la cadena o con la cuerda, se empleaba un giratorio, al objeto de que al moverse no se estrangulara el animal. El ganado caballar también se ata con las correas de cuero como complemento de la cabezada.

En Apodaca (A) cada departamento o pesebre llevaba en el centro de la madera una argolla de hierro de donde colgaba la cadena para amarrar el ganado. Se pasaba ésta alrededor del pescuezo del animal y la barrita en forma de T de la cadena se trababa en un aro con lo que el animal quedaba amarrado. Las yeguas solían permanecer sueltas en otra cuadra pero si alguna se dejaba en la de los bueyes se ataba con cabezal.

En Moreda (A) los pesebres poseían un agujero por donde pasaba la cadena con la que se ataba al animal. Se dejaba la suficiente holgura para permitirle tumbarse y levantarse sin problemas. En los de las caballerías sobresalían herraduras hincadas en la pared que servían para atarlas.

En Urkabustaiz (A) el pesebre lleva una argolla de la que cuelga la cadena con la que se sujeta al animal por el cuello. Los novillos se atan juntos si trabajan juntos y en la posición adecuada. Las yeguas pueden estar amarradas aunque lo más frecuente es que permanezcan sueltas. En Treviño (A) en el comedero hay argollas de hierro en las que se sujetan con cadenas los animales.

En Carranza (B) el ganado caballar se ataba en la cuadra con un collar de cuerda o del cabestro a un aro colocado en la pared encima del pesebre; se les dejaba bastante ramal con la finalidad de que pudieran tumbarse en el suelo.

En Abanto, Galdames, Muskiz y Zierbena (B) los hierros de los banzos y tablones de madera del pesebre sirven de punto de fijación para las cadenas con las que son amarrados los animales.

En Urduliz (B) ataban las vacas con cadenas a unas estacas de madera de igual altura que los animales, teniendo cada uno la suya propia. También lo hacían a unas argollas que salían del pesebre mismo.

En Ezkio (G) la única ocasión en la que solía estar el caballo en el establo era para cubrir a las yeguas, en tal caso para amarrarlos se usaba el cabestro y la cadena. En Berastegi (G) los animales se ataban con cadenas, cada uno a una argolla.

En Allo (N) los caballos, yeguas, machos, mulas y burros se sujetaban con un ramal a una estaca de madera que había incrustada en la pared, algo más arriba del pesebre. Los de los bueyes, en cambio, tenían fijada una anilla de acero y atada a ésta una cadena del mismo metal. Cuando llegaban los bueyes al corral, al final del día, se les ataba la cadena al cuello.

En San Martín de Unx (N) las caballerías se atan con un dogal o collar de cuerda, o bien con una cadena de vaca. En un corral de San Martín de Améscoa (N), un agujero taladrado en el borde de cada pesebre sirve para sujetar la cadena de hierro que sujeta al animal por el pescuezo.

Atado al pesebre con cadenas. Urduliz (B), 2000. Fuente: Akaitze Kamiruaga (Mikel Martínez), Grupos Etniker Euskalerria.

Es común que en la fachada exterior de las casas y también en alguna dependencia interior como el establo, haya argollas de hierro, ganchos o herraduras incrustados en las juntas de los sillares de piedra o en la pared. Sirven para atar en ellos la soga o el ramal que pende del cuello de los caballos, mulas, machos y burros. Su finalidad ordinaria y principal era que el animal estuviera sujeto mientras se procedía a la descarga de los productos que acarreaba del campo y para desaparejarlo. Posteriormente se le conducía a la cuadra o al lugar que correspondiera. También se le ataba al salir al campo para aparejarlo. Aunque en muchas casas hayan dejado de tener estos animales, siguen conservando estos ganchos clavados en sus muros exteriores (Moreda-A; Carranza, Orozko, Zeanuri-B; Aoiz, Sangüesa-N).

Barreras o parrillas

En Bernedo (A) sobre el pesebre se colocaban las barreras, especie de escalera de palos anchos sobre la que se echaba el heno y la hierba fresca. Evitaba que el ganado desparramara la comida por la cuadra.

En Urkabustaiz (A) algunos añaden a los comederos las barrerillas para impedir que los animales tiren la hierba al suelo.

En Abanto, Galdames, Muskiz y Zierbena (B) encima de los pesebres suele haber pesebreras o teleras, consistentes en un entramado de varas fijado a la pared, con una inclinación entre 30 y 45 grados, que permite depositar en él el forraje para que el ganado lo vaya comiendo de forma racionada. El pienso se echa en el pesebre.

En Triano (B) sigue existiendo la telera, co medero hecho con várago o listones de madera, donde se introducía la hierba o paja. En el pesebre, que se apoyaba sobre el suelo, se echaban los productos como nabos, trigo, cebada, avena y pan.

En Sangüesa (N) sobre la pesebrera se instalaba la escalera, consistente en un entramado de madera colocado en plano inclinado en cuyo interior se echaba la alfalfa para ser mejor aprovechada por la caballería.

En Eugi (N) la parrilla, mantxadera, era una especie de escalera de madera donde se les ponía la hierba a las vacas.

En Lezaun (N) encima de la pesebrera había una escalera horizontal llamada mancharda en la que se echaba el forraje para que lo comieran poco a poco.

En Ultzama (N) para hacer una buena parrilla, segalera, se elegían dos troncos. Había que agujerearlos y partirlos después por la mitad con tronzadores, arpanez. Para completarla se seleccionaban unos palos bonitos para meterlos en los orificios, haciendo un artilugio semejante a una escalera. Aquí se le ponía al ganado la hierba seca; el resto de las comidas, en el pesebre.

En Arraioz (N) los establos antiguos tenían comederos, ganbela, de madera que se completaban con una especie de entramado de palos, a modo de escalera, donde se echaba la hierba para que el ganado fuera consumiéndola poco a poco. Recibía el nombre de segalera.

En Urduliz (B) a partir de los setenta comenzaron a usarse unas parrillas de hierro, parrillea, que se colgaban de la pared, justo encima de las vacas. Allí se les ponía la hierba para que la comieran en pequeñas cantidades ya que cuando la tomaban directamente del pesebre se desperdiciaba mucha al tirarla al suelo.

También se ha constatado el uso de este artilugio en las poblaciones de Moreda (A), Allo y San Martín de Unx (N).

Pesebres para ovejas en un establo moderno. Olaberria (G), 1997. Fuente: José Zufiaurre, Grupos Etniker Euskalerria.

Pajera

El pajar, lugar donde se almacenaba la paja o la hierba seca, se encontraba por lo general en la vertical de la cuadra. A menudo estaba comunicado con la misma mediante una trampilla por la que se echaba la paja directamente sin tener que cargarla.

En Apodaca (A) en un rincón de la cuadra cerca de la escalera del pajar estaba la pajareta; era un cuadrado de 3 ó 4 m, cerrado de tabla. Por un hueco se echaba la paja tanto para camas como para forraje.

En Urkabustaiz (A) la pajareta se encuentra en una esquina de la cuadra y consiste en un agujero que conecta el pajar con ésta por el que se tira la paja o la hierba que luego se da de comer al animal o se utiliza como cama.

En Valderejo (A) en la planta situada sobre la vivienda propiamente dicha se depositaba la paja y la hierba, que se hacían pasar hasta la cuadra a través de un hueco denominado pajera.

En Lezaun (N) la pajera que está a la entrada comunica por medio de un agujero con el pajar.

En Améscoa (N) en todas las casas el corral se comunica con el pajar, situado en el piso o en el desván, mediante un encajonado de tablas por cuyo hueco se vertía la paja que venía a caer en un recinto pequeño llamado pajera.

En Allo (N) en un rincón de la cuadra estaba la pajera, que era un reducido espacio cercado con ladrillos lucidos de yeso, en donde se almacenaba la paja. Ésta se echaba desde el pajar a través de un ventanillo o trampa practicado en el techo de la cuadra. Con la pajera llena tenían para el consumo de varios días.

En Ultzama (N) desde el pajar al establo había un conducto llamado kupua. Al abrirlo se echaba por allí la hierba y se cerraba con una trampa desde la parte de arriba. El lugar donde cae la hierba también tomaba el nombre de kupua.

En Eugi (N) desde el pajar hasta el beitegi, lugar donde estaban las vacas, había un canal de madera. A éste y al hueco desde donde caía la hierba se le llamaba kortxila.

En las casas más recientemente construidas en Ataun (G), cuando se realizó la encuesta en los años veinte, la cuadra y el desván se comunicaban por medio de un tubo ancho, kajea, hecho con tablas. Este sistema se estaba adoptando en todas las casas desde hacía diez años y por él descendían la paja y el heno desde el desván.

Comunicación del establo con el pajar. Urduliz (B), 2000. Fuente: Akaitze Kamiruaga (Mikel Martínez), Grupos Etniker Euskalerria.

En Urduliz (B) justo encima del establo solía estar el pajar, lastegia, al que se accedía por una escalera desde la misma cuadra. En él se guardaba la hierba seca para el invierno, primeramente suelta y a partir de los sesenta enfardada. En el suelo del pajar había una abertura por la que se subían los fardos con una polea; para bajarlos se lanzaban directamente a la cuadra.

En Fruiz (B) la cuadra, situado en la parte trasera del caserío, ocupaba prácticamente la mitad de la planta, formando una misma unidad con la parte superior o pajar, lasteia, lastateia.

En Amorebieta-Etxano (B) encima del establo se encontraba el pajar donde se almacenaba la hierba seca o la paja para alimentar al ganado.

En Apodaca (A) en uno de los lados de la cuadra, a la entrada, había unos pequeños graneros de cemento para evitar la entrada de ratones, donde se almacenaban la harina, el grano y el salvado o remoquel.

En Urkabustaiz (A) los graneros más antiguos, de madera, se situaban en el portal. De esta forma se pretendía mantenerlos limpios y evitar que entrasen ratones u otros animales. Más tarde se comenzaron a fabricar con cemento.

En Astigarraga (G), en ocasiones, los silos también se han solido situar en el establo, separados de áquel por un muro y con forma cóncava al exterior. Suele ser un espacio no muy grande, pero sí alto, para almacenar la hierba.


 
  1. Estacada que se fija delante del pesebre para que los animales no puedan adelantar la cabeza. Vide Resurrección M.ª de AZKUE. Diccionario vasco-español-francés. Bilbao, 1996.